Agustín Francisco Galaz Guerra es Marinero Primero y participa de la Misión de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas en Chipre hasta fin de año. El sanjuanino forma parte de la Fuerza de Tareas Argentina LXIV (FTA 64) integrada con personal de la Armada Argentina, Ejército Argentino (EA) y la Fuerza Aérea Argentina.

La Armada Argentina contribuye a una solución pacífica en Chipre. Cerca de 300 efectivos de un total de mil, son parte de UNFICYP, Misión de Paz que constituye la principal para la Fuerza en términos de cantidad de efectivos desplegados, quienes son relevados cada seis meses de sus puestos de trabajo.

“Conocí el mar por primera vez al ingresar a la Armada”, confiesa el nacido en Santa Lucia, quien se alistó en la Armada en 2020 con 17 años, ese año no pudo ingresar por la pandemia y finalmente se incorporó a la Armada con 18 años cumplidos. “Recuerdo que mi mamá y hermanos no creían que me iba a animar a anotarme y se emocionaron mucho cuando supieron que había ingresado” comenta.

Luego de su paso por el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz (CAECOPAZ) en Buenos Aires, Galaz se desplegó en agosto pasado a la Misión de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas en la República de Chipre (UNFICYP).
Como personal de Infantería de Marina, previo al adiestramiento final en CAECOPAZ realizó actividades y capacitaciones en el Comando de Instrucción y Evaluación de la Infantería de Marina (COIE) que funciona en la Base de Infantería de Marina Baterías (BIMB).

Desde 1993 Argentina aporta Cascos Azules a la UNFICYP, misión que fue establecida por la ONU el 27 de marzo de 1964, para evitar que se reanude la lucha entre las comunidades grecochipriota y turcochipriota que se enfrentaron por una disputa territorial. El mandato de Naciones Unidas es el de prevenir la reanudación de las hostilidades, contribuir a mantener y restaurar la ley y el orden, supervisar el cese del fuego y sostener una Zona de Amortiguación entre las partes en conflicto; también llevar a cabo actividades humanitarias.

Es la primera vez que el Marinero Galaz Guerra participa en una Misión de Paz y el hecho de haber sido designado para esta comisión a Chipre representa para él un gran orgullo. “Soy el más moderno en jerarquía de este grupo y el único Marinero Tropa Voluntaria. No me lo esperaba y me emociona mucho poder participar de esta misión a tan sólo 4 años de mi ingreso a la Armada Argentina”.

Su acercamiento a la Marina se produjo en San Juan, un día que salió de una clase de guitarra y se encontró con personal de la Armada que se hallaba en el mismo edificio promocionando las carreras. Agustín se acercó. “Allí había maquetas de buques y cuadros de la Infantería de Marina y me interesó muchísimo”.

Pero esta historia empezó mucho antes, cuando de niño observaba fotos de su padre uniformado. Su papá hizo el Servicio Militar Obligatorio en el EA, en el Regimiento de Infantería de Montaña 22 “Teniente Coronel Juan M. Cabot”, unidad de Infantería con asiento en la guarnición militar de San Juan que pertenece a la VIII Brigada de Montaña “Brigadier General Toribio de Luzuriaga” de la Segunda División del Ejército.

“Somos de Santa Lucía, allí nací”. Esta localidad, que es parte del Gran San Juan, es tranquila y muy cercana del centro, donde se encuentra la Delegación Naval. En esas tierras hizo la primaria, en la Escuela Superior Paula Albarracín de Sarmiento, y el secundario en el Colegio Laprida.

Desde San Juan, Agustín llegó directamente a Baterías y de allí a la Brigada Anfibia de la Infantería de Marina (BRIM). Actualmente se encuentra destinado en el Batallón de Artillería de Campaña Nº 1 (BIAC), lugar al que regresará después de esta comisión al extranjero.

Hoy se encuentra a casi 13 mil kilómetros de su casa en la Isla de Chipre. Pero hasta hace poco le parecían una gran distancia los 1.200 kilómetros que separan el BRIM de su hogar en Santa Lucía, ciudad a la que puede regresar dos veces al año durante las licencias. “Lo que más extraño de San Juan es a mi familia y amigos de la infancia con los que nos conocemos hace 15 años; siempre nos acompañamos y apoyamos hasta el día de hoy”.

Su familia está conformada por Patricia Guerra, su papá Carlos Galaz y 5 hermanos. “Soy el hermano del medio, nací el 20 de octubre del 2001”. Tiene dos hermanos mayores: uno de 28 años en Neuquén y su hermana que está en San Juan. “Me siguen dos hermanos más chicos, uno de 19 que desea ingresar a la Fuerza y el que tiene 9 años, el más mañoso de la familia”, sonríe.

Recuerda muy bien, por la exigencia, ese primer día cuando comenzó a cursar el Período Selectivo Preliminar (PSP) como Tropa Voluntaria, y los días subsiguientes. “Casi terminando el mes del PSP muchos ya se habían ido de baja, yo no podía creer que lo había logrado. Fue una buena experiencia porque uno aprende a valorar todo. Acá hice amigos más que compañeros; somos hermanos de armas”, asegura.

De la Armada lo que más le interesó y llamó su atención fueron los obuses, el arma de la Artillería de Campaña. La pieza de artillería, obuses Otto Melara de 105 mm. se componen de un jefe, apuntador y cargador; y forman una batería.

“En el BIAC están el 155 y el 105 mm, yo estoy en este último. De cargador pasé a ser apuntador y cuando realicé mi primer tiro como apuntador en San Luis, durante un ejercicio combinado con el Ejército Argentino el año pasado, fue uno de los mejores días de mi vida y la experiencia de mayor adrenalina que viví”.

Asegura que la capacitación y el trabajo en equipo son fundamentales. Justamente el BIAC participó del ejercicio “Escuela de Fuego II”, actividad operativa organizada por la Escuela de Artillería del EA que se desarrolló en Salinas del Bebedero en septiembre de 2023 y contó con la presencia de 27 unidades y casi 1000 efectivos del EA y la IM. “La preparación, el intercambio y la convivencia fue todo un desafío y nos gustó mucho”, recuerda.

Además de la camaradería y los obuses, Agustín Galaz nombró más satisfacciones en la Armada que lo motivan a elegir la Fuerza todos los días. “Conocí el mar por primera vez al ingresar a la Armada siendo marinero y desde entonces tengo una ostra que llevo a todas partes como amuleto de la suerte. Conocí personas increíbles, como mi jefe de batallón, el Suboficial Martínez, a quien considero un gran referente en mi carrera y siempre me brinda buenos consejos.

También el deporte y el entrenamiento físico han sido buenos hábitos adquiridos acá y me encanta; además de todos los nuevos lugares que conozco gracias a la Armada, que me da la oportunidad de viajar constantemente”, afirma.

“La Armada Argentina es parte importante de mi vida, y mis compañeros lo son todo para mí; ellos me eligieron dos años consecutivos como el mejor compañero del Batallón. Siempre creyeron en mí, más que yo mismo”, concluye agradecido.