Apicultura en San Juan: una actividad chica que se sostiene gracias a la polinización, en medio de la sequía más larga de la historia

La provincia tiene apenas 70 apicultores activos y unas 7.000 colmenas vigentes, la mitad de ellas alquiladas para polinizar semillas de cebolla, zanahoria y alfalfa. Con más de una década de déficit hídrico estructural y un mercado de miel que no logra despegar puertas adentro, el sector mira hacia la diversificación como la salida de mediano plazo.

La apicultura sanjuanina viene de una temporada calificada como relativamente buena, aunque despareja: el rendimiento varió sensiblemente entre colmenas según la zona y el manejo. En una actividad donde el resultado depende del equilibrio entre la abeja, el ambiente y el trabajo del productor, cualquier alteración climática repercute de inmediato en la cosecha, y eso es exactamente lo que viene ocurriendo en los últimos años en la provincia.

El trabajo diario de la colonia queda a la vista en cada revisión de los cuadros de la colmena.

El trabajo diario de la colonia queda a la vista en cada revisión de los cuadros de la colmena.

Se trata, además, de un sector pequeño en términos relativos: de los productores inscriptos en el Registro Nacional de Productores Apícolas (RENAPA), sólo una fracción se mantiene efectivamente en actividad, y la mayoría desarrolla la apicultura como complemento de otros ingresos y no como su fuente principal de trabajo, lo que explica los volúmenes acotados por productor.

Una sequía que ya lleva más de una década

El déficit hídrico no es una coyuntura pasajera. Estudios del Consejo Interinstitucional de Gestión Integral del Agua en el Árido (CIGIAA) —que reúne a INTA, INA-CRAS, CONAE, la UNSJ y el Gobierno provincial— describen una crisis hídrica estructural, con coberturas de nieve en las cuencas de los ríos San Juan y Jáchal por debajo del promedio de los últimos 25 años y un pronóstico oficial que calificó la temporada 2025/2026 como "muy seca". Especialistas del Conicet sitúan el inicio de este ciclo de sequía alrededor de 2010, con una caída sostenida de las precipitaciones níveas en cordillera que primero derivó en menores caudales, después en el descenso de las napas freáticas y finalmente en un impacto directo sobre la agricultura y actividades asociadas, como la apicultura.

La baja de la napa freática afectó a la flora autóctona, de la que depende buena parte de la producción de miel. A esto se suma la reconversión de los sistemas de riego: la impermeabilización de acequias tradicionales redujo la infiltración de agua que antes alimentaba de manera indirecta la vegetación nativa. La combinación de napas más bajas, menos precipitaciones y reconversión del riego golpea en particular a la producción de miel y de polen, aunque no incide del mismo modo sobre el servicio de polinización, que hoy sostiene buena parte de la actividad apícola provincial.

El mapa apícola provincial

La actividad se concentra históricamente en el valle de Tulum y se está expandiendo hacia el norte, hacia Huaco e Iglesia, con un desarrollo incipiente en Calingasta. Ese corrimiento responde en parte a la ley semillera, que exige una distancia mínima de dos kilómetros y medio entre cultivos de semilla: la exigencia saturó la zona tradicional del valle de Tulum e impulsó nuevas plantaciones —y, con ellas, nuevas colmenas— hacia otras áreas.

En números, San Juan cuenta con 70 apicultores en actividad, aunque los registrados en el RENAPA suman 145. La producción provincial ronda los 108.715 kilos de miel al año, con un rendimiento promedio de 16 kilos por colmena. Sarmiento es, por lejos, el principal departamento productor, con cerca del 15,7% del total provincial, según datos del Área Apícola de la Dirección de Desarrollo Agropecuario del Ministerio de Producción.

Polinización, el negocio que sostiene al sector

El clima semidesértico de San Juan achica la oferta floral disponible para la producción de miel, pero abrió una salida económica que hoy explica buena parte de la actividad: el alquiler de colmenas para polinizar semilla de cebolla, zanahoria y alfalfa. De las aproximadamente 7.000 colmenas vigentes en la provincia, la mitad se destina a este servicio, y aun así la demanda no está cubierta: se estima que faltan al menos otras 5.000 colmenas, lo que obliga a que ingresen ejemplares desde Mendoza para completar la temporada.

Revisión de un cuadro de miel en uno de los apiarios de la provincia.

Revisión de un cuadro de miel en uno de los apiarios de la provincia.

La ecuación económica explica la preferencia. El servicio de polinización se cobra al inicio de la temporada y se paga de contado, mientras que la miel exige un proceso de cosecha, extracción y envasado antes de estar lista para venderse. Esa diferencia de flujo de caja, sumada a un valor por colmena más previsible, empuja a buena parte de los productores a priorizar la polinización por sobre la producción de miel clara, que es además la de mejor precio en el mercado porque coincide justamente con la floración de la cebolla.

El dilema se resuelve todos los años en julio, cuando cada productor define qué colmenas destina a polinizar y cuáles reserva para producir miel. Las que quedan afuera de ese reparto producen recién en la segunda mitad del año la miel oscura, más difícil de colocar porque el mercado demanda mayormente mieles claras.

