9 de agosto de 2026 - 05:00

Los 39 días en que Scaloni y Messi presidieron el país

Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista

La consultora Reale Dalla Torre realizó una encuesta nacional entre el 24 y el 28 de julio (casi una semana después que finalizara el Mundial) donde, en uno de sus capítulos, estableció algunas correlaciones entre Scaloni, Mesi y la política argentina. Sus principales conclusiones fueron las siguientes:

El 81,8% de los argentinos tienen plena confianza en Scaloni y el 81,5% en Messi.

La pregunta central fue acerca de qué valores de los que representaron Scaloni y Messi en la selección, les gustaría ver en la política argentina. De lejos el más deseado fue el de "unir en vez de dividir". A esos le siguieron: "Esfuerzo y mérito", "Trabajo en equipo", "Orgullo y esperanza, no bronca" y "Humildad y perfil bajo".

Nuestros días felices

Durante el Mundial la atención casi exclusiva de la inmensa mayoría de los argentinos se concentró en la selección argentina de fútbol, quien, en esta ocasión, fue bastante más que un equipo deportivo. Por 39 días expresó, simbolizó lo mejor de la Argentina en casi todos sus aspectos. Y no principalmente por sus triunfos deportivos, sino por su comportamiento público. Messi fue el capitán ejemplar, cuya genialidad en su arte se dio la mano con la sencillez y humildad en sus actitudes de un modo difícil de ver en un astro de su magnitud. Y Scaloni convirtió, sin buscarlo ni quererlo, a sus conferencias de prensa en sustitutos de las cadenas nacionales presidenciales, porque sus declaraciones le hablaron al pueblo argentino como éste quería que le hablaran, representando lo mejor que tenemos, somos y queremos ser los argentinos.

Por eso fueron 39 días felices, en que cada festejo de un gol era una celebración colectiva donde cada argentino intuía, en su alegría, que el resto de sus connacionales estaban en ese momento festejando y sintiendo lo mismo que él. Además, todo lo que dijo Scaloni y todo lo que hizo Messi, en lo que se refiere a conductas públicas, fue la antípoda de lo que dice y hace la política argentina a través de casi todos sus referentes.

Durante todo el Mundial, Scaloni y Messi presidieron "culturalmente" a la Argentina con su comportamiento público ejemplar. Fueron nuestros días felices, porque nos tomamos un descanso en lo que se refiere a la grieta eterna, al grito desaforado, al insulto destemplado, a la desconfianza de todos contra todos, a la soberbia, a la falta de humildad. Durante todo el Mundial, Scaloni y Messi presidieron "culturalmente" a la Argentina con su comportamiento público ejemplar. Fueron nuestros días felices, porque nos tomamos un descanso en lo que se refiere a la grieta eterna, al grito desaforado, al insulto destemplado, a la desconfianza de todos contra todos, a la soberbia, a la falta de humildad.

Fueron nuestros días felices, porque nos tomamos un descanso en lo que se refiere a la grieta eterna, al grito desaforado, al insulto destemplado, a la desconfianza de todos contra todos, a la soberbia, a la falta de humildad. En suma, por 39 días los argentinos vivieron la Argentina que quieren vivir pero que nadie desde arriba -casta o no casta- se preocupa de que vivan. No de casualidad Messi y Scaloni son los dos líderes más confiables del país (y no sólo en el deporte, sino también en tanto hombres públicos) para más del 80% de los argentinos, algo que ningún político podría alcanzar ni en el mejor de sus sueños.

El fin de los días felices

Terminado el Mundial, el presidente Javier Milei, sabedor que las últimas secuelas del error gigantesco que cometió sosteniendo a Adorni en su cargo, ya habían quedado en el olvido, de inmediato inició lo que podría llamarse el operativo reelección, y para eso ocupó primero que nadie toda la agenda pública. Al principio, con bastante razonabilidad porque convocó a la unidad de todas las fuerzas más o menos afines y porque su principal iniciativa post-mundial fue la reforma de la carta orgánica del Banco Central, que apareció como la institucionalización de lo mejor de su gestión: la política macroeconómica.

Pero, lamentablemente, aun estando solo en el escenario, nuevamente lo perdió la boca. Dijo que a los que se endeudan para llegar a fin de mes nadie les pone una pistola en la cabeza. Una falta de sensibilidad absoluta. Y pronunció brutales insultos contra el presidente de Brasil en Brasil cuando fue a apoyar a Bolsonaro, el candidato de la oposición. Con lo cual generó la peor crisis diplomática con la nación que tenemos más relaciones comerciales que con cualquiera otra del mundo.

Así, junto con el fin del Mundial, desapareció nuevamente de la escena pública, todo lo que tuviera que ver con unir en vez de dividir o con la humildad y el perfil bajo, para reinstaurar la bronca, la grieta, el insulto y la división como las principales políticas de Estado. En el justo momento en que el envión del Mundial le ofreció a Milei la posibilidad de continuar con las actitudes públicas de Messi y Scaloni, convocando a la unión de todos los argentinos.

En mi opinión, creo que la mayoría del país (excepto sus enemigos políticos declarados) habrían aceptado el convite. Pero no pudo con su genio. Y, entonces, la alegría que tuvimos durante el breve interregno presidencial de Scaloni y Messi, nos dijo definitivamente adiós.

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