Por Matías Soria Batalla – Especialista en Marketing

Hubo un tiempo en el que las decisiones laborales comenzaban cuando alguien enviaba su currículum. Ese00 gesto marcaba el inicio del proceso: entrevistas, referencias, experiencia previa. Hoy, ese punto de partida cambió.

Las evaluaciones empiezan mucho antes. Comienzan cuando alguien escribe un nombre en Google, revisa un perfil de LinkedIn e intenta entender quién es esa persona, qué sabe hacer y cómo piensa.

Esto no implica que el currículum haya dejado de existir. Implica que, por sí solo, ya no alcanza.

San Juan, un contexto particular

La provincia atraviesa un momento singular. La actividad minera, la llegada de inversiones, los proyectos en marcha y el movimiento de proveedores generaron un ecosistema donde muchos profesionales hoy están bien posicionados.

Ingenieros, técnicos, geólogos, responsables de compras, gerentes, asesores. Personas con trayectoria real, experiencia concreta y un conocimiento profundo del negocio.

Sin embargo, hay un punto en común que aparece una y otra vez: gran parte de ese capital profesional no es visible.

Todo funciona mientras el contexto acompaña, mientras el proyecto sigue activo, mientras el puesto parece asegurado. El problema surge cuando algo cambia. Y cambia más seguido de lo que creemos.

Cuando el boca en boca ya no alcanza

Durante décadas, el crecimiento profesional se apoyó en recomendaciones informales. Alguien conocía a alguien. Un jefe llamaba a otro. Un contacto abría una puerta. Ese sistema todavía existe, pero perdió fuerza como único sostén.

Hoy, el boca en boca convive con lo digital. Y muchas veces, lo digital lo reemplaza.

Si una persona no tiene presencia profesional clara, ordenada y coherente, queda fuera del radar antes de siquiera entrar en conversación.

No por falta de capacidad. Por falta de visibilidad.

El mito del “si sos bueno, te van a llamar”

Esta es una de las creencias más extendidas —y más peligrosas— entre profesionales con trayectoria. La idea de que el trabajo habla solo. De que el reconocimiento llega inevitablemente. De que exponerse es innecesario o incluso incómodo.

La realidad es otra. El mercado no premia automáticamente al mejor. Premia al más claro, al más visible, al que logra explicar qué hace y por qué su experiencia es relevante. No se trata de autopromoción vacía. Se trata de reputación profesional.

LinkedIn no es un CV digital

Uno de los errores más comunes es reducir LinkedIn a una versión online del currículum.

Listar cargos, fechas y responsabilidades no construye posicionamiento. Describe el pasado, pero no comunica valor.

Un perfil profesional bien trabajado responde otras preguntas:

-¿En qué tipo de problemas tiene experiencia esta persona?

-¿Qué decisiones sabe tomar?

-¿Qué entiende del negocio en el que opera?

-¿Qué resultados puede aportar?

Cuando esas respuestas no están visibles, el perfil se vuelve decorativo.

Uno de los errores más comunes es reducir LinkedIn a una versión online del currículum.

El silencio también comunica

No estar presente también es un mensaje. Comunica desactualización. Comunica desconexión. Comunica falta de interés en construir relaciones profesionales.

Muchos profesionales evitan exponerse por pudor, por miedo al error o por la sensación de que “no tienen nada nuevo para decir”. Sin embargo, la ausencia prolongada suele ser más perjudicial que una comunicación imperfecta.

La marca personal no es fama

Este es un punto clave. Marca personal no es buscar seguidores, likes o viralidad. No es convertirse en influencer. No es contar la vida personal.

Es algo mucho más simple y, a la vez, más estratégico: dejar claro quién sos profesionalmente y en qué aportás valor.

Una marca personal sólida no grita. Ordena. Ordena el discurso, la experiencia y ordena fundamentalmente la percepción que otros tienen de vos.

Qué miran hoy las empresas y los decisores

Cuando una empresa evalúa a un profesional —para contratarlo, asociarse o recomendarlo— observa mucho más que su título. Mira si entiende el negocio. Si puede explicar ideas con claridad. Si tiene criterio propio. Si su experiencia respalda lo que comunica.

Todo eso hoy se percibe, en gran medida, de forma digital.

El costo de no trabajar la visibilidad

No construir presencia profesional no genera un problema inmediato. Genera un problema futuro.

Cuando llega un cambio inesperado, una reestructuración, el fin de un proyecto o una nueva oportunidad, quienes nunca trabajaron su marca personal parten desde cero. Otros, en cambio, ya están posicionados, ya son conocidos, ya generan confianza. No por ser mejores, sino por haber sido más conscientes.

No se trata de venderse, sino de sembrar

Construir marca personal no implica salir a vender servicios ni a buscar trabajo de forma explícita.

Implica sembrar a largo plazo. Compartir miradas. Aportar criterio. Mostrar experiencia aplicada.

Con el tiempo, esa coherencia genera algo difícil de lograr de otro modo: que las oportunidades lleguen solas.

El verdadero riesgo es esperar demasiado

El error no es no saber por dónde empezar. El error es creer que no hace falta empezar. Mientras todo funciona, la marca personal parece innecesaria. Cuando algo se detiene, se vuelve urgente. Y ahí suele ser tarde.

Una reflexión final

Ser buen profesional sigue siendo fundamental. Capacitarse, trabajar bien y cumplir sigue siendo la base. Pero hoy, eso es apenas el punto de partida.

La diferencia la marca quien entiende que el conocimiento que no se ve, no se considera; y que la reputación profesional ya no se construye solo en pasillos y reuniones, sino también en espacios visibles, abiertos y permanentes. No se trata de exponerse más. Se trata de existir profesionalmente donde hoy se toman las decisiones.