11 de julio de 2026 - 06:00

Festejar con alegría, pero también con responsabilidad

La pasión que despierta cada presentación de la Selección Argentina constituye una de las expresiones más genuinas del sentimiento popular. El fútbol tiene la virtud de unir a millones de personas detrás de un mismo objetivo y de generar una comunión pocas veces alcanzada por otras manifestaciones sociales. Sin embargo, cuando el entusiasmo pierde de vista los límites de la convivencia, la celebración deja de ser una fiesta para convertirse en un problema que termina perjudicando a toda la comunidad.

Los incidentes registrados en San Juan al finalizar el encuentro frente a Egipto obligan a una reflexión que no admite postergaciones. Lo que debió concluir como una jornada de alegría derivó en hechos de violencia y vandalismo que hicieron necesaria una importante intervención policial. Las 20 detenciones concretadas en la Capital, sumadas a los procedimientos realizados en distintos departamentos de la provincia, son una muestra de que un reducido grupo de inadaptados consiguió alterar una celebración que pertenecía a todos.

Resulta inadmisible que el triunfo de un equipo sirva como pretexto para provocar desmanes, dañar bienes públicos o privados o poner en riesgo la integridad física de otras personas. Mucho menos cuando esos perjuicios terminan siendo afrontados por el conjunto de la sociedad mediante recursos que podrían destinarse a resolver necesidades mucho más urgentes. La alegría colectiva nunca puede construirse sobre el perjuicio ajeno.

Esta noche, cuando Argentina enfrente a Suiza en un nuevo compromiso mundialista, volverán a repetirse las expectativas y la emoción propias de una instancia decisiva. El horario nocturno del encuentro obliga a extremar las previsiones, ya que la experiencia demuestra que durante la noche aumentan las dificultades para controlar concentraciones masivas y prevenir conductas violentas. En consecuencia, el operativo dispuesto por la Policía de San Juan deberá contemplar una adecuada cobertura de los principales espacios públicos, particularmente aquellos donde habitualmente se concentran los simpatizantes, como la Plaza 25 de Mayo y sectores comerciales de alta concurrencia.

No obstante, ninguna planificación de seguridad alcanzará plenamente sus objetivos si no existe una actitud responsable por parte de la ciudadanía. La prevención comienza en el ámbito familiar, donde corresponde transmitir a niños y jóvenes que el deporte representa valores de respeto, solidaridad y convivencia, nunca de agresión o intolerancia. Celebrar un triunfo implica compartir una satisfacción colectiva sin afectar los derechos de quienes también forman parte de la comunidad.

Los grupos marginales que aprovechan estas ocasiones para provocar disturbios no representan el verdadero sentimiento de los sanjuaninos ni el de los miles de argentinos que viven el fútbol como una expresión de identidad nacional. Precisamente por ello, corresponde aislar esas conductas mediante el compromiso ciudadano y el cumplimiento de las normas de convivencia.

Si la Selección consigue una nueva victoria, será motivo suficiente para volver a festejar. Pero el mejor resultado será comprobar que la madurez social también puede imponerse fuera de la cancha. Porque una comunidad que sabe celebrar con respeto demuestra que comparte no sólo una pasión deportiva, sino también los valores indispensables para convivir en armonía.

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