En el camino de hacer prosperar el legado musical de su padre, el gran bandoneonista Rubén Juárez, la intérprete Lucila Juárez le rendirá un homenaje especial en el Día Internacional del Tango, junto a Claudio Rojas y Jonatan Vera Trío, el próximo 7 diciembre. Será su primera actuación en el Auditorio Juan Victoria, con el show 'Tango & Rouge. Además, será escoltada musicalmente por 'La Juárez', el trío conformado por Amalia Escobar en el piano, Sofía Calvet en el bandoneón y Andrea Álvarez en el contrabajo. La propuesta de Lucila es darle una identidad femenina al género, a través de este proyecto integrado por artistas mujeres. De esto habló con DIARIO DE CUYO previo al show. 

 


- ¿Qué es Tango & Rouge?


- Bueno esto tiene un poco que ver con mi vuelta reciente a los escenarios. Resulta que hace dos años me fracturé en la calle al pisar por accidente unos discos de vinilos con tangos de Homero Manzi y eso lo interpreté como una señal que me envió mi padre, para que vuelva al tango. Si el tango me fractura a mí, entonces regreso para romperlo y darle una identidad femenina, no cosificando con la típica media de red, la pollerita y el taco. El tango sigue teniendo una impronta machista fuerte. A las artistas con las que trabajo les dicen curiosamente que tocan tan bien como un hombre, como si eso fuera un halago... cómo si ser hombre fuera una condición sine qua non para hacer tango. 

 


- ¿Por qué la mujer fue relegada?


- Históricamente a la mujer se la llevó siempre al aspecto de la danza, pero lo que vengo a hacer es romper con eso. Hoy en día tenemos intérpretes y autoras maravillosas. Soy mucho más abierta en este sentido, mi papá fue muy abierto también; de hecho no era el típico tanguero ortodoxo, él tocó con Charly García, con Baglietto, Serrat y Sabina. Pero el tanguero tradicional no sale de su esquema y la verdad que la música es evolución. Por suerte me crié con un artista en casa que escuchaba de todo. Lo que busco es darle un espacio actual a la mujer en el tango. 



- ¿El problema del género pasa porque hay una mayoría de compositores varones?


- Hoy en día, hay muchos autores. Lo que pasa es que aquellos que empiezan, buscan lo más fácil, hacer lo tradicional. Pero el riesgo pasa por hacer cosas no conocidas, porque implica un esfuerzo enorme de instalarlo en el público. Lo que pasa es que hacer canciones nuevas implica un desafío doble para el artista. Quizás, el artista no quiera arriesgarse demasiado porque no tiene espacios de trabajo en Buenos Aires. Los lugares son muy pocos en la ciudad para cantar, después de lo que ocurrió en Cromañón. Son pocos los que asumen el compromiso de ir por nuevo rumbo. Lo entiendo a eso, porque es difícil vender lo nuevo, el público siempre quiere escuchar lo ya conocido. Por otro lado, hay una contradicción que me llama la atención: Como es un ámbito tan machista, resulta que la mayoría le canta a las madres o a las mujeres que lo abandonaron. El tanguero es un hombre machista, pero sensible por dentro, se escuda detrás de una postura que a veces hasta da ternura. 



- ¿Discutías estas cuestiones con tu padre?


- Mi papá tenía muy buena onda con la gente joven porque él también, cuando era chico, empezó a tocar en un mundo de adultos. Fue afortunado de tenerlo como padrino artístico a Aníbal Troilo, pero de lo contrario, sin esa mano, le hubiera sido muy difícil avanzar, porque encima era bonito, tocaba bien el bandoneón, afinaba como la ostia y era carismático con las mujeres... tenía solo 16 años, lo querían matar!. Por eso, él también disfrutaba colaborar con los jóvenes y se pasaba horas de asado, charlando con ellos. Ahora, la juventud tanguera siente un fervor casi rockero con Juárez. Pese a que nunca lo vieron tocar en vivo, lo conocieron en Youtube y lo consideran como a un Dios, hasta se hacen tatuajes de él en el brazo. Eso me llena de orgullo, porque él lo hacía con mucha pasión. Mi padre fue un nexo entre generaciones.



- La característica que tenía tu padre de cantar y al mismo tiempo tocar el bandoneón ¿la ves hoy en algún otro artista?


- A partir de la muerte de mi papá surgieron muchos jóvenes, eso es un reflejo de la marca que el tipo dejó en vida. Lo que pasa es que necesitan transitar y caminar más, necesitan tiempo y fogueo. Mi papá logró ser un gran intérprete con los años, que es lo mas difícil de lograr. Era un showman en el escenario, porque se paraba ahí solo con el bandoneón y sonaba como una orquesta, por la entrega que tenía, los matices y las intensidades que vibraba como artista, lo hacia único. Nacía, vivía y moría en cada canción. Para mí al tango hay que enseñarlo de raíz, en el jardín de infantes. Falta más promoción del tango en las escuelas, en la tele, en los medios de comunicación. Es necesario que se eduque el tango desde los medios. 



- ¿Cómo es tu rol de ser difusora y cantora a la vez?


- Lo hago desde el repertorio que elijo. Por ejemplo, tenemos a Eladia Blázquez, que ha escrito tangos maravillosos, pero la cantan muy pocos y no se le hacen homenajes. Entonces, mi compromiso es desde ese lugar. Me la juego por ese camino de las canciones poco conocidas y me doy el gusto de decir las cosas que tengo ganas de decir. Trato de acercar el tango a la gente. Y la respuesta es buena. En esto, es todo perseverancia, otra no queda. Mi impronta no es acartonada ni tengo esa postura tanguera de los años 30, que la detesto porque se difunde lo mismo de siempre. Vengo de la influencias de Stravaganza (NdeR, el mega show de Flavio Mendoza, que integró), tengo otra concepción en mi mente de una puesta en escena, de lo que es un show. Llegar a todas las edades y salir de ese cartel de que el tango es para los viejos... esa es mi misión y ojalá lo logre. 



DATO

Tributo a Rubén Juárez. Día del Tango. La Juárez, Claudio Rojas y Jonatan Vera Trío. Auditorio Juan Victoria, 7 de diciembre a las 21.30. Entrada $100.