27 de agosto de 2026 - 06:00

Hace falta un cambio para recuperar el mercado de la uva de exportación

La decisión de San Juan de recuperar la uva de mesa destinada a los mercados externos representa mucho más que un intento de recomponer una actividad productiva que perdió terreno. Es, en realidad, la necesidad de asumir que el mundo cambió, que los consumidores cambiaron y que la producción sanjuanina debe cambiar también si pretende volver a ocupar un lugar en las góndolas internacionales.

Durante años, la provincia tuvo en la uva de mesa una de sus principales cartas agroexportadoras. Sin embargo, la pérdida de competitividad, el envejecimiento de los cultivos y, fundamentalmