22 de abril de 2026 - 06:00

El Desierto de Atacama cada vez más afectado por montañas de ropa desechada

EDITORIAL

El paisaje árido del Desierto de Atacama, uno de los más extremos del planeta, se ha convertido en un símbolo inquietante de la crisis ambiental contemporánea. Allí, donde la naturaleza parecía imponer límites infranqueables, hoy se levantan montañas de ropa descartada que revelan el costado más oscuro de la industria textil global. Se estima que cada año se acumulan cerca de 39.000 toneladas de prendas, muchas de ellas nuevas o apenas usadas, provenientes del circuito de la moda rápida.

El fenómeno no es casual. El Puerto de Iquique se consolidó como una puerta de entrada clave para la ropa usada en América Latina, recibiendo entre 120.000 y 180.000 toneladas anuales. La baja presión impositiva y la falta de controles efectivos han facilitado un circuito comercial que termina desbordando cualquier capacidad de gestión de residuos. Lo que no se vende ni se reutiliza, simplemente se abandona en terrenos fiscales, transformando vastas extensiones en basurales ilegales.

El impacto ambiental es profundo y persistente. Gran parte de estas prendas está compuesta por fibras sintéticas que no son biodegradables. Su acumulación degrada el suelo y altera un ecosistema ya de por sí frágil. Peor aún, la quema ilegal de estos residuos -una práctica frecuente- libera gases tóxicos y microplásticos, generando una amenaza invisible pero constante para la salud humana y ambiental.

La gravedad de la situación ha derivado en demandas judiciales contra el Estado chileno por inacción. Un fallo reciente obligó a avanzar en la reparación del daño ecológico, mientras se discuten nuevas regulaciones en el marco de la Ley de Responsabilidad Extendida al Productor (Ley REP). Sin embargo, las respuestas aún resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.

El caso de Atacama trasciende las fronteras de Chile. En Argentina, la flexibilización de las restricciones a la importación de ropa usada ha impulsado un crecimiento sostenido de este mercado. En apenas cuatro meses de 2025 ingresaron cerca de 200 camiones, con un récord mensual superior a las mil toneladas. El 90% de ese volumen provino de Chile, replicando un circuito que ya ha demostrado sus consecuencias ambientales.

Las advertencias del sector textil argentino no deben ser ignoradas. La avalancha de prendas de segunda mano no solo afecta a la producción local, sino que también podría sentar las bases de un problema ambiental similar si no se implementan controles adecuados. La experiencia de Atacama es, en este sentido, una señal de alerta que la región no puede desoír.

El desafío exige una mirada integral. No alcanza con regular la disposición final de los residuos, es necesario intervenir en todo el ciclo, desde la producción hasta el consumo. La industria de la moda debe asumir su responsabilidad, los Estados deben fortalecer sus marcos regulatorios y la sociedad debe repensar sus hábitos de consumo.

El desierto no debería ser el destino final de lo que el mundo decide descartar.

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