Hay estadísticas que no admiten demasiadas interpretaciones y que, por su gravedad, obligan a revisar lo que se está haciendo. En San Juan, la circulación vial ofrece una de esas señales de alarma: mientras disminuye la cantidad de siniestros, aumenta proporcionalmente la participación de los motociclistas entre las víctimas fatales.
En lo que va de 2026 se registraron 5.457 siniestros viales, frente a los 6.416 contabilizados durante el mismo período de 2025. Son 959 hechos menos, una reducción cercana al 15 por ciento. Sin embargo, esa mejora no se tradujo en una disminución de la mortalidad. Por el contrario, ya son 64 las personas fallecidas, dos más que durante todo el año pasado.
El dato más preocupante es que aproximadamente la mitad de esas víctimas circulaba en motocicleta. En 2025 representaban alrededor del 40 por ciento de los fallecidos y ahora se acercan al 50 por ciento. Es una proporción que obliga a mirar con particular atención la conducta de quienes utilizan estos vehículos y las condiciones en que lo hacen.
También resulta significativo el perfil etario. La mayor cantidad de víctimas se concentra entre los 20 y los 40 años, precisamente una etapa en la que hombres y mujeres desarrollan su mayor actividad laboral, construyen sus familias y consolidan sus proyectos personales. Cada muerte en ese segmento no sólo representa una tragedia familiar irreparable, sino también una pérdida social y económica de enorme dimensión.
La situación adquiere mayor relevancia si se considera que las motos tienen una presencia cada vez mayor en las calles sanjuaninas. Sólo en agosto se patentaron 1.166 unidades nuevas, contra 820 en igual mes de 2025. Son 346 motos más, un crecimiento interanual del 42,2 por ciento. Es lógico entonces que aumente su presencia en el tránsito, pero también resulta indispensable que esa expansión vaya acompañada por mayores niveles de responsabilidad y prevención.
La motocicleta ofrece movilidad, economía y practicidad, pero carece de la protección estructural de un automóvil. Una caída, una maniobra imprudente o una colisión a alta velocidad puede transformar en segundos un error de conducción en una tragedia.
Por eso, junto con los controles y las exigencias que se aplican al momento de obtener la licencia en EMICAR, resulta imprescindible profundizar una campaña permanente de educación vial destinada específicamente a los motociclistas.
No alcanza con tener menos choques. El verdadero objetivo debe ser que haya menos muertos. Y frente a estas cifras, San Juan no puede esperar otra estadística para actuar.