Cientos de venezolanos se concentraron este viernes en el Obelisco para celebrar la captura de Nicolás Maduro tras una operación militar estadounidense que marcó un punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela. La manifestación, convocada a partir de las 17 horas en el centro porteño, se transformó rápidamente en un festejo cargado de emoción, música, baile y banderas, con la expectativa de que al anochecer el emblemático monumento y el Puente de la Mujer se iluminen con los colores amarillo, azul y rojo.
La movilización fue espontánea y se organizó a través de las redes sociales luego de que la noticia se conociera durante la madrugada. Muchos de los presentes llegaron conmovidos, abrazándose entre desconocidos que comparten historias similares atravesadas por el exilio y el desarraigo. “Estoy feliz. Estoy en la Argentina hace ocho años. Vine porque en Venezuela no había comida para comprar. Llegué con mis hijos y hoy siento que todo ese sacrificio tuvo sentido”, relató una mujer entre lágrimas.
Otra de las manifestantes recordó lo difícil que fue dejar su país y comenzar de cero. “El cambio fue duro, sobre todo por el clima y la cultura. Costó mucho, pero siempre tuvimos la esperanza de que algo así iba a pasar. No sé si esto es lo mejor o no, pero algún cambio tenía que haber. Yo viví en otra Venezuela y quiero que ahora sea mejor que la que hay”, expresó.
Entre los jóvenes también se repite el mensaje de esperanza y reconstrucción. “Vamos a vivir una transición hermosa. En Venezuela quedó mucha gente luchando desde hace años. Junto a ellos y a los que estamos afuera, vamos a volver a construir el país”, afirmó uno de los asistentes, rodeado de aplausos y cánticos.
Durante la jornada, entre carteles y consignas, se repitió una frase que resume el espíritu del encuentro: “La paz es, en última instancia, un acto de amor”, palabras pronunciadas por Ana Corina Sosa, hija de María Corina Machado, durante el discurso desde el exilio en el que la líder opositora aceptó el Premio Nobel de la Paz.
Con música, bailes y abrazos, la alegría se multiplicó en el corazón de Buenos Aires. “Nunca perdimos la fe, ahora somos libres”, dijo uno de los manifestantes mientras miraba el Obelisco, convertido por unas horas en el epicentro de la esperanza venezolana.

