El Concurso Nacional de Vinos Cata San Juan nació en 1988 para ponerle nombre y cara al enólogo que trabaja detrás de cada botella, y hoy es el único de vinos de alcance verdaderamente nacional. Con la 38ª edición, que este año recibe muestras de Salta, Jujuy, Entre Ríos, Chubut y La Rioja además de las tradicionales cuyanas, el Centro de Enólogos de San Juan eligió un lema que resume el espíritu del certamen: "Donde los valles se encuentran".
Del damajuana a la botella de autor
Las fotos viejas del concurso cuentan una historia que las botellas actuales ya no dejan ver. En los primeros años de Cata San Juan, la mayoría de las muestras llegaba en damajuanas de cuatro y cinco litros o en tetrabrik. Ese paisaje desapareció por completo: hoy el 100% de lo que se presenta son vinos varietales, bivarietales, trivarietales y blends en botella de 750 mililitros.
"La evolución ha sido increíble, como fue pasando todo a otro tipo de envase", resume Mauro Domenech, presidente del Centro de Enólogos de San Juan y una de las voces detrás de la organización del certamen.
Parte de las muestras recibidas en una edición anterior del Concurso Nacional de Vinos Cata San Juan, antes de ingresar a la etapa de cata a ciegas.
Un concurso pensado para el que hace el vino, no para el que lo firma
El propósito con el que un grupo de colegas armó el concurso en 1988 sigue intacto casi cuatro décadas después. La idea, explica Domenech, era resaltar a la figura del enólogo: al técnico que durante tres o cuatro meses de cosecha prácticamente vive en la bodega, mientras la visibilidad pública suele quedar del lado del dueño o de la marca. Con los años el certamen fue sumando el reconocimiento a las empresas y a la calidad de los vinos, pero la matriz original —poner en valor al profesional que está detrás de cada etiqueta— nunca se perdió.
"Se sigue teniendo en cuenta que es reconocer al técnico que lo hace", insiste el enólogo, y agrega que ese reconocimiento también tiene un correlato económico: un colega, dice, hoy puede cobrar en base a su experiencia y a la calidad del producto que elabora.
Un concurso que se sostuvo incluso en pandemia
De las 38 ediciones, ninguna quedó tan grabada en la memoria de la organización como la de 2020. Con los protocolos de aislamiento vigentes, los degustadores llegaban y encontraban las copas ya servidas sobre la mesa, cada una con la distancia correspondiente: se sentaban, puntuaban los vinos que tenían asignados y se retiraban antes de que ingresara la siguiente tanda. La limitación de temperatura obligaba a evaluar no más de cinco vinos por jornada, muy por debajo de lo que se cata hoy en una noche normalizada.
"Es un orgullo haberlo sostenido en esa época", reconoce Domenech sobre una racha que hizo de Cata San Juan el único concurso nacional de vinos que se mantuvo, sin interrupciones, durante 38 años.
Cinco valles y un mismo vino con distintas personalidades
El lema de esta edición, "Donde los valles se encuentran", tiene un origen doble. Por un lado, busca poner en primer plano a los valles sanjuaninos que ganaron protagonismo en los últimos años —Pedernal, Calingasta y el histórico Valle de Tulum, todavía el más extenso de la provincia— y la manera en que un mismo varietal, un Malbec o un Syrah, cambia de vista, aroma y gusto según el valle donde creció la uva. Por otro, describe lo que ya es una realidad del propio concurso: llegan muestras de todos los valles vitivinícolas del país, agrupados en cinco grandes regiones (Norte, Litoral, Atlántico, Patagonia y Cuyo).
"Es un concurso donde los valles de San Juan y los valles del país se encuentran", sintetiza el enólogo.
De concurso local a certamen federal
El salto de un concurso de eje cuyano a uno con alcance nacional no fue un hecho aislado sino el resultado de años de trabajo de las instituciones organizadoras, potenciado por las redes sociales y el boca en boca dentro de la industria. Este año ya confirmaron presencia bodegas y elaboradores de Salta, Jujuy, Entre Ríos, Chubut y La Rioja, provincias que en muchos casos recién están incursionando en la actividad vitivinícola.
El certamen está organizado por el Consejo Profesional de Enólogos (CPE) y el Centro de Enólogos de San Juan, con el respaldo del Ministerio de Producción, Trabajo e Innovación del Gobierno de San Juan.
La edición 2025 había reunido alrededor de 400 muestras y 90 bodegas de todo el país. Para 2026, la organización apunta a igualar o superar ese número: la recepción de muestras está abierta hasta el 28 de agosto, en septiembre se desarrollan la degustación y la puntuación, y la ceremonia de premiación se realizaría en la primera semana de octubre, aunque todavía sin fecha confirmada.
La ciencia detrás de la copa a ciegas
La cata a ciegas se garantiza con un sistema propio: apenas se inscribe una muestra a través del formulario online, el programa le asigna automáticamente un código alfanumérico. La botella física llega envuelta en papel madera, totalmente anónima, y el jurado degustador solo ve ese código. El panel está integrado principalmente por enólogos, aunque también participan periodistas, ingenieros agrónomos y sommeliers que puedan acreditar trayectoria y formación en el sector.
Los criterios técnicos siguen el orden clásico de la cata —olfato, vista y gusto— y el proceso ya fue auditado por un veedor de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), que pasó cerca de un mes controlando cada etapa. "Nos dio una devolución donde nos dijo que realmente la cata cumplía con todos los ítems de un concurso internacional", cuenta Doménech.
Cada muestra se puntúa a mano, copa por copa, siguiendo el orden vista, olfato y gusto.
Plata, oro y gran oro: cómo se reparten las medallas
El sistema de puntuación digital define tres categorías: medalla de plata para los vinos que obtienen entre 86 y 90 puntos, medalla de oro entre 91 y 94, y gran oro a partir de los 95 puntos. En las últimas ediciones, San Juan viene sumando varios gran oro, algo que Doménech atribuye tanto a la calidad de la materia prima como a la inversión de las bodegas locales en tecnología y maquinaria de última generación.
"Tenemos excelentes Malbec, muy buenos Syrah, muy buenos Viognier y Chardonnay", enumera sobre los varietales que, sostiene, ubican a San Juan a la par de Mendoza, la provincia que históricamente lidera la escena del Malbec argentino.
Un brindis con proyección de exportación
El reconocimiento que otorga el concurso no queda solo puertas adentro de la industria. Según Doménech, las medallas ayudan a instalar los vinos sanjuaninos en el mercado interno —ya presentes en todas las provincias— y a sostener la proyección internacional del sector, en un contexto de caída global en el consumo de bebidas alcohólicas. Para esta 38ª edición, dice, la expectativa pasa por algo simple: que se premie la calidad y el esfuerzo detrás de cada varietal argentino.