15 de septiembre de 2025 - 01:00

El viento que recibió el nombre de las pampas

La cultura de la llanura tiene su propia biblioteca. En ella anidan refranes, leyendas, payadores, huellas, paisajes, zambas, retratos, milongas, las típicas plazas de pueblo, con sus iglesias, edificios municipales y el prócer de turno en el centro, oteando la planicie. Pero además, la Pampa da nombre al viento del Sudoeste, que bien seco, o con lluvias llega y limpia el horizonte con su helada presencia. Es allí cuando la sensibilidad del hombre de la llanura, frente a los ciclones de turno que mojan sus recuerdos mezclados con lágrimas, registra su sentir en un papel ajado y escribe cosas como este fragmento:

“Canto al Pampero/ Pampero viajante eterno/ Alivia mi sentimiento// Haz olvidar con tu aliento/ Los pesares de este infierno/

Que las alas de tu invierno/ Recubran mi corazón/ Y destierren la emoción/ Que pesa en este momento// Y que el polvo ceniciento/ ciegue mi desolación// Pampero pesan mis ojos/ Por esperarte despierto/ Amanece y el desierto/ Pinta horizontes de rojo/ Tu que abres los cerrojos/ Ven y rompe mis cadenas/ Y llévate con las penas.

 

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