Hay un proceder de odio que está ahí, en continuo incremento, instando a la violencia, socavando la cohesión social y la tolerancia, vertiendo en nuestros interiores multitud de daños psicológicos, emocionales y físicos. Cuestiones que afectan no sólo a los individuos, sino también a las sociedades en general. Sólo hay que ver el desinterés de los unos por los otros. Por desgracia, su efecto devastador no es nuevo, pero quizás su impacto sea mayor, en parte debido a las nuevas tecnologías y sus redes sociales, lo que impide continuar en paz entre nosotros.
El contexto globalizado en el que nos movemos, por cierto cada día más desesperante, debería ayudarnos a comprender que todos estamos en esa ruta, ya sea real o virtual, que hemos de convenir con espíritu responsable. Engañarnos a nosotros mismos no tiene futuro ninguno; puesto que debemos caminar unidos para identificar, abordar y contrarrestar esas simientes de rencor, que nos están dejando sin fuerzas para continuar como seres hechos con amor.
Urge que cese el calvario que nos destruye como sociedad; una incoherencia prolongada engendra resentimiento, con difícil cura en el tiempo. Tenemos que regresar al corazón, intentar latir unidos, activar el abrazo permanente, y establecer una alianza contra toda desgano, pues son muchas las cosas que tenemos que reconstruir en conjunto y hacerlas valer. Por eso, es vital cultivar la fraternidad, tender puentes, sostenernos entre sí y saltar barreras que nos impiden los buenos sentimientos.
RECHAZAR LA ENEMISTAD
Consecuentemente, empecemos por rechazar cualquier tipo de enemistad, que active la desconfianza. Mal que nos pese, no podemos continuar bajo esta deriva. La gente ve cómo la inseguridad y otras calamidades obliga a huir de los hogares y del país a mucha gente joven. Ve también cómo los gobiernos propagan falsas promesas, y hasta los sistemas financieros cada día están más corrompidos; puesto que, prosiguen beneficiando a los ricos y castigando a los pobres.
En la actualidad, el discurso de enemistad ha llegado a un nivel tan propagador de mezquindades, que cuesta detener los inciviles instantes de contiendas y divisiones.
TODOS MERECEMOS RESPETO
En consecuencia, hoy más que nunca, es necesario mostrar sin agotarse, que toda existencia tiene en sí misma un valor que merece el respeto más absoluto y la consideración debida, independientemente de su orientación ideológica o política. Lo sustancial, es servirse de la creatividad y de las energías de cada uno, para difundir un proyecto de afecto y de concordia, dirigido a todos. Será buen propósito, por tanto, no dejar que se pase el día sin que se hayan apagado las rabias.
No perdamos un minuto más, en reconducirnos y en reconciliarnos. El tiempo apremia.
Por Víctor Corcoba Herrero
Escritor
