El olivo, patrimonio de la humanidad que merece ser preservado de toda catástrofe

La decisión de incorporar al olivo en la denominada "Arca de Noé" de las semillas constituye mucho más q

La decisión de incorporar al olivo en la denominada "Arca de Noé" de las semillas constituye mucho más que un gesto científico simbólico. Representa un reconocimiento global al valor alimentario, económico y cultural de uno de los cultivos más antiguos de la humanidad. Desde hace algunos meses, este árbol emblemático forma parte de la reserva genética más importante del planeta, la Bóveda Global de Semillas ubicada en el archipiélago noruego de Svalbard, diseñada para garantizar la supervivencia de especies agrícolas ante eventuales catástrofes naturales, conflictos bélicos o los efectos extremos del cambio climático.

Esta instalación, enterrada a 120 metros en el interior de una montaña helada y protegida por paredes de hormigón de un metro de grosor, alberga actualmente 1,37 millones de muestras correspondientes a más de 6.500 cultivos del mundo. Su misión es clara: preservar la diversidad genética necesaria para asegurar la alimentación humana en escenarios adversos. En ese contexto, la incorporación de mil muestras de olivo recolectadas por las universidades españolas de Córdoba y Granada adquiere una dimensión estratégica.

El proyecto, respaldado por el Consejo Oleícola Internacional (COI), busca garantizar que las futuras generaciones puedan seguir contando con el aceite de oliva, considerado la grasa vegetal de mayor calidad nutricional. La clave radica en la diversidad genética. Sin ella, resulta imposible desarrollar nuevas variedades capaces de resistir sequías prolongadas, plagas emergentes o cambios bruscos de temperatura, desafíos cada vez más frecuentes en un planeta sometido a transformaciones climáticas aceleradas.

Lo relevante es que el olivo no pertenece exclusivamente al Mediterráneo. Su expansión hacia otros continentes demuestra su capacidad de adaptación y su importancia económica global. En el Hemisferio Sur, Argentina ha consolidado una posición destacada, particularmente en la región de Cuyo y en provincias como San Juan, donde el cultivo forma parte de la identidad productiva y del desarrollo agroindustrial regional.

Las muestras depositadas en Svalbard incluyen variedades autóctonas de países miembros del COI -entre ellos Argentina- además de linajes silvestres españoles, lo que refuerza el carácter internacional de esta iniciativa. La participación argentina no es menor. Desde su reincorporación al organismo en 2009, el país ha fortalecido estándares de calidad y exportación que hoy lo ubican como el sexto exportador mundial de aceite de oliva.

La preservación del olivo en esta bóveda ártica invita también a una reflexión local. Si el mundo protege genéticamente este cultivo pensando en el futuro de la humanidad, resulta imprescindible que los países productores profundicen políticas de investigación, innovación y sostenibilidad que aseguren su continuidad.

Porque conservar semillas no solo implica prevenir tragedias futuras. Significa reconocer que ciertos cultivos, como el olivo, forman parte del patrimonio alimentario común y del equilibrio productivo que las próximas generaciones necesitarán para sobrevivir.

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