Por Mario Alfredo Luna - Abogado y Expresidente del Concejo Deliberante de Jáchal
Una cuestión medular de los modelos inherentes a la relación precio-costos en el mundo real de las relaciones económicas indica que hay al menos dos teorías que se sacan chispas en la vorágine dialéctica por establecer, cada una, su propia verdad como parámetro dominante: si los precios determinan los costos o, por el contrario, son los costos los que determinan los precios.
Teoría 1: los costos determinan los precios
Por un lado, hay una teoría tradicional que indica que los costos determinan los precios, lo cual implica, ipso facto, pasar a una lógica de control por parte del poder público sobre los costos del sector privado. Ello es así porque el fin declamado por la intervención estatal es anclar los precios futuros al estudio de costos estimados por dicha planificación. Es una estrategia de control de la inflación por la vía del control de costos.
Entonces, para conseguir el objetivo de controlar la inflación, el Estado debe intervenir en la economía, no quedándole a esta tesitura otra alternativa que inmiscuirse en la relación de los valores de la producción para alcanzar un precio ecuánime prefijado como meta de política económica.
Ejemplo: si un bien de consumo es vendido a un precio final que supera un valor máximo estimado como resultado de la suma de los costos más una ganancia considerada razonable, el Estado puede ajustar este "fallo de mercado" desactivando o modificando los dispositivos de abaratamiento de costos que puso en vigencia para controlar los precios finales. Tales mecanismos pueden ser préstamos a tasa subsidiada, cupos a la importación, aranceles, acuerdos salariales a término, exenciones o desgravaciones impositivas, reducción de costos laborales, subsidios a la energía o al transporte, acceso a un dólar oficial más bajo que el del mercado libre, entre otros.
Esta teoría fue aplicada muchas veces en la Argentina, con diversos resultados transitorios y parciales de contención de precios que, finalmente, por la presión acumulada que tales mecanismos generaban, derivaron en procesos inflacionarios severos. Así, se transitó del auge a la caída de la efectividad de estas políticas de intervención.
Teoría 2: los precios determinan los costos
Esta teoría tiene un presupuesto básico previo: debe funcionar bajo condiciones de una economía de relativa libertad de mercado.
Bajo ese supuesto, su explicación indica que el precio de los bienes lo establece la demanda de consumo final, lo que exige a la oferta de bienes y servicios ajustar sus costos de producción para obtener beneficios, en lugar de sumar costos y luego añadir un margen de ganancia.
Otro fundamento es que el consumidor paga por la utilidad o escasez del producto, independientemente de lo que costó producirlo. De este modo, el comportamiento de la demanda corrige los excesos de la oferta. Si los costos superan el precio que el mercado está dispuesto a pagar, el producto queda sin vender, obligando a la oferta, por competencia y supervivencia, a eficientizar la producción y reducir costos.
Un punto central de esta teoría es que los empresarios anticipan el precio futuro para decidir sus costos al momento de producir. En un contexto de competencia, entonces, el precio determina los costos.
Otro requisito es la coordinación con la teoría cuantitativa de la inflación: la cantidad de dinero debe mantenerse estable, evitando la emisión discrecional. En ese esquema, la monetización debería provenir de la inversión privada. Sin embargo, en la práctica, incluso gobiernos que adhieren a esta visión utilizan herramientas estatales, como la baja de encajes bancarios, para dinamizar la economía y evitar el estancamiento derivado de una restricción monetaria excesiva.
Subestimación de la geopolítica privilegiando el economicismo
Uno de los principales límites de esta postura, de fuerte impronta economicista, es la subestimación de factores extraeconómicos. Existen variables geopolíticas y geoeconómicas que generan impactos decisivos y pueden desarticular los modelos teóricos.
Hoy se observa que los países tienden primero a definir sus intereses nacionales y luego a alinear a ellos la política económica. Por ejemplo, en Argentina, el gobierno venía destacando la baja de la inflación sobre la base de postulados de la escuela austríaca y monetarista, pero el salto del precio internacional del petróleo por la guerra en Medio Oriente alteró esas proyecciones.
Esto demuestra que las anteojeras ideológicas pueden resultar perjudiciales cuando impiden ver la dinámica real del poder. En contextos como este, se vuelve necesaria una intervención activa del Estado para proteger el mercado interno y desacoplar variables externas, como el precio del petróleo.
Todo lo expuesto lleva a concluir que, al menos en Argentina, ambas teorías tienen elementos válidos para aportar. El desafío radica en cómo combinar lo mejor de cada una.
Tan riesgoso es intervenir de manera creciente en la cadena de costos, apagando la competencia, como dejar librados costos y precios a una dinámica donde la libertad de mercado puede derivar en un libertinaje de mercado.