Por Fernando A. Ocampo Bravo - Analista Internacional
Por Fernando A. Ocampo Bravo - Analista Internacional
Según el documento, estas instalaciones tendrían un uso dual —civil y militar— y podrían servir para recopilar inteligencia y fortalecer las capacidades estratégicas del régimen asiático. La investigación identifica al menos once instalaciones espaciales asociadas a China en América Latina y menciona específicamente tres en territorio argentino: la Estación de Espacio Lejano en Neuquén, el Observatorio Astronómico Félix Aguilar en San Juan y la Estación Terrena de Río Gallegos, en Santa Cruz. También se consignan desarrollos en Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil.
Dañan nuestra soberanía territorial y, por ende, nuestra cultura grecolatina. El papel estratégico de las estaciones chinas en Argentina son estaciones terrestres que se han transformado en un elemento central de la infraestructura espacial de China. Gracias a estas instalaciones, el país puede controlar satélites en tiempo real, minimizar retrasos en la transmisión de datos y ampliar la cobertura geoespacial. Con ello, aumenta su capacidad para recolectar información a larga distancia y potencia la eficacia en operaciones militares de alta complejidad.
1. La base en la Patagonia, en Neuquén
Fue inaugurada en abril de 2018 y cuenta con una antena de 35 metros de diámetro que permite misiones de exploración del espacio profundo. La estación, presumiblemente destinada a fines científicos y de observación astronómica, es objeto de debate debido a la posibilidad de que se realicen operaciones de vigilancia militar o espionaje, contraviniendo los acuerdos establecidos.
En ese contexto, el Gobierno de Javier Milei está evaluando llevar a cabo una revisión técnica de las instalaciones, cuyo análisis busca confirmar el cumplimiento de los términos del contrato firmado entre Argentina y China, que estipula que un 10% de los recursos de la base deben ser utilizados por el país sudamericano.
La instalación, que ocupa aproximadamente 200 hectáreas, fue concedida a China por 50 años y comenzó a construirse en 2014, bajo el mandato de Cristina Fernández de Kirchner.
El exembajador de EE.UU. en la Argentina, Marc Stanley, expuso sin matices esta preocupación de los EE.UU. por la base ubicada en Neuquén. "Me sorprende que la Argentina permita que las Fuerzas Armadas chinas operen en Neuquén, en secreto, haciendo quién sabe qué", afirmó. Y agregó: "Tengo entendido que se trata de soldados del ejército chino que operan este telescopio espacial, no sé lo que hacen, creo que los argentinos tampoco lo saben, y deberían entender por qué los chinos están desplegados allí".
La Base China de Neuquén son 200 hectáreas de soberanía argentina entregadas por 50 años.
En los últimos años, Pekín llevó a cabo ensayos con tecnología hipersónica —en 2021 y 2023— y en 2024 probó un misil balístico intercontinental con destino al Pacífico. Estos avances reflejan la consolidación de una red de teledetección que depende, en gran medida, de las estaciones terrestres para funcionar.
En este entramado cobra relevancia la estación espacial que China gestiona en la provincia de Neuquén, considerada un punto estratégico de la red global. Su importancia se evidenció en diciembre de 2020, cuando brindó apoyo en el seguimiento del retorno de la misión lunar Chang'e-5. La operación de reingreso fue posible gracias a los datos de telemetría y los cálculos orbitales suministrados por la base neuquina, que suplió la falta de infraestructura china en el exterior para ese tipo de tareas.
Aunque el propósito oficial de la estación es de carácter científico, distintos expertos remarcan que sus capacidades podrían tener un uso dual. La exactitud alcanzada en la determinación de trayectorias no solo resulta útil para misiones espaciales, sino también para el desarrollo de sistemas hipersónicos de ataque, lo que subraya el valor estratégico de esta instalación dentro de la proyección internacional de China.
Por otra parte, incluso antes de este respaldo, en la Casa Rosada ya analizaban la posibilidad de postergar la inauguración del Radiotelescopio Chino-Argentino (CART), una antena de gran porte proyectada en Calingasta, San Juan, cuya apertura estaba prevista para 2026.
La revisión de este plan responde a las advertencias del Comando Sur de Estados Unidos, que advirtió sobre el "posible uso dual del equipamiento y riesgos asociados al espionaje". El desarrollo del CART comenzó en 2015, como resultado de un trabajo conjunto entre el Conicet y organismos científicos chinos. El proyecto contempla la construcción de una antena de 40 metros de diámetro, con pruebas previstas hacia fines de 2025.
No obstante, desde el Gobierno señalaron que el presidente Javier Milei reclama garantías sobre su utilización con fines estrictamente científicos antes de renovar el convenio bilateral. Esa cautela se vincula también con las sospechas que en su momento rodearon a la estación espacial china en Neuquén.
En paralelo, la administración ya resolvió no avanzar con la central nuclear Atucha III, que iba a financiarse con capital chino. En su lugar, firmó un acuerdo para retomar las represas en Santa Cruz, aunque bajo condiciones modificadas.
El futuro del radiotelescopio en Calingasta todavía está en evaluación. Mientras tanto, el Ejecutivo pidió formalmente a Pekín detalles sobre su funcionamiento, los objetivos que persigue y el alcance real de la antena. La tecnología que se implantaría en San Juan permitiría generar datos de localización milimétrica de satélites, útiles para investigaciones científicas, pero también con aplicaciones potenciales en defensa antisatélite y advertencia estratégica. El reporte señala que estas capacidades podrían utilizarse para puntería precisa, guerra electrónica y monitoreo de amenazas en aire, mar y espacio.
Fue aprobada como instalación civil en 2021 tras un acuerdo entre la empresa argentina Ascentio Technologies y la firma china Emposat.
Sin embargo, el informe sostiene que Emposat mantiene vínculos con la Fuerza Aeroespacial del Ejército Popular chino. Además, advierte que la estación fue equipada con antenas aptas para comunicaciones seguras y eventuales operaciones de guerra electrónica. Una de ellas, según el documento, carece de especificaciones técnicas públicas, lo que incrementa las dudas sobre su función real.
China en veinte años le disputará los mares a EE.UU. La presencia china tiene consecuencias estratégicas, especialmente en el Cono Sur, donde puntos clave como el Estrecho de Magallanes y el Paso Drake podrían ser utilizados para proyectar poder, interrumpir el comercio o desafiar la soberanía regional.