Cuando la infancia se encuentra atrapada por el drama de las drogas

El caso del niño intoxicado con cocaína en Rawson, del que se tomó conocimiento hace unos días, expone una realidad alarmante que golpea silenciosamente a muchas familias sanjuaninas. La problemática de las adicciones ya no puede ser abordada únicamente como un tema de seguridad, sino también como una profunda emergencia social y sanitaria.

El estremecedor episodio ocurrido en el Barrio Licciardi, en Rawson, donde un niño de apenas cuatro años terminó internado tras haber dado positivo de cocaína, vuelve a encender todas las alarmas sobre el impacto devastador que el consumo de drogas está teniendo en los sectores más vulnerables de la sociedad. El pequeño se descompensó mientras jugaba a la pelota en una plaza y debió ser trasladado de urgencia a un centro de salud, donde los estudios toxicológicos confirmaron la presencia de estupefacientes en su organismo. Detrás de esa escena dramática aparece una trama todavía más dolorosa: denuncias previas de violencia familiar, golpes en la cabeza del menor y un entorno atravesado por la vulnerabilidad.

El caso conmociona por la corta edad de la víctima, pero también porque deja al descubierto una realidad que ya no puede considerarse excepcional. Las autoridades provinciales vienen advirtiendo sobre un crecimiento sostenido de situaciones vinculadas al consumo problemático dentro de hogares donde viven niños. Los datos oficiales son contundentes: actualmente hay más de 200 menores desvinculados de sus familias por contextos asociados al consumo de drogas y otras situaciones de riesgo. La cifra refleja una fractura social profunda que exige respuestas urgentes y sostenidas.

Cuando las adicciones ingresan al núcleo familiar, las consecuencias suelen recaer primero sobre los más indefensos. Los niños quedan expuestos al abandono, la violencia, la negligencia y, en casos extremos, a intoxicaciones como la ocurrida en Rawson. Lo más preocupante es que ya se registran consumos en menores desde los ocho años, un indicador que habla de la naturalización y expansión de una problemática que avanza sobre todos los sectores sociales.

Frente a este escenario, el Estado provincial comenzó a fortalecer herramientas de contención y protección. La redefinición de Casa Activa como espacio destinado a niños en situación de vulnerabilidad representa una medida importante. Los complejos de Chimbas y Pocito buscarán ofrecer alojamiento, asistencia psicológica, acompañamiento social y abordaje integral para menores afectados directa o indirectamente por las adicciones. También se proyecta que estos centros funcionen como espacios de recuperación y reinserción para quienes regresen de tratamientos fuera de la provincia.

Sin embargo, ninguna política pública alcanzará por sí sola si no existe un compromiso colectivo. La lucha contra las drogas no puede limitarse únicamente al combate contra el narcotráfico. También implica fortalecer vínculos familiares, ampliar el acceso a la salud mental, mejorar la prevención en escuelas y barrios, y actuar rápidamente ante las primeras señales de vulnerabilidad.

El niño de Rawson logró sobrevivir y hoy se encuentra fuera de peligro. Pero su historia deja una pregunta dolorosa que interpela a toda la sociedad: ¿cuántas infancias más deberán quedar atrapadas en el drama de las drogas antes de que comprendamos la verdadera dimensión del problema?

LAS MAS LEIDAS