Silvana Cataldo - Especialista en formación en lectura
Silvana Cataldo - Especialista en formación en lectura
El aprendizaje ocurre en todas partes. Durante el receso escolar también. Y es en el hogar donde podemos contribuir al descubrimiento de estrategias para aprender. Al iniciar un nuevo ciclo escolar, muchas familias se preguntan qué pueden hacer desde casa para acompañar los procesos y las propuestas de la escuela. Y la respuesta es que podemos hacer muchísimo. Durante años, la escuela asoció aprender con memorizar contenidos, repetir definiciones o estudiar para aprobar. Muchos adultos se formaron en ese paradigma y todavía conservan la creencia de que para ser un buen estudiante y tener éxito en un examen, es necesario repetir una y otra vez las lecturas hasta recordarlas. Sin embargo, hoy sabemos que el aprendizaje profundo va mucho más allá de la memoria: implica comprender, conectar ideas, emocionarse con lo que se aprende y encontrarle sentido.
La memoria es una aliada imprescindible, pero no funciona como un simple depósito de datos. Es una red dinámica que se fortalece cuando la información se vincula con experiencias previas, despierta curiosidad y se integra a situaciones significativas. Por eso, memorizar no equivale a aprender: el verdadero aprendizaje ocurre cuando el conocimiento se comprende, se explica con palabras propias y puede aplicarse en nuevos contextos.
Las emociones cumplen un papel central en este proceso. Aquello que despierta interés, entusiasmo o sorpresa se recuerda mejor y durante más tiempo. Un clima emocional positivo favorece la motivación, la participación activa y el deseo de seguir aprendiendo. Cuando un niño se siente seguro, valorado y desafiado de manera adecuada, su cerebro está más disponible para construir conocimiento.
La atención y la concentración también son pilares del aprendizaje. Pero no dependen solo del esfuerzo o de la disciplina: se fortalecen cuando las propuestas resultan interesantes y desafiantes. Hoy todos estamos preocupados por el debilitamiento de la atención en los chicos y adolescentes. Despertar la curiosidad es uno de los motores más potentes para invitarlos a sostener el foco en una propuesta. Por eso, más que insistir en "prestar atención", resulta más efectivo generar situaciones que inviten a explorar, preguntar y descubrir.
Muchas formas de aprender
Cada persona tiene sus propias características y se siente motivado por cosas diferentes. De modo que no todas las propuestas resultarán igual de desafiantes para todos los chicos. Es necesario ayudarlos a descubrir sus propios intereses y entender cómo aprenden mejor. No todos estudian del mismo modo ni responden igual ante las mismas estrategias. Algunos necesitan explicar en voz alta, otros organizar ideas en esquemas, otros vincular contenidos con ejemplos concretos. Aprender a aprender, descubrir de qué forma cada uno aprende mejor es, en sí mismo, un objetivo fundamental para todas las personas, porque nos permite desarrollar autoconocimiento y poner en práctica aquellas herramientas que nos ayuden a aprender a lo largo de toda la vida.
La familia tiene un rol clave en este aspecto. Por eso, acompañar a los chicos en etapa escolar es ayudarlos a contextualizar los aprendizajes. Cuando la información se conecta con la vida cotidiana, con problemas reales o con intereses personales, adquiere significado. El conocimiento deja de ser un contenido abstracto para transformarse en una experiencia comprensible y valiosa. En ese marco, el rol de los adultos no es solo transmitir información, sino generar condiciones para que los chicos construyan sentido.
Desde el hogar, existen acciones simples que pueden potenciar este proceso y convertir el aprendizaje en una experiencia más profunda y gratificante.
Cinco recomendaciones para acompañar el aprendizaje desde casa
1. Priorizar la comprensión por sobre la repetición. Preguntar qué entendieron, pedir que expliquen con sus propias palabras y conversar sobre lo aprendido ayuda a consolidar el conocimiento.
2. Crear un clima emocional positivo para aprender. El interés, la confianza y el reconocimiento del esfuerzo favorecen la motivación y la memoria.
3. Estimular la curiosidad. Hacer preguntas, buscar ejemplos en la vida cotidiana y promover la exploración fortalece la atención y el deseo de aprender.
4. Vincular los contenidos con experiencias reales. Relacionar lo que se aprende en la escuela con situaciones concretas facilita la comprensión y el recuerdo.
5. Ayudar a que cada chico descubra su forma de aprender. Probar distintas estrategias: resúmenes, esquemas, explicaciones orales, ejemplos, permite construir autonomía y confianza.
Acompañar el aprendizaje no significa saber más contenidos, sino generar las condiciones para que aprender tenga sentido. Cuando comprender reemplaza a repetir y la curiosidad guía el proceso, aprender deja de ser una obligación escolar para transformarse en una herramienta para la vida.