Una combi utilitaria modelo 2001, una caja de herramientas, dos paneles solares y el anhelo irrefrenable de vivir sin horarios de oficina. Así nació la aventura de Mariana Parra Alessi (28) y Santiago Pósleman Mas (29), una pareja de sanjuaninos que decidió desafiar los mandatos tradicionales, vender lo prescindible y convertir un furgón en su propia casa rodante para lanzarse a la ruta sin boleto de regreso.
Leé más historias inspiradoras de viajes y estilo de vida en Diario de Cuyo
La protagonista mecánica de este cambio de vida se llama "La Pituca Viajera", una Mercedes-Benz Sprinter 312 que compraron en plena pandemia por 6.000 dólares en la localidad de Rawson. El techo alto fue una condición innegociable desde el primer minuto: Santiago mide casi 1,90 metros y necesitaba estar de pie con total comodidad en el habitáculo.
Del monoambiente y la oficina a la ruta abierta
Mariana y Santiago se conocen desde la adolescencia, cuando compartían actividades juveniles en la Parroquia de Santa Lucía. Con el paso de los años, aquella amistad se transformó en noviazgo al descubrir que compartían una misma sintonía: el amor por la naturaleza, el compostaje y las escapadas a la montaña.
En el plano profesional, ambos contaban con una trayectoria consolidada. Santiago se recibió de ingeniero civil en mayo de 2022 y trabajaba en gestión y control de obras para una empresa constructora. Mariana se graduó como contadora en 2021 en la Universidad Católica de Cuyo, pero dio un vuelco hacia el sector tecnológico como project manager en una firma de software, modalidad que le abrió las puertas al trabajo remoto.
Pese a convivir en un departamento alquilado en la capital de San Juan, eligieron despojarse del consumo acumulativo: "Somos muy sencillos. El departamento es amoblado y lo único nuestro es la heladera; nunca nos interesó llenarlo de cosas. Todas nuestras inversiones, ahorros y horas libres estuvieron siempre enfocados en La Pituca", explica Mariana.
"Todas nuestras inversiones, ahorros y horas libres estuvieron siempre enfocados en La Pituca" "Todas nuestras inversiones, ahorros y horas libres estuvieron siempre enfocados en La Pituca"
Ingeniero de obra y contadora albañil: el desafío de camperizar con sus manos
Convertir un transporte de pasajeros en una vivienda funcional demandó meses de aprendizaje autodidacta y esfuerzo físico. Durante el primer año retiraron los 16 asientos originales, rasquetearon la chapa, aislaron las paredes y reconstruyeron el piso.
La distribución de tareas surgió de manera natural:
- Santiago, el "jefe de obra": aplicando el rigor técnico de la ingeniería para resolver circuitos eléctricos, plomería y anclajes estructurales.
- Mariana, la "albañil de trinchera": aprendiendo desde cero a manejar caladoras, taladros y tornillos para colocar cada listón de madera.
El proceso no estuvo libre de tropiezos. En su primera Revisión Técnica Obligatoria (RTO), el furgón no pasó la prueba y tuvieron que reconstruir el tren delantero. Para sortear los desafíos mecánicos contaron con la guía a distancia de "Shanti de viaje", una pareja pampeana con un vehículo idéntico que compartió tutoriales y asesoramiento clave para optimizar cada rincón.
Autonomía total: la ingeniería aplicada a un microhogar rodante
Para no depender de paradores ni tendidos eléctricos comerciales, la combi fue equipada con un sistema autosustentable de última generación:
- Energía solar y red eléctrica: circuito a 12V con inversor a 220V, batería auxiliar de ciclo profundo y dos paneles solares montados sobre el techo.
- Gestión integral del agua: tanque de 120 litros de agua limpia, depósito de 100 litros de aguas grises y calefón a gas de 6 litros para duchas calientes.
- Cocina y refrigeración: anafe con horno, garrafa de 10 kilos y heladera de 12V con freezer.
- Sanitarios ecológicos: habitáculo de baño cerrado con ducha e inodoro seco compostero.
Cómo financiarse en viaje: cerámica, malabares e impresión 3D
Mariana y Santiago tienen en claro que el proyecto no consiste en unas vacaciones prolongadas, sino en un estilo de vida nómade autosustentable. Para solventar el combustible, la comida y el mantenimiento del motor, idearon un esquema de ingresos diversificado:
- Cerámica artesanal: venta de piezas utilitarias y decorativas modeladas a mano por Mariana.
- Arte y destreza circense: presentaciones callejeras de malabarismo y equilibrio en cuerda floja a cargo de Santiago.
- Objetos de diseño en 3D: comercialización de artículos fabricados con impresoras 3D provistas por el hermano del ingeniero.
También siguen con sus trabajos remotos.
La filosofía de soltar: "El tiempo es lo más valioso que tenemos"
El desafío más complejo no fue mecánico ni económico, sino derribar los prejuicios culturales frente a la renuncia al empleo tradicional. Con el tiempo, sus familias y amigos comprendieron la profundidad del proyecto y se transformaron en el principal sostén anímico.
"En la rutina sentía que me faltaba tiempo para vivir. Sabemos que viajar no es estar de vacaciones permanentes, pero queremos salir de lo estructurado. A los viajes los hace la gente y queremos llenarnos de historias en pueblitos donde nadie va", reflexiona Santiago.
Para Mariana, la meta trasciende el mapa geográfico: "Salir a la vida en una casa rodante te cambia las prioridades. De lo que estamos seguros es que el tiempo es irrecuperable. La clave fue soltar, confiar y construir nuestro propio destino".
A través de su cuenta de Instagram (@lapitucaviajera), la pareja comparte el avance del viaje e invita a sumarse a una comunidad que encuentra en la ruta una forma genuina de libertad.