La canción popularizada en Argentina por Sandra Mihanovich dice en algunas de sus estrofas: "Por qué tengo que amar según los otros dicen", "la vergüenza real es no poder gritar: yo soy lo que soy". Una letra poéticamente contagiosa y alentadora, aunque la realidad indica que no es tan sencillo gritar a los cuatro vientos cuando el género o conducta de una persona no está directamente asociada al sexo asignado al nacer. Para poder decir "soy lo que soy", hay que recorrer un camino plagado de luchas contra la discriminación, la violencia y la exclusión en muchos ámbitos de la vida. Ni hablar de los obstáculos que deben enfrentar para acceder a derechos fundamentales y servicios básicos a los que aspira cualquier persona. 

En la Argentina la Ley 26.743 ampara los derechos de las personas transgénero, que garantiza el reconocimiento registral conforme la identidad autopercibida, el trato digno y el acceso a derechos para todas las personas, en igualdad de condiciones.

Marcela Rouge y Benjamin Cortéz se animaron a contar sus historias, a sacar sus sentimientos a la luz y sobre todo a relatar cómo debieron enfrentar la vida familiar y social. 

 

> Marcela Rouge/Peluquera

 

 

"Siempre me sentí mujer"

 

Los primeros recuerdos de Marcela se remiten a la etapa previa al jardín de infantes cuando ella a pesar de haber nacido con genitales masculinos, nunca se percibió como tal. Sus juegos, sus necesidades, todo lo sentía y vivía como mujer. Lo que no sabía es que ese sería el comienzo de un camino difícil de transitar. Marce es una persona que se gana la vida como peluquera, es actriz de vocación -acaba de presentar su primer varieté en el Centro Cultural Conte Grand-, y su familia la admira por todos sus logros. En la actualidad pasa por un momento de gran felicidad aunque sabe que su lucha continúa desde el lugar que le da una identidad bien ganada.

"Se nace así. Desde que tengo conocimiento me he manifestado como mujer, me sentía más cómoda con todos los juguetes que por aquel entonces eran sólo de nenas. El desconocimiento de mi familia los llevó a reprimirme, retarme para que eso no floreciera. Luego comencé el jardín de infantes y se sumó la represión de mis educadores. Recuerdo que mi maestra me retaba, me tiraba la oreja para que fuera a jugar con los varones. Me decía claramente que los nenes debían jugar con los nenes, y las nenas con las nenas. Me reprimieron tanto que me volví una persona super cerrada, la pasé mal toda la escuela primaria. No salía a los recreos, no iba al baño, y si lo hacía sentía terror porque la gente me daba miedo. Comencé con ataques de ansiedad, sin saber de que se trataba, fue una etapa muy difícil", cuenta Marcela Rouge.

Sólo era feliz cuando estaba en soledad. Se escondía en algún lugar de la casa para jugar a las casitas, con sus historias inventadas sin que nadie pudiera verla y mucho menos ofenderla.

"Me proyectaba como la heroína, siempre como mujer, es más creo que de ahí nace mi amor por la actuación", indica.

Aunque para algunos parezca increíble, en la adolescencia su cuerpo empezó a hablar por ella. Sus formas femeninas eran evidentes y surgían en forma natural. Todo indicaba lo que ella ya sabía y sentía. "En esa etapa de más rebeldía y a escondidas empecé a usar ropa más ajustada, algo que incomodaba mucho a mi familia al punto que cuando me puse de novia por primera vez, no querían saber nada. Claro que empecé a tener voz e imponerme con lo que yo quería", agrega.

Esa rebeldía y ganas de ser lo que era, la llevó a dejar su casa a los 15 años, e irse a vivir a Mendoza con su pareja. Allí estudió peluquería y logró sentirse libre, aunque el costo fue alto: pasó hambre, frío y muchas necesidades.

Por esa época también dejó la escuela secundaria. No soportaba más el bullying de sus compañeros, desde agresiones físicas hasta verbales que la obligaban a escaparse antes del establecimiento. "Me rompían mis cosas, me pegaban, me escupían, y nunca olvido un día que llegaron a cortarme los cuadernos con un cuter, cosas que te llevan a preguntarte como puede haber tanto odio y maldad hacia un pibe. ¿Qué les enseñaban en su casa para creer que alguien merece ese trato? La pasé mal hasta con los docentes", relata.

De Mendoza regresó a su casa como Marcela. Su familia la recibió bien, las aguas se habían calmado. "Yo seguía siendo la misma persona, sólo con el pelo más largo, porque nunca tuve que exagerar nada, todo salía naturalmente. Con el tiempo entendí que mi familia, sobre todo mi mamá, tuvo miedo porque a las mujeres trans se las relaciona con la marginalidad y otras cosas, en mi caso y con esfuerzo pude hacer otro camino, siempre me las rebusqué".

Su parte artística surgió en Rapsodia donde subió al escenario como drag queen, y quedó fascinada, claro que tampoco era tan sencillo porque hasta ese momento – y ahora inclusive-, no habían chica trans -sólo una que ya se había retirado-. Igual quedó en el staff y ese fue el inicio de su sueño en la actuación. Después llegó la "Fiesta del Sol nos une" en el Teatro Sarmiento, junto con Dany Love quien la impulsó mucho en su carrera. Hoy en día Marcela puede gritar que está cumpliendo todos sus sueños. 

