18 de octubre de 2026 - 04:00

El Milei que duda

Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista

El presidente Javier Milei está enojado como lo estuvo siempre, pero esta vez lo está principalmente porque las cosas no le vienen saliendo como él quiere en lo que considera su fuerte: la economía.

No puede creer que luego de 35 meses de gobierno la inflación siga en más de un 30% anual habiendo aplicado desde el primer día que asumió la totalidad de su receta monetarista que dice que con superávit y sin emisión la inflación desaparece, y si sobrevive algo por unos pocos meses más, es por secuelas de la anterior. Pero las secuelas no pueden durar 35 meses de gestión económica monetarista a rajatabla como la que aplicó (con brutal devaluación incluida).

Las causas exclusivamente monetaristas de la inflación es lo que predicó sin solución de continuidad durante meses y hasta años antes de ser presidente. Y al serlo las ejecutó sin gradualismo alguno. Sin embargo, fueron más rápidos y más exitosos en derrotar la inflación Menem-Cavallo y luego Duhalde-Kirchner, ambos dúos con ideas muy diferentes a las de Milei-Caputo.

Pero la novedad es que, frente a estas malas noticias económicas, Milei no sólo acusa a los demás de ser los culpables como hace siempre, sino que por primera vez le han asaltado algunas dudas de si no estará él haciendo algo mal. Y esa actitud, es una personalidad dogmática, es un hecho que merece valorarse debidamente.

Son precisamente esas dudas incipientes los que lo llevaron en este mes de octubre a escuchar voces que sostienen ideas parcialmente disidentes.

Alberto Ades es un economista argentino radicado en Estados Unidos que se hizo amigo de Milei y lo ha defendido en muchos artículos. Sin embargo, lo que dijo en Argentina fue lapidario en lo referido a la política económica del dúo Milei-Caputo. Textualmente afirmó que "la política monetaria no se entiende. Bajar la inflación de 300 a 30 con superávit fiscal es relativamente sencillo, pero pasar de 30 a 3 exige una institucionalidad y claridad monetaria que hoy el mercado no ve".

Milei mandó al infierno a prácticamente la totalidad de los economistas liberales serios de la Argentina que le dijeron algo parecido. No obstante, a Ades lo invitó a una reunión de gabinete, lo que muchos consideraron como una advertencia para el ministro de Economía, Luis Caputo. No para reemplazarlo, sino para insinuarle indirectamente que algo no está andando bien.

Un par de días después de lo de Ades, llamó a Patricia Bullrich a la cual escuchó durante un par de horas. La senadora, desde el affaire Adorni, le viene diciendo casi sin pelos en la lengua, todo aquello en lo que el presidente se está equivocando, particularmente en política.

Se otorgó por estos días, el premio Nobel de Economía a dos economistas neokeynesianos Robert E. Hall y Michael Woodford que fueron reconocidos por la Academia sueca, sobre todo por "los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica aportados a la ciencia económica". Además, estos dos economistas, en sus teorías, le dan tanta importancia para bajar la inflación a las cuestiones monetarias como a las expectativas que la sociedad y las personas hacen acerca de su futuro. O sea, cuestiones psicológicas, no meramente economicistas.

Pero, para sorpresa de muchos, a estos dos economistas que defienden casi todo lo que Milei niega, los trató con respeto y dijo que sus ideas no eran contradictorias con las suyas.

En fin, algo extraño debe estar pasando por la mente del presidente argentino para que escuche y valore ideas que no confirman sus prejuicios dogmáticos.

Javier Milei nunca dudó más que ahora, porque las cosas en economía no le salen como él esperaba. Y estar dudando es algo extraño en un hombre que carece de la capacidad de la duda. Pero claramente benéfico para él y para todos. Javier Milei nunca dudó más que ahora, porque las cosas en economía no le salen como él esperaba. Y estar dudando es algo extraño en un hombre que carece de la capacidad de la duda. Pero claramente benéfico para él y para todos.

Milei sabe que, por ahora, si no surge una opción competitiva racional y si la sociedad no decide volver atrás, con una buena campaña política y con algún apoyo internacional es difícil que pierda su reelección.

Sin embargo, a la vez, nunca dudó más que ahora, porque las cosas en economía no le salen como él esperaba. Y estar dudando es algo extraño en un hombre que carece de la capacidad de la duda. Pero es algo claramente benéfico para él y para todos.

Aunque es esencial aclarar que Milei cuando duda jamás duda de la certeza de ninguno de sus postulados (puede aceptar eventualmente algún error táctico, pero jamás uno conceptual, aunque el precepto que sostenga hoy contradiga al que sostenía ayer), sino que le echa la culpa a la realidad. Para él cuando hay contradicción entre su pensamiento y la realidad la que está equivocada es la realidad. Eso es parte de la estructura de su personalidad. Y no parece ser modificable. Sin embargo, por las razones que sea, sus dudas deberían servirle, cuando menos, para seguir escuchando a los sensatos (algo posible) y para dejar de creerse un superhombre (algo ya mucho menos posible).

Porque en muchas cosas Milei deberá reinventarse, puesto que no le alcanzará con ganar el año que viene solo porque no tenga con quien competir. Si pretende tener un segundo buen gobierno, deberá cambiar mucho. Difícilmente se podrá cambiar a sí mismo en lo profundo de su ser, pero hay muchas otras cosas que se pueden cambiar especialmente si fortalece su faz sensata, la de escuchar voces distintas, voces que, en estos 35 meses, salvo en el último mes y solo con algunos, se dedicó a desdeñar, despreciar e insultar.

Hay muchos agujeros negros en su dogma económico. La realidad crudamente lo está demostrando. Y él de algún modo lo está empezando a intuir, aunque siga sin entender las razones. En ese sentido, dudar, para Milei, jamás es un defecto y siempre una virtud. Es un enorme remedio contra la omnipotencia.

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