Hacer vino a pequeña escala puede implicar una inversión difícil de afrontar para un productor individual. Maquinarias que se utilizan pocas veces al año pero que son necesarias, análisis, insumos y distintos procesos necesarios para llegar a una botella lista para comercializar son parte de los desafíos que enfrentan quienes eligen producir de manera artesanal. Frente a esa realidad nació, hace más de 20 años, AEVA (Asociación de Elaboradores de Vinos Artesanales), un espacio que tiene como premisa la colaboración entre productores.
La asociación fue fundada por un grupo de elaboradores artesanales que entendió que compartir recursos podía hacer más viable la actividad. "El vino se elabora una vez al año y los procesos se hacen algunas veces al año. La molienda se da unas diez veces con máquinas que ocupabas solo en esas oportunidades. El concepto fue: ¿qué pasa si tenemos máquinas para compartir?", explicó Federico Azcona, presidente de AEVA, en diálogo con DIARIO DE CUYO.
La idea era sencilla. Si una máquina podía utilizarse diez veces por un productor, podía aprovecharse muchas oportunidades si era compartida entre varios. De esa manera, los costos se amortizan más rápido y los elaboradores pueden acceder a equipamiento que, de manera individual, sería más difícil de adquirir.
Ese fue el espíritu con el que se conformó AEVA y que todavía sostiene a la organización. Actualmente reúne a alrededor de 20 elaboradores, provenientes de zonas como Zonda, Pedernal y el Valle de Tulum, con perfiles diversos, compartiendo el espacio tanto entre productores jóvenes como otros con una trayectoria de varias décadas.
El vino artesanal, de ser cuestionado a lograr un valor de calidad
Cuando los primeros integrantes de la asociación comenzaron a trabajar, la expresión "vino artesanal" no tenía el reconocimiento o el valor comercial que recibe en la actualidad. Explica Azcona que era habitual asociarlo al vino casero o patero, vinculado a una elaboración amateur y hogareña.
El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) contempla las categorías de vinos caseros, artesanales e industriales. La diferencia está en el proceso y en el modo de elaboración. El vino artesanal es producido por personas que se dedican específicamente a la actividad, embotellan, realizan análisis y presentan sus productos ante el INV para su correspondiente control y declaración.
“Hoy por hoy el vino artesanal lleva a calidad”, sintetizó el presidente de AEVA.
En ese camino también aparecieron nuevas formas de entender el producto. Dentro de la asociación hay elaboradores que producen vinos sin filtrar y otros que trabajan con vinos naturales, sin agregados, entre ellos etiquetas elaboradas a partir de uva criolla y con un enfoque agroecológico en el viñedo.
Compartir para poder seguir produciendo, el camino que tiene AEVA por delante
La cooperación es una de las claves del funcionamiento de AEVA. Los productores no sólo comparten maquinaria, sino también proveedores, uvas y experiencias. "Si te asociás tenés las herramientas para hacer vino de manera profesional y tenemos un grupo para compartir la experiencia", explicó Azcona.
En los últimos años se produjo un recambio generacional: varios de los fundadores dejaron de elaborar, algunos por edad y otros porque la actividad dejó de ser su modo de vida. En paralelo, nuevos productores jóvenes se incorporaron y encontraron en AEVA una estructura desde la cual iniciar el camino.
La asociación se mantiene abierta a nuevos integrantes. Sumar productores no implica dividir un mercado limitado, sino fortalecer una categoría que todavía tiene espacio para crecer. "No competimos entre nosotros. Siempre pensamos que mientras más seamos, mejor", afirmó. En ese sentido, no solo se busca el posicionamiento dentro de lo que es el mercado local, sino también que San Juan sea un trampolín para llegar a rincones de todo el país con un producto que destaca por su calidad y el seguimiento de cada instancia de elaboración.
Quienes deseen sumarse a AEVA y/o conocer más sobre tu trabajo, se pueden comunicar al 2645 64-8795.