Por Candelaria Palacios
Por Candelaria Palacios
Instituto de Análisis Económico del Derecho - Facultad de Derecho Universidad Católica de Cuyo
Como usted podrá notar, incluso sin ser cercano al entorno, la minería en nuestra provincia parece tomar cada vez más protagonismo. Un gran reflejo de ello fue la recientemente organizada Feria Minera, un evento llevado a cabo durante los días 6, 7 y 8 de mayo, al que asistieron grandes empresarios, trabajadores, figuras políticas y estudiantes curiosos que recorrieron stands y se asomaron a los proyectos que se ejecutan hoy o se proyectan para un futuro próximo.
Podría decirse que el sentimiento colectivo durante esos días fue de esperanza, poniendo a San Juan en la mira del mundo. Abiertos a crecer, proyectar e innovar. Sin embargo, postularse ante la mirada del capital extranjero es un juego meticuloso y riguroso., y es precisamente eso lo que este artículo se propone explorar: aquello que debemos conocer antes de sentarnos a esa mesa.
La explotación de recursos naturales ha acompañado posiciones en ciertos círculos que limitan la industria minera al concepto limitado de extractivismo que se popularizó en América Latina con un sesgo negativo hacia la actividad.
Esos autores, que cada vez levantarán más la voz antes las aprobaciones de nuevos proyectos mineros en provincias cordilleranas, son en su mayoría críticos en asociar el calificativo de "industria" a la minería, no tienen dificultad en hablar de industria automotriz sin calificarlas como ensamblado de autopartes en efecto. Responden al sesgo de rotular "industrias extractivas" en forma despectiva a la actividad minera
El extractivismo refieren ellos a aquellos procesos de extracción de recursos naturales en grandes volúmenes o bajo alta intensidad, orientados fundamentalmente a la exportación como materias primas sin mayor procesamiento local. Nuestro desafío no es solo generar una actividad minera responsable y sustentable, sino que derrame en las comunidades locales, no solo en empleo, sino en transformación de impacto y calidad.
Siempre las expectativas de bienestar deben promover el cuidado del ambiente, el proceso de explotación no solo debe ser técnicamente apropiado y económicamente viable. Debe ser no solo socialmente aceptado, sino socialmente valorado, de manera tal que permita satisfacer las necesidades crecientes y lograr el bienestar exigido por los habitantes de la región
La materialidad y el impacto de la acción minera es mayormente local, si bien los condicionantes de explotación están directamente afectados por factores globales, como las inversiones, precios o demanda internacionales, lo local debe tener un peso determinante a efecto del desarrollo de esta industria.
Dado que son fenómenos multidimensionales, hace que las capacidades que tienen las comunidades locales, e incluso de los gobiernos de abordar estos desafíos implican un importante desafío.
A esto se suma un factor que no depende ni de las comunidades locales ni del gobierno nacional o provincial, que es que la demanda de un mineral puede cambiar de manera repentina ante un cambio tecnológico. El litio que hoy motoriza proyectos enteros podría perder relevancia si una nueva química de baterías lo desplaza. Afortunadamente para nosotros los sanjuaninos el cobre no parece tener esos riesgos por delante.
De esta manera, la minería representa una oportunidad real para el desarrollo económico, geopolítico y de otros aspectos en San Juan. Sin embargo, que esa oportunidad se traduzca en un beneficio genuino para la comunidad no es algo que ocurra de manera automática. Depende, en gran medida, de la solidez de las políticas que regulen el proceso: contratos que protejan las rentas provinciales, estándares ambientales claros y una visión que trate la riqueza mineral como un puente hacia algo más, no como un punto de llegada.