¿Estaremos en camino de ser un país normal?

Por Orlando Navarro - Periodista

El jueves se conoció el índice inflacionario de abril. Como se sabe, dio un incremento del 2,6%, que puede marcar un punto de inflexión respecto de los 8 meses anteriores, donde a partir del 1,5% de mayo de 2025, comenzó a alterarse. Con una subida mensual leve pero constante, hasta llegar al 3,4% de marzo de 2026.

¿Comenzó una recuperación? ¿No habrá derrumbe, preanunciado y deseado por cierta parte del arco político, del plan económico? ¿Retornará el proceso de baja constante de la inflación hasta llegar al tan deseado déficit cero que anunció el gobierno para fines de este año?

El arco opositor no se quedará quieto, como lo certifican las movilizaciones continuas hacia el Congreso desde que comenzó este gobierno. Por el motivo que fuese. Como las vistas esta semana en reclamo, en este caso, del financiamiento de las universidades. Una movilización que superó ese ámbito, pues se convirtió en política, visto la adhesión de la CGT, la izquierda, el peronismo, la Cámpora, movimientos sociales y demás. O sea, la oposición, que quiso demostrar que está compacta para dar batalla hasta las próximas elecciones.

Entonces, ¿ese 2,6% es un punto de inflexión, o no? Un breve repaso de los hechos habidos en el segundo año del gobierno, nos ayudará a ponernos en tema, porque son tantos los vaivenes de la política, que a veces uno se pierde y no sabe si las cosas van para mejor, o para peor.

Hasta mayo de 2025, y desde comenzó Javier Milei en diciembre de 2023, parecía consolidarse lo que ellos denominan TMDP: "Todo marcha de acuerdo al plan". Latiguillo que usa el gobierno, para referirse a la marcha de la economía. Sobrevino entonces un primer alerta para la oposición, que ostensiblemente no quiere que esa consolidación suceda, porque atenta con sus aspiraciones de volver al poder.

Este alerta vino cuando Manuel Adorni, representando al partido gobernante, ganó las elecciones legislativas de 2025 en un reducto clave para el PRO, como es la ciudad de Buenos Aires. Produjo un revuelo mayúsculo, no solo en el partido de Macri, sino también en el resto. Sobre todo, el kirchnerismo.

Y comenzó la lucha de éstos por sobrevivir, en el lugar donde la oposición aún conserva cierto poderío: el Congreso Nacional. Esto, gracias a la disposición constitucional que prevé renovar parcialmente las cámaras en cada elección. Así, el partido ganador puede ejercer la conducción del país, pero las leyes están mayormente en manos de quienes derrotó en las elecciones, pero conservan por arrastre el número de legisladores ganados cuando éstos obtuvieron el triunfo. En este caso, allá por 2019 con la fórmula Fernández-Fernández.

Por ende, la lucha frontal contra el éxito del plan, que se basa fundamentalmente en el equilibrio fiscal, se trasladó entonces al Congreso. ¿Cómo? Sancionando leyes de alto contenido social, de innegable legitimidad, pero que tenían el objetivo de dañar el orden trabajosamente logrado de equilibrio entre ingresos y gastos, y que no indicaban de dónde se obtendría el financiamiento. Tal como lo exige la ley de Administración Financiera. Paralelamente, les redituaba volver a posicionarse políticamente, como los paladines de la "justicia social".

Todo este combo abarcó un período clave entre abril y octubre del año pasado, en el cual tambalearon las cuentas, se escapó el índice de inflación, se desestabilizó el dólar, volvió a subir el riesgo país. O sea, los opositores lograron, aunque parcialmente, el objetivo de desestabilizar al gobierno en su base de sustentación. Todo esto, ocurrió en el período previo a las elecciones intermedias de octubre.

Una providencial "ayudita" vino desde el Tesoro de los Estados Unidos, que, inusitadamente, ¡nos cambió pesos argentinos por dólares! Algo impensado, pero que llevó un mensaje que tranquilizó los mercados y en la ciudadanía volvió a verse una luz al final del túnel. Consecuencia: el Gobierno ganó con holgura la contienda electoral en el orden nacional. Y entró en una etapa relativamente tranquila. Volvió a bajar el riesgo país, se estabilizó el dólar, se recuperaron los bonos argentinos, el Central acumuló reservas, pudo pagar sus vencimientos y se conocieron nuevas bajas en los índices de pobreza.

El arco opositor no se quedará quieto, como lo certifican las movilizaciones continuas hacia el Congreso desde que comenzó este gobierno. El arco opositor no se quedará quieto, como lo certifican las movilizaciones continuas hacia el Congreso desde que comenzó este gobierno.

En esos meses de estabilidad de principios de año, el gobierno logró la sanción de leyes claves, gracias a los consensos logrados en el Congreso, apoyado en el triunfo electoral de octubre, sobre todo en provincias tradicionalmente peronistas.

Por ejemplo, logró sancionar la ley de Presupuesto, también la Ley de Inocencia Fiscal y la ley Penal Juvenil, que crearon un clima de tranquilidad en los primeros meses de este año.

Pero a partir de hechos externos e internos de gran repercusión, volvió a moverse la estantería, sobre todo por las alteraciones en el mercado del petróleo (factor externo, guerra de por medio) y la explosión del ya remanido "caso Adorni" (factor interno), que se está prolongando más de la cuenta, con un desgaste innecesario en la imagen del gobierno.

En el caso del petróleo, me refiero a la intervención de Estados Unidos, primero en Venezuela, y luego en Irán, estrecho de Ormuz incluido, con amplia repercusión no solo en el mercado mundial de los combustibles, sino también en todo el entramado productivo que pasa por ese estrecho, calculado entre el 15 y 20% de la economía mundial.

Sin embargo, esta situación que en otras ocasiones tuvieron negativa repercusión en la economía doméstica, aquí fue resistida en base a la solidez del plan del actual gobierno. Llamativamente, el dólar siguió quieto y la inflación, si bien aumentó unas décimas, se mostró contenida.

Guerra, más Adorni, más movilizaciones, son factores que pueden conmover ese horizonte de estabilidad futura que promete el Gobierno. Y que augura recomponer el desequilibrio en los ingresos de la ciudadanía, apoyados en un recupero de la actividad económica que puede venir de la mano de la minería, del campo y la energía, con rebote en el comercio y la industria. Todos estaremos expectantes. Dato, el riesgo país bajó de 500 puntos y eso nos acerca a que se nos considere, por fin, un país normal.

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