28 de julio de 2026 - 05:00

Transformación digital: llegó la hora de regular la IA

Por Claudio Larrea -Director del Observatorio de Inteligencia Artificial – UCCuyo

Durante casi dos años el debate educativo giró alrededor de una pregunta equivocada: ¿hay que permitir o prohibir el uso de Inteligencia Artificial en las aulas? Mientras discutíamos esa falsa dicotomía, la inteligencia artificial se incorporó silenciosamente a la vida cotidiana de millones de estudiantes y docentes. Hoy la pregunta ya no es si debe usarse. La verdadera pregunta es quién establece las reglas para hacerlo.

La tecnología llegó antes que las normas.

Las universidades y las escuelas siempre regularon la calculadora, Internet, las citas bibliográficas, los exámenes presenciales, el plagio o la investigación con personas. Sin embargo, frente a la herramienta tecnológica más disruptiva de las últimas décadas, muchas instituciones todavía improvisan. Algunos docentes la prohíben. Otros la promueven sin límites. Y la mayoría simplemente no sabe qué hacer.

Lo preocupante no es que los estudiantes utilicen inteligencia artificial. Lo preocupante es que cada profesor tenga criterios diferentes y que una misma universidad pueda ofrecer respuestas completamente opuestas según el aula en la que uno ingrese.

Esa ausencia de reglas genera inseguridad para todos.

Toda institución educativa debería poder responder, al menos, cinco preguntas básicas. ¿Cuándo está permitido utilizar inteligencia artificial? ¿Cuándo debe declararse su uso? ¿Cómo se protege la autoría intelectual? ¿Cómo se verifica que la información generada sea correcta? ¿Quién asume la responsabilidad cuando la inteligencia artificial produce errores, sesgos o información falsa? Toda institución educativa debería poder responder, al menos, cinco preguntas básicas. ¿Cuándo está permitido utilizar inteligencia artificial? ¿Cuándo debe declararse su uso? ¿Cómo se protege la autoría intelectual? ¿Cómo se verifica que la información generada sea correcta? ¿Quién asume la responsabilidad cuando la inteligencia artificial produce errores, sesgos o información falsa?

Afortunadamente, comienzan a aparecer señales alentadoras. Universidades de todo el mundo, junto con organismos internacionales como la UNESCO y la Comisión Europea, están dejando atrás la etapa de la fascinación tecnológica para avanzar hacia marcos institucionales que promuevan un uso responsable de la inteligencia artificial. En Argentina, algunas universidades acaban de dar pasos importante al aprobar principios para orientar su utilización en la enseñanza, la investigación y la gestión universitaria. Estas normas no pretende frenar la innovación; busca algo mucho más inteligente: que la innovación tenga reglas.

Regular no significa prohibir.

Regular significa brindar certezas.

Si esas respuestas no existen, no hay política institucional. Hay improvisación.

Y la improvisación nunca fue una buena estrategia educativa.

Otro aspecto que merece atención es la formación docente. No alcanza con entregar licencias de plataformas o recomendar aplicaciones. La alfabetización en inteligencia artificial debe incluir competencias para verificar información, reconocer sesgos, proteger datos personales, preservar la integridad académica y fortalecer el pensamiento crítico. La IA no puede reemplazar el juicio humano; debe potenciarlo. Esa es la diferencia entre incorporar tecnología y transformar verdaderamente la educación.

También conviene abandonar otra idea equivocada: creer que estas normas buscan proteger a las máquinas. En realidad, protegen a las personas. Protegen al estudiante frente a evaluaciones injustas. Protegen al docente cuando incorpora nuevas herramientas con criterios claros. Protegen al investigador frente a problemas de autoría o transparencia. Y protegen a las propias instituciones, que deberán responder por las decisiones que adopten en esta nueva etapa.

La transformación digital no comienza cuando una universidad compra licencias de inteligencia artificial. Comienza cuando define cómo, para qué y bajo qué principios esa tecnología será utilizada. Porque la innovación sin reglas termina generando incertidumbre. Pero las reglas sin innovación conducen a la irrelevancia.

La inteligencia artificial ya entró en las aulas. Ahora llegó el momento de que entren también las normas. Solo así podremos asegurar que esta revolución tecnológica fortalezca la educación en lugar de debilitarla.

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