Cuando el juego deja de ser juego y se transforma en adicción peligrosa

EDITORIAL

Durante generaciones, el juego ha sido considerado una parte natural del crecimiento infantil. Jugar estimula la imaginación, favorece la socialización y contribuye al desarrollo emocional. Sin embargo, en los últimos años ha comenzado a manifestarse con mayor frecuencia un fenómeno preocupante: el límite entre el entretenimiento y la adicción se vuelve cada vez más difuso, dando lugar a casos de ludopatía en niños y adolescentes.

La ludopatía, definida por la Real Academia Española como una "adicción patológica a los juegos electrónicos o de azar", es reconocida como una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud. Aunque históricamente se la asociaba a adultos vinculados a las apuestas, hoy el problema también aparece en edades cada vez más tempranas, impulsado en gran medida por el acceso permanente a videojuegos y plataformas digitales.

Los especialistas advierten que uno de los rasgos característicos de esta conducta es la pérdida progresiva del control sobre el tiempo dedicado al juego. El niño comienza destinando algunos momentos de ocio a esta actividad, pero gradualmente aumenta la frecuencia y la intensidad de la exposición. En muchos casos, incluso cuando intenta reducir el tiempo frente a la pantalla, fracasa en ese intento.

La situación se agrava cuando el juego se transforma en un mecanismo para evadir conflictos, frustraciones o carencias emocionales. En ese contexto aparecen comportamientos que deben encender señales de alerta: irritabilidad, nerviosismo, ansiedad, alteraciones del sueño o del apetito, descenso del rendimiento escolar y aislamiento social. El niño deja de compartir actividades con amigos o familiares y comienza a organizar su rutina en torno al juego.

Es importante distinguir, sin embargo, entre el gusto saludable por jugar y una conducta adictiva. Un niño que disfruta de los videojuegos pero mantiene sus responsabilidades escolares, respeta las normas del hogar y acepta los límites de tiempo impuestos por los adultos no necesariamente enfrenta un problema. En la ludopatía, en cambio, aparece la desobediencia, el engaño para ocultar el tiempo de juego e incluso reacciones hostiles cuando se intenta establecer restricciones.

Algunos especialistas señalan que ciertos factores pueden aumentar la vulnerabilidad frente a esta problemática. Entre ellos se mencionan el déficit atencional no tratado, la impulsividad, la falta de habilidades sociales y entornos familiares con dinámicas conflictivas. En estos casos, el juego puede convertirse en una vía de escape que termina profundizando las dificultades existentes.

Frente a este escenario, la intervención temprana resulta fundamental. El tratamiento suele incluir psicoterapia individual, con la participación activa de los padres y del entorno cercano del menor. En situaciones más complejas puede ser necesaria la intervención de especialistas en psiquiatría infanto-juvenil y, eventualmente, el uso de medicación.

Más allá de los abordajes clínicos, la prevención comienza en el ámbito familiar. Establecer límites claros, promover actividades deportivas o recreativas fuera de la pantalla y mantener una comunicación abierta con los hijos son herramientas esenciales para evitar que el juego deje de ser una forma de diversión y se convierta en una dependencia.

En una sociedad cada vez más digitalizada, comprender los riesgos del uso excesivo de videojuegos y apuestas online es una responsabilidad compartida entre familias, educadores y autoridades. Porque cuando el juego deja de ser juego, lo que está en riesgo es el desarrollo integral de los más jóvenes.

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