7 de octubre de 2026 - 04:00

Palabras que no levanten polvo

Por José Miguel Illanes Fernández- Oficina de Comunicación y Prensa del Arzobispado de San Juan de Cuyo

Los sanjuaninos conocemos bien al Zonda. Llega de golpe, caliente y seco, levanta polvo, enturbia el cielo y nos encierra en casa. Cuando por fin se calma, toca barrer, regar lo que quedó en pie y contar lo que se rompió.

Hay palabras que soplan igual. Aparecen sin aviso en un grupo de WhatsApp, en un comentario al pasar, en una discusión que empezó por cualquier cosa. Levantan polvo, resecan la confianza y, cuando el enojo se va, también dejan algo para barrer.

Pienso en eso ahora que se acerca la visita de León XIV a la Argentina. Del 8 al 11 de noviembre estará en Buenos Aires, Córdoba y Luján: será la primera vez que un Papa pise el país desde Juan Pablo II, en 1987. No pasará por San Juan. Habrá sanjuaninos que hagan cientos de kilómetros para verlo y muchos más que lo sigan por la tele, la radio o el celular. Pero hay algo de esta visita que puede llegar hasta acá sin necesidad de viajar: su manera de hablar.

Desde el primer día, León XIV eligió un tono. El 8 de mayo de 2025, cuando salió al balcón de San Pedro recién elegido, no presentó un programa ni lanzó una consigna. Dijo: "La paz esté con todos ustedes". Cuatro días después, frente a periodistas de todo el mundo, convirtió esa intuición en un pedido concreto: "Desarmemos las palabras y ayudaremos a desarmar la Tierra".

Desde entonces habla así: pausado, con textos pensados, sin estridencias. En un tiempo que premia al que grita más fuerte, eligió hablar más bajo para que se lo escuche mejor. Eso no lo volvió tibio. Cuando tuvo que hablar con firmeza sobre la guerra, los migrantes o la paz, lo hizo. Simplemente no confunde firmeza con agresividad.

¿Qué significa desarmar las palabras en una provincia como la nuestra? Me animo a proponer tres lugares para empezar.

El primero está en el bolsillo: el celular. Los grupos de la familia, del colegio de los chicos, del barrio, del club. Ahí se juega buena parte de nuestra convivencia cotidiana, y ahí también se reenvía sin leer, se ironiza sobre el que no está y se contesta en caliente. Desarmar las palabras puede empezar por algo tan simple como esperar un minuto antes de enviar, y preguntarse si lo que vamos a decir ayuda o solo descarga.

León XIV no pasará por San Juan, pero su manera de hablar puede quedarse a vivir acá. Una invitación a cuidar cómo nos hablamos mientras nos preparamos para recibirlo. León XIV no pasará por San Juan, pero su manera de hablar puede quedarse a vivir acá. Una invitación a cuidar cómo nos hablamos mientras nos preparamos para recibirlo.

El segundo es la conversación pública. San Juan tiene una ventaja que a veces olvidamos: acá, tarde o temprano, nos cruzamos. La persona que hoy insultamos en un comentario es la que mañana nos atiende en el almacén, la que espera a sus hijos en la misma puerta del colegio o la que se sienta dos filas adelante en misa. En su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, el Papa recordó que "el rostro y la voz son sagrados". En una provincia donde todos tenemos nombre y apellido, detrás de cada perfil hay una cara conocida. Discutir ideas con fuerza es sano; destruir a las personas, nunca.

El tercero nos toca a quienes tenemos un micrófono: periodistas, dirigentes, comunicadores. Existe la tentación de medir el éxito por el ruido que hacemos. León XIV propone otra vara: que cada palabra pese y que no haga falta repetirla para que se escuche. Una crítica constructiva hecha de frente y con datos, una entrevista que deja hablar o un texto bien fundado valen más que diez titulares escritos para enojar. La Iglesia también tiene que revisarse en esto: a veces hablamos mucho y escuchamos poco.

Los sanjuaninos sabemos, además, algo que a otros les cuesta aprender: lo que se rompe de golpe se reconstruye de a poco. Después del terremoto de 1944, esta ciudad se volvió a levantar ladrillo por ladrillo. Con la confianza pasa lo mismo. Se quiebra con una frase y se repara con muchos gestos pequeños, sostenidos en el tiempo. Por eso desarmar las palabras tampoco se logra en un día: es un trabajo paciente de reconstrucción.

Faltan pocas semanas para que el Papa llegue. Mientras se ultiman los viajes, los horarios y las vigilias, hay una preparación que no depende de ninguna comisión y que podemos empezar hoy mismo. Quizás esa sea la mejor manera de recibirlo desde San Juan: que cuando lo escuchemos decir otra vez "la paz esté con todos ustedes", la frase no nos tome por sorpresa, porque habremos empezado a decirla nosotros. En casa, en el grupo, en la calle. Aunque sople el Zonda.

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