Costos que ajustan la cuenta

En los últimos años los costos de colmenización se ajustaron en, al menos, tres oportunidades. El combustible es, junto con los insumos sanitarios, el componente más determinante de la estructura de costos. De todos modos, los productores logran compensar en parte ese incremento con los ingresos combinados de la cosecha de miel y los servicios de polinización durante la zafra. Como referencia comparativa dentro del sector, se suele graficar que el valor del kilo de miel equivale, a grandes rasgos, al de un litro de nafta.

Miel: un mercado que se resuelve puertas adentro

A diferencia de lo que ocurre a nivel país, San Juan prácticamente no exporta miel: la escala productiva provincial no resulta competitiva para ese mercado. La mayor parte de lo que se cosecha se comercializa dentro de la propia provincia, con un fuerte componente de venta directa al público, muy habitual en San Juan porque el consumidor suele buscar directamente al apicultor por tratarse de un producto genuino.

El contraste con el panorama nacional es marcado. Argentina cerró 2025 con exportaciones de miel por 211,1 millones de dólares y 90.614 toneladas, y arrancó 2026 batiendo el récord de los últimos 20 años: en el primer trimestre exportó casi 30.000 toneladas por 74 millones de dólares, un salto interanual del 93,3% en valor y del 83,9% en volumen, con Estados Unidos como principal comprador y la Unión Europea completando el cupo trimestral del acuerdo Mercosur-UE. El precio promedio por tonelada también mejoró, de 2.330 a 2.473 dólares entre 2025 y 2026. Ese envión exportador nacional, sin embargo, no impacta de forma directa en San Juan, cuya miel se mueve casi por completo en el circuito local.

Sanidad y convivencia con la agricultura

La varroa —un ácaro parásito (su nombre científico es Varroa destructor) que ataca a las abejas melíferas y es considerada la plaga sanitaria más importante de la apicultura a nivel mundial. —exige tratamiento anual, alternando productos orgánicos y sintéticos para evitar que el ácaro desarrolle resistencia. En el vínculo con la agricultura, se advierte un incremento en la conciencia de los productores sobre el impacto de la polinización en sus propios cultivos, lo que permitió avanzar hacia un trabajo más coordinado entre apicultores y productores agrícolas. Hoy existe comunicación previa a las aplicaciones de agroquímicos, de modo que los apicultores puedan resguardar sus colmenas, y ambas partes coordinan la ubicación de los apiarios para minimizar riesgos.

La apuesta a diversificar: polen, reinas y mieles certificadas

El área pública provincial impulsa desde hace un tiempo un cambio en la matriz productiva del sector, con el objetivo de correrlo del lugar de commodity que ocupa la miel convencional. Las líneas de trabajo pasan por la producción de polen —para la que San Juan tiene condiciones agroclimáticas favorables—, la cría de material vivo (abejas reinas) y la búsqueda de algún tipo de diferenciación para la miel que permita salir del circuito de precios convencionales.

Las mieles certificadas —orgánicas, kosher o con certificación de origen, que garantizan la ausencia de adulterantes o pesticidas mediante procesos de validación independiente— tienen en el mercado un valor al menos 30% superior al de la miel tradicional. En ese sentido, se mira especialmente a Valle Fértil, con condiciones climáticas distintas a las del valle de Tulum y rodeado por un parque provincial protegido, un requisito favorable para la producción orgánica, que exige que no haya producción intensiva en un radio de tres kilómetros alrededor de las colmenas. Ya hay productores de la zona trabajando en miel agroecológica, el primer escalón hacia la certificación orgánica plena.

La cría de abejas reinas, por su parte, todavía es una actividad de nicho: sólo un puñado de productores la desarrolla, generalmente como excedente y no como negocio en sí mismo.

El rol de la Asociación de Apicultura

La Asociación de Apicultura ofrece principalmente apoyo logístico al sector: un espacio para el traspaso de colmenas entre productores, asistencia en la formación de núcleos hasta que la colmena está lista para pasar a campo, y trabajo compartido de extracción y envasado de miel. También organiza y participa de instancias de capacitación y ferias, tanto locales como en otras provincias, entre ellas San Luis.

Dependencia al clima

El futuro del sector está atado, en gran medida, a un cambio en las condiciones ambientales: más disponibilidad de agua y menor evaporación. Mientras tanto, ya se aplican técnicas para sostener la actividad frente al calor extremo de la provincia, consultadas incluso con especialistas de Chile, como el aporte de agua dentro de las colmenas para sostener la cría en los meses más duros.

El servicio de polinización se perfila como el segmento más sostenido de la actividad, en la medida en que continúe la demanda de colmenas para ese fin y se consoliden nuevos cultivos, como viene ocurriendo en Iglesia. En materia de política pública, desde el sector se remarca que el foco está puesto en la capacitación —central frente a la aparición de nuevas técnicas y productos— junto con una mayor apertura del Estado para atender las demandas del sector apícola.

LAS MAS LEIDAS