Por Miriam Fonseca - Escritora
Por Miriam Fonseca - Escritora
Existe un cuento que todos deberían conocer, escrito por Hans Christian Andersen, llamado "El traje nuevo del emperador". Define con una precisión asombrosa lo que nos pasa hoy.
La historia trata sobre un Rey engañado por estafadores que le prometieron fabricar una tela mágica que solo la gente inteligente y capaz podía verla. Si alguien era un tonto o no servía para su cargo, no vería nada.
El Rey nunca vio un traje, pero mintió para no parecer idiota frente a los demás. Sin embargo, lo más fascinante del relato es el papel de sus cortesanos. Ellos, que veían la desnudez del monarca, compitieron entre sí para ver quién elogiaba más la seda invisible. No lo hacían por lealtad, sino por el terror absoluto a ser señalados como incapaces o a quedar fuera del banquete real. Mintieron para sobrevivir al juicio del grupo.
Hoy vivimos ese desfile. En las pantallas nos venden un "traje" de éxito y bienestar, pero cuando el ciudadano camina por su calle, se encuentra con la desnudez de la realidad del abandono, la falta de gestión y las promesas rotas.
Lo inquietante es observar a los cortesanos modernos. Son aquellos adeptos y militantes que, sabiendo que el traje no existe, salen a las redes sociales a defender la vestimenta invisible del poder. Han convertido la obsecuencia en un oficio. Cuando un vecino actúa como el niño del cuento y grita que las cosas están mal, el cortesano no responde con soluciones; responde con el insulto, la burla o el ataque personal.
¿Cómo se sostiene esa mentira en la intimidad? No hace falta ser un experto para entender que vivir así tiene un precio humano muy alto. El cortesano que miente para proteger su lugar pierde, poco a poco, su propia voz y su paz. Sostener un relato que choca con lo que sus propios hijos ven en la calle termina por quebrar la integridad de cualquiera. Están criando a sus familias en la cultura del cinismo, enseñándoles que es mejor aplaudir una falsedad que tener el valor de ser honestos.
Alguien tiene que tener la valentía de ese niño y recordar que la realidad no se puede tapar con propaganda. No se trata de agredir, sino de recuperar la decencia. Una gestión que necesita de cortesanos agresivos para ocultar su desnudez es una gestión que, como el Rey del cuento, ya se ha quedado sin ropa a la vista de todos.
Para reflexionar sobre este tema, pueden buscar en YouTube: "El traje del emperador: una reflexión sobre la salud y las creencias". Un video que nos invita a pensar por qué nos hace tanto daño vivir bajo el cristal de la mentira colectiva.