"Ustedes no nos pueden quitar nada, llevo 20 años vendiendo y no pueden mandar a un chico que lleva 3 días a que nos saque las cosas", gritó un hombre ayer alrededor de las 10 de la mañana, mientras zarandeaba desafiante varios pares de medias de todos colores ante las narices de los inspectores municipales. "Mirá yo ya estuve preso, no me hace nada entrar otra vez, salgo y te busco", le dijo otro grandote con musculosa y tatuajes. A los pocos minutos de esas intimaciones el flamante grupo de inspectores se replegó lejos de los ambulantes. "No nos contrataron para que vayamos al choque, nos exponemos a que nos peguen. Yo estaba discutiendo con unos vendedores y me di vuelta y no había ningún policía atrás nuestro. ¡Estaban todos en la vereda de enfrente!", se quejó uno de ellos. Media hora después, ese mismo inspector junto a otros cinco compañeros fueron los primeros en colgar los guantes y renunciar al trabajo que había comenzado apenas tres horas antes.

