(Entrega 1)
En su despacho de presidente de Honor del Real Madrid, Alfredo di Stéfano, indiscutible gran leyenda de la historia del futbol mundial, me recibió para una entrevista de actualidad sobre aquel presente suyo en el club merengue, a mediados de los años 90. Los diarios españoles de vez en cuando lo llamaban “La Saeta Rubia”, apodo que llevó de su Argentina natal y que surgió a finales de los años 40 cuando jugaba para River Plate. No olvidaba Alfredo que el autor de esa denominación fue Roberto Neuberger un periodista creador de la revista “River”, considerada “la biblia de todos los riverplatenses” a lo largo de cuarenta y cinco años. Y lo de saeta y rubia tenía su explicación, ya que desde sus comienzos Di Stefano destacó por su juego rápido, su impresionante velocidad en la cancha y, precisamente, saeta es un arma arrojadiza, una flecha. Lo de rubia era por su color de pelo que “no coincidía con el de sus compañeros de aquella primera época”, cuando con 18 años, en 1943, inició su carrera futbolística en las inferiores de River. Transcurrido un año y medio después, julio de 1945, ya estaba en la primera del equipo millonario. Había nacido en el barrio de Barracas, Buenos Aires, el 4 de julio de 1926,
– ¿Y no pensó en escribir o contar su vida? (hablamos antes de la aparición de su autobiografía “Di Stéfano” en el año 2000)
– ¿Para qué?, si la cuentan en todas partes. Aquí en España hablan de mi vida como si hubieran vivido conmigo…
– Eso es muy lindo, ¿no?
– Sí, claro, no me puedo quejar, siempre me trataron muy bien aquí, como en Argentina, y soy ciudadano español. Pero España es una historia grande y llena de alegrías para mí.
– Estamos aquí en el Real Madrid, junto al estadio Bernabéu, y Ud. presidente de honor del Club hasta el fin de sus días… mucho vivido seguramente…
– Sí, pero yo no soy Jorge Valdano, él sabe hablar muy bien, a mi déjeme que le cuente cortito nomas… Yo he estado entre los buenos jugadores de Europa, pero no puedo decir que fui el mejor. Eso sí, me hice solo.
– Pero varios colegas periodistas de aquí, de Radio Madrid, de ABC, de Marca, lo califican de líder de una era dorada del Madrid, el jugador más influyente en España antes de Maradona y de Messi…
– Sí, hablan muy bien de mí y yo les agradezco…
– Don Alfredo, el maestro…
– Jajajaja, maestro de los maestros, como se dice en Buenos Aires… No me olvido de los dichos porteños … son muy divertidos.
A pesar de que entrevistaba a Di Stéfano para un medio español mi acento argentino inmediatamente provocó que me preguntara de dónde era. Cuando le respondí, me dijo “¡San Juan, San Juan!”, le saltaron inmediatamente recuerdos personales, sobre todo su última visita como director técnico de Boca Juniors para jugar frente a Sportivo Desamparados por el Torneo Nacional, el sábado 27 de septiembre de 1969, que terminó con el empate de 1 a 1.
– Uyyy San Juan… que recuerdos. Estuve allí jugando contra Desamparados, sí, y no me olvido más ese nombre de club, yo iba con Boca Junior por el Torneo Nacional de Futbol en mil novecientos sesenta y pico. Le aseguro que encontré muy buenos vinos, de eso me acuerdo bien. Y conocí a los bravos del club Desamparados. ¡Desamparados, que nombre! Me gustaría volver…
-Pero ya había estado antes, ¿no?
– Sí, pero esa vez fue muy doloroso cuando viajamos, yo muy joven, en 1945, iba con River y jugamos un partido a beneficio de los sobrevivientes del terremoto. Lo que era aquello, un desastre bárbaro, que pena más grande… Pero ahora tienen una ciudad bellísima.
Cabe recordar que en los años 40 los clubes importantes de Argentina se presentaban en las provincias en fechas patrias u otras tambien destacadas. Era una manera de acercar el fútbol de primera a todo el país, a sabiendas de que no existía la televisión ni ninguna otra forma de reconocer a los clubes, como no sea en las trasmisiones radiales, diarios y revistas. Pero en esta ocasión, según reveló a este periodista su colega deportivo Fabio Garbi, llegó River Plate a San Juan para jugar dos partidos de carácter solidario a beneficio de los afectados por el terremoto del año anterior. Disputados ambos en el estadio del Parque de Mayo, el primero fue el 17 de febrero de 1945 frente a San Martin, terminado con un empate de 2 a 2, y destacando en River dioses del futbol de entonces como Pedernera y Labruna. Precisamente el árbitro de ese partido fue Fernando Garbi, abuelo del destacado periodista sanjuanino. Al dia siguiente, 18 de febrero, River jugó el segundo partido solidario con Alfredo Di Stéfano en el equipo, y esta vez frente a Atlético de la Juventud quien derrotó por 2 a 1 al generoso visitante.
– Alfredo, leí hace tiempo en El Gráfico, que para Ud. la pelota es su mejor amiga…
– Y sí, ¿qué le parece? Mi mejor amiga, y tiene mi edad…
Era curioso comprobar que Di Stéfano, después de tantos años en España, no tenía prácticamente acento español, quizá debido a su matrimonio con la argentina Sara Freites, con quien se casó apenas cumplidos 25 años, en 1950 en Buenos Aires, y tuvieron seis hijos. Fue en 1953 cuando Alfredo desembarcó en España para, sin imaginarlo, quedarse toda la vida, como sucedió hasta su fallecimiento el 7 de julio de 2014 en Madrid.
Finalmente, recordemos que Alfredo terminó contando su vida en un libro autobiográfico, “Di Stéfano”, que fue presentado en el año 2000 en España y luego en Buenos Aires. Y también se ha publicado “Alfredo Di Stéfano, Historia de una leyenda”, de Enrique Ortego. Pero no hay que olvidar el momento más dramático de su vida, el dia que fue secuestrado por las FALN (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional) de Venezuela, el 24 de agosto de 1963. Similar al secuestro de otra gran estrella del deporte argentino como Juan Manuel Fangio, en 1958 en La Habana, Di Stefano fue aislado por tres días por un comando guerrillero venezolano para protestar o llamar la atención contra el gobierno de entonces en ese país, al mando de Rómulo Betancourt, y también contra la dictadura de Francisco Franco en España, donde Di Stéfano era la máxima figura del futbol. Liberado, volvió al fútbol sin problemas, hasta llegar a recibir nada más ni nada menos que dos Balón de Oro, en 1957 y 1959, y el Súper Balón de Oro en 1989 como reconocimiento a su carrera, entre otros numerosos premios y reconocimientos.

