Cuando era veinteañera, Lorena Gómez Luluaga (38) emprendió un viaje como mochilera. Sentada bajo un árbol se familiarizó por primera vez con unas pinzas y alambre, y bajo la dirección de quien por entonces era su pareja, engarzó unas semillas de achira. ‘’Cuando descubrí los principios de la orfebrería supe finalmente cuál era mi vocación, lo que me trajo mucha felicidad’’, dice hoy esta mujer que abandonó sus estudios de marketing y se especializó en el trabajo manual de los metales para confeccionar joyas y piezas únicas que hoy se comercializan en ferias, en su casa y por internet en San Juan. Lorena fue autodidacta mucho tiempo hasta que llegó a golpear las puertas de Víctor Nobre, el destacado orfebre sanjuanino, hace 8 años. ‘’Me dijo que no enseñaba, pero igual pidió que le mostrara mis trabajos. Yo trabajaba con la chapa, de alpaca, bronce o cobre. Cortaba con una tijera de cortar cuero unas figuras geométricas que luego burilaba (grababa). Él las vio y me dijo que ya estaba lista para trabajar en oro y plata’’, recordó.

