2 de marzo de 2026 - 06:30

Comunicación digital: herramienta imprescindible de la salud mental

Por Emiliano Follis - Especialista en comunicación organizacional

Los datos de salud mental en nuestra región se miden en cifras que estremecen. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cada año más de 97.000 personas en las Américas pierden la vida por suicidio, una tragedia que se filtra de manera alarmante entre los más jóvenes. En Argentina, los últimos datos epidemiológicos del Ministerio de Salud de la Nación (2023-2025) confirman esta tendencia y la dibujan con una crudeza ineludible: de los 22.249 intentos de suicidio notificados, más de la mitad se concentraron en adolescentes y adultos jóvenes de entre 15 y 24 años, y las tasas más altas se registran precisamente en el grupo de 15 a 19 años. Frente a estos números, la comunicación digital basada en evidencia deja de ser un mero instrumento de divulgación para convertirse en una herramienta de salud pública fundamental.

Para combatir esta pandemia silenciosa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó en 2021 la estrategia LIVE LIFE, un faro basado en evidencia que ilumina cuatro caminos concretos: limitar el acceso a medios letales, guiar a los medios de comunicación para una cobertura responsable, fomentar habilidades socioemocionales en los jóvenes e identificar tempranamente a quienes están en riesgo. Este marco es nuestra hoja de ruta, pero su implementación exige creatividad y adaptación a los nuevos territorios donde habita la población más vulnerable. No basta con emitir mensajes; debemos garantizar que lleguen a los oídos correctos.

Investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard publicaron en 2025, en la prestigiosa revista Health Communication, un estudio revelador titulado "Influenciando a los influencers". Su trabajo demostró que una intervención presencial para capacitar a creadores de contenido en salud mental de TikTok en comunicación basada en evidencia lograba un impacto profundo y duradero. Seis meses después de la capacitación realizada, estos influenciadores no solo habían incorporado prácticas más rigurosas, sino que había internalizado un nuevo papel, viéndose a sí mismos como promotores sanitarios válidos y responsables, legitimados por el respaldo científico.

Más de 97 mil muertes por suicidio al año en las Américas y cerca de 23 mil intentos en Argentina (2023-2025), concentrados en jóvenes de 15 a 24 años, exigen una respuesta urgente. La comunicación estratégica deja de ser un complemento para convertirse en una herramienta sanitaria esencial para prevenir esta pandemia silenciosa. Más de 97 mil muertes por suicidio al año en las Américas y cerca de 23 mil intentos en Argentina (2023-2025), concentrados en jóvenes de 15 a 24 años, exigen una respuesta urgente. La comunicación estratégica deja de ser un complemento para convertirse en una herramienta sanitaria esencial para prevenir esta pandemia silenciosa.

Este enfoque propuesto por los investigadores no es casual sino una estrategia fundamentada en la realidad del consumo informativo. Según el Instituto Reuters, el 72% de las personas entre 16 y 29 años utilizan las redes sociales como su principal fuente de noticias. Si los jóvenes ya están buscando y debatiendo sobre ansiedad, depresión o suicidio en plataformas como TikTok e Instagram, resulta no solo conveniente, sino imperativo que la salud pública establezca un diálogo genuino en ese mismo espacio digital. Los creadores de contenido, con su credibilidad orgánica y su alcance masivo, se erigen así en los traductores más efectivos para llevar la evidencia científica desde los papers académicos hasta el feed de las nuevas generaciones.

La clave del éxito de la intervención de Harvard con los influencers no fue solo el contenido, sino el contexto comunitario. La cumbre presencial no solo enseñó técnicas para que hablaran con evidencia científica sino, construyó una red de apoyo entre pares que revirtió el aislamiento típico de la creación de contenido. Esto refleja un principio mayor: la comunicación para la salud mental debe ser relacional, no transaccional. No se trata de soltar un comunicado por el hecho de trasmitir el mensaje sino, tejer alianzas, construir confianza y empoderar a quienes ya tienen la llave de la puerta digital de millones de jóvenes.

Por lo tanto, repensar la comunicación en salud mental en Argentina requiere de un giro audaz. Los gobiernos deben fortalecer el sistema de atención, pero paralelamente, debemos lanzarnos a conquistar el ecosistema digital con la misma seriedad con la que planificamos una campaña de vacunación. Esto implica invertir en formar una nueva generación de comunicadores digitales aliados, adaptar las guías LIVE LIFE para creadores de contenido y, crucialmente, reconocer en la futura modificación de nuestra Ley de Salud Mental la necesidad de financiar e institucionalizar estas innovaciones. La batalla por el bienestar mental de nuestros jóvenes se libra en la pantalla del celular, y no podemos darnos el lujo de estar ausentes.

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