Por Jorge Reinoso Rivera – Periodista e Historiador
El sindicalismo es el movimiento y la organización de trabajadores en sindicatos para defender sus intereses comunes ante empleadores y gobiernos. Busca mejorar condiciones laborales, salariales y sociales mediante la acción colectiva.
El sindicalismo nace formalmente o se fortalece y se le da mucha importancia en Argentina a partir del primer gobierno de Perón (1946), antes existían movimientos sindicales de origen anarquista. Este empuje otorgado por el peronismo no es malo, lo malo fue que el sindicalismo en Argentina se volvió profundamente peronista y cuando gobierna el peronismo son sumisos y cuando gobierna el no peronismo son salvajemente confrontativos y utilizan esta herramienta como medio de control y lograr poner en “jaque” a todo un gobierno.
Desde 1983 a la fecha, hubo 44 huelgas generales de las cuales 29 se la hicieron a gobiernos no peronistas y en años electorales. La CGT (peronista) duplicó sus huelgas a estos gobiernos. Los que más sufrieron estos paros fueron las presidencias de Raúl Alfonsín (UCR) con 13 paros en 5 años y medio de gobierno, y Fernando De La Rúa (UCR), con 8 paros generales en 2 años de gobierno, Mauricio Macri 5 y a Javier Milei ya le realizaron 2 paros generales y van por el tercero. Solamente los gobiernos de la Unión Cívica Radical soportaron más de la mitad de las huelgas generales peronistas en solo la quinta parte del tiempo de gobiernos, desde 1983 a la fecha.
La CGT dice que no es golpista y lucha por los intereses obreros, pero las estadísticas son más que concluyentes dando por tierra esa mentira sindical: desde el regreso a la democracia en 1983, los 28 años de gobiernos peronistas solo se hicieron 16 paros generales, un promedio de 0,6 por año y durante solo 13 años de gobiernos no peronistas (Alfonsín, De La Rúa, Macri y Milei), llevan realizados 29 paros generales, lo que nos da un promedio de 2,2 huelgas generales por año.
El sindicalismo en Argentina enfrenta críticas severas por prácticas denominadas “mafia sindical”, caracterizadas por bloqueos a empresas, extorsión y uso de fondos sin transparencia. En 2026, existe una alta demanda social (casi el 70%) para que la cuota sindical sea voluntaria, percibiendo a muchos gremios como poco representativos y distantes de los intereses obreros. Se han reportado prácticas como el amedrentamiento, quema de cubiertas y bloqueo de empresas, lo cual es considerado un delito.
Actualmente, según coinciden la mayoría de las encuestas, solo el 15% de la población apoya el actual sindicalismo en Argentina.
La reciente normativa en Argentina (Ley Bases) permite el despido con causa ante este tipo de acciones. Existe una fuerte crítica a la obligatoriedad de la cuota sindical, vista por muchos trabajadores como un “peaje” o impuesto al trabajo para financiar estructuras no elegidas. Una gran parte de la sociedad considera que los sindicatos actuales no defienden realmente a los trabajadores, sino que viven de aportes compulsivos y operan como una “casta”.
El sindicalismo argentino se debate entre la confrontación y el diálogo ante los intentos de modernización laboral, que buscan reducir la rigidez y la informalidad laboral. Aunque las críticas son fuertes, estudios recientes de 2024 mostraron que la visión negativa disminuyó en algunos sectores, conviviendo con la percepción de que sindicatos fuertes son necesarios, pero bajo un modelo más transparente. La discusión se centra en diferenciar entre la representación genuina de los trabajadores y el comportamiento extorsivo de ciertos sectores sindicales.
La Población Económicamente Activa (PEA) en Argentina, que comprende a las personas de 15 años o más ocupadas o que buscan empleo activamente, representa aproximadamente el 48,6% de la población total según datos del tercer trimestre de 2025 del INDEC. Con una población total proyectada superior a 46 millones, la PEA supera ampliamente los 20 millones de personas, de esa cantidad se estima que alrededor de 4 millones de trabajadores están afiliados a sindicatos en todo el país.
Hoy a los trabajadores argentinos no les interesa la afiliación sindical y esto se ve reflejado por su tendencia a la baja. Hoy, según coinciden la mayoría de las encuestas, solo el 15% de la población apoya el actual sindicalismo en Argentina. Estos deben modernizarse, democratizarse, blanqueando y ordenando sus cuentas y dejar de lado las ideologías partidarias (peronismo) y solo de esta forma van a ser útiles y ganar credibilidad en la Argentina del siglo XXI.