 

> Benjamín Cortéz/Empleado

 

"Con orgullo puedo decir que lo logré"

 

A los 19 años logró cambiar su DNI para finalmente llamarse Benjamín Elías Cortéz, sólo un sueño cumplido porque aún queda mucho por hacer. Quiere ser padre y se prepara con su pareja para iniciar un tratamiento de inseminación y así formar la familia que tanto anhela.

Siempre se sintió varón, jamás quiso usar prendas femeninas ni tuvo conductas vinculadas socialmente con las niñas, al contrario, prefirió jugar al fútbol, a las balitas, los trompos con sus amigos del barrio en Chimbas que era con quienes se identificaba. A los 12 decidió que su nombre sería Benjamín (como su primer ahijado), y Elías (como su papá), aunque sus conocidos le dicen Kiki como siempre. 

El primer gran obstáculo fue la familia, y ni decir lo duro que fue hacer la escuela primaria, y secundaria, donde fue sancionado, reprendido y luego echado porque entraba al baño de los varones. "Me daba vergüenza entrar al de chicas porque yo me sentía varón, pero nadie lo entendía. Ir a la escuela, ir al médico, todo fue un problema en mi infancia. Me hicieron mucho bullying, me decían marimacho. La pasé muy mal, incluso algunos hombres me pegaron porque como yo me consideraba hombre decían que me tenía que defender de ese modo. Siempre me han mirado feo en muchos lugares", relata.

La aceptación familiar fue clave para que Benja pudiera vivir acorde a lo que él sentía que era. "Recién cuando mi mamá y mi papá lo asimilaron pude hacerlo. Era menor y necesitaba contar con ellos por eso esperé hasta los 19 para cambiar mi documento. A ambos les costó mucho, pero más a mi mamá. Mi papá fue más compinche, incluso me compraba las cosas para el fútbol, claro que cuando besé por primera vez a una chica y se lo dije se enojó mucho y no quería aceptarlo. Luego me pidió disculpas y con el tiempo todo fue cambiando. En la actualidad me tratan como su hijo y me adoran", dice Benjamín.

Conseguir trabajo no fue nada sencillo. La discriminación también estaba a la orden del día. Empezó en el Estacionamiento Controlado (Eco) en 2013, una etapa en la que la mayoría de los empleados eran varones a los que les costaba mucho aceptarlo. Luego ingresó a la Obra Social Provincia de la Municipalidad de la Capital donde es pasante desde hace casi diez años. Nunca logró ser contratado y mucho menos ingresar a planta. 

Entre las anécdotas figura la primera vez que fue a votar a los 18 años. "La señora presidenta de mesa creyó que la estaba cargando porque aún tenía DNI de mujer pero mi aspecto siempre fue masculino. No creía que era yo, me maltrató bastante, no me dejó votar y me retiré llorando. Cuando llegué a casa les conté a mis padres y regresamos a la escuela, le explicaron a la gente de Gendarmería y ellos me recomendaron que la denunciara pero no quise hacerlo. Creo que en algún momento iba a entender las cosas", indica. 

A pesar de todos los obstáculos, su anhelo más grande es ser padre y se prepara junto a su pareja en el Hospital Rawson. Allí reciben tratamiento psicológico y físico para una próxima inseminación artificial. 

"Me tratan super bien, incluso la persona que lleva todo mi proceso previo al tratamiento hormonal es una mujer transgénero, está atenta a todo, y los médicos tienen también una atención espectacular. Ellos tienen asimilado todo, gracias a Dios", dice Benja.

En lo deportivo sigue jugando al fútbol aunque ya no tiene tanto tiempo como antes, y no duda en gritar al mundo que "con mucho orgullo puedo decir que lo logré".

 

DÍA D

El 31 de marzo fue declarado a nivel mundial el "Día de la Visibilidad Trans", con el fin de reivindicar la dignidad y los derechos de las personas trans y reflexionar sobre sus condiciones de vida. No hay que perder de vista que en todo el mundo son víctimas de ataques y crímenes de odio, sin contar que generalmente son excluidos del hogar, tienen dificultad para acceder al sistema salud, educación, trabajo, entre otros. Esto lleva a la precariedad del bienestar general y la reducción de la expectativa de vida.

 

  • IDENTIDAD

La identidad de género hace referencia a la experiencia personal de ser hombre, mujer o de ser diferente que tiene una persona; la expresión de género se refiere al modo en que alguien comunica su identidad de género a otras a través de conductas, su manera de vestir, peinados, voz o características corporales. El prefijo "trans" se usa a veces para abreviar la palabra "transgénero". Sí hay que aclarar que no todas las personas cuyo aspecto o conductas no coinciden con su género se identificarán como personas trans. 

Las maneras en que se habla sobre las personas trans en el ámbito académico, científico y de la cultura popular están cambiando constantemente, en particular, a medida que crecen la concientización, el conocimiento y la apertura sobre las personas trans y sus experiencias. 

 

Fotos Gentileza Marcela Rouge y Benjamín Cortéz