Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

Los procesos electorales en América Latina

Por Rosendo Fraga

Cuba se consolida como el principal foco de tensión entre Estados Unidos y América Latina. Durante abril se profundizó la tensión entre Washington y La Habana, consolidando a la isla como el punto de fricción política más importante en la región. El presidente Donald Trump dejó abierta la posibilidad de que, una vez concluida la guerra contra Irán, su administración concentre esfuerzos en Cuba, en un contexto de creciente presión económica y diplomática orientada a un cambio de régimen. La estrategia ya se manifiesta en el endurecimiento del "cerco energético", con restricciones a los envíos de petróleo que afectan severamente el funcionamiento de la economía cubana, que depende en gran medida de estas importaciones. Desde Washington se sostiene que el sistema político y económico de la isla es inviable, mientras que desde La Habana se denuncia una política de asfixia externa.

En este marco, el gobierno de Miguel Díaz-Canel va combinando señales de apertura con una firme negativa a aceptar condiciones que impliquen cambios en el régimen político. Al mismo tiempo, el liderazgo cubano endureció su discurso ante la posibilidad de una intervención, advirtiendo que el país está dispuesto a defenderse incluso en un escenario de confrontación militar. La llegada de apoyo energético puntual desde Rusia alivió parcialmente la crisis, pero no alteró la tendencia de fondo. De esta manera, la relación entre Cuba y Estados Unidos se encamina hacia una fase de mayor confrontación, en la que se combinan los contactos diplomáticos, una presión económica creciente y la posibilidad de una escalada política o incluso militar.

La elección presidencial en Perú confirmó la fragmentación de su sistema político y proyecta un balotaje abierto dentro de la derecha. Los resultados de la primera vuelta presidencial en Perú confirman la vigencia de la crisis del sistema de partidos peruano, con una clara dispersión del voto y una baja capacidad para estructurar mayorías que den gobernabilidad. Con el 93,1% de las mesas escrutadas, Keiko Fujimori -líder de Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori- se ubica en primer lugar con alrededor del 17% de los votos, aunque muy lejos de haber alcanzado una ventaja decisiva que evite el balotaje. La disputa por el segundo lugar -y por lo tanto por el ingreso a la próxima definición del 7 de junio- se mantiene abierta entre Rafael López Aliaga -empresario y referente conservador de Renovación Popular- con el 11,9% y Jorge Nieto -académico y ex funcionario de centroderecha-, con 12%, mientras que otros candidatos como Ricardo Belmont y Roberto Sánchez se ubican en torno al 10% y 11%.

El presidente Donald Trump dejó abierta la posibilidad de que, una vez concluida la guerra contra Irán, su administración concentre esfuerzos en Cuba, en un contexto de creciente presión económica y diplomática orientada a un cambio de régimen. El presidente Donald Trump dejó abierta la posibilidad de que, una vez concluida la guerra contra Irán, su administración concentre esfuerzos en Cuba, en un contexto de creciente presión económica y diplomática orientada a un cambio de régimen.

Esta distribución muestra un escenario atomizado en el que varios candidatos concentran porcentajes similares sin que emerja un liderazgo dominante, un fiel reflejo de la continuidad de la crisis de representación que atraviesa el país desde hace varios años. A ello se sumaron problemas logísticos durante la jornada electoral, que obligaron a extender la votación en algunos distritos y generaron sospechas, lo que trajo todavía más incertidumbre al proceso. En términos políticos, la elección no logró estructurar una polarización clara ni un eje ordenador, con campañas que estuvieron más centradas en problemas de gestión y la estabilidad institucional, que en proyectos políticos claros y diferenciados. De cara al balotaje, el escenario permanece abierto, con un electorado volátil donde las alianzas y la transferencia de votos serán lo que determine el resultado final, aunque hay un dato relevante que puede leerse en clave regional: termine siendo López Aliaga o Nieto, la segunda vuelta del 7 de junio se dirimirá entre dos candidatos de centroderecha, un anticipo de la orientación que tendrá el próximo gobierno peruano.

Mientras tanto en Brasil, que es el primer electorado de América Latina, va camino a su elección presidencial en octubre. Mientras hace seis meses el triunfo de Lula parecía un hecho irreversible, la intención de voto ha ido cambiando drásticamente. Las mediciones más favorables a Flavio Bolsonaro, el candidato que concentra el voto de la derecha, dan una estrecha diferencia de cuatro puntos a favor de Lula (39% a 35%). Es una diferencia que no implica definición en el electorado brasileño.

Esta elección es clave para Estados Unidos. Es que un triunfo de un aliado de Trump en Brasil, como sería Flavio, sería un avance muy fuerte para la consolidación del proyecto hemisférico del presidente estadounidense. Por su parte, la familia Bolsonaro trabaja en equipo en términos electorales y ha logrado que los sectores empresarios empiecen a dejar los reparos que tenían sobre las ideas económicas del hijo de Bolsonaro. Hoy la elección brasileña se encuentra fuertemente polarizada entre los Bolsonaro y Lula. La derrota del ex presidente no parece jugar en contra de las posibilidades de Flavio y sobre esta premisa el candidato del partido liberal -como se denomina el espacio político de los Bolsonaro- mantiene posibilidades de ganar. Cabe recordar que dos meses atrás la ventaja de Lula era de diez puntos y hoy, de acuerdo a diversas mediciones, la diferencia se habría achicado a entre uno y cuatro puntos.

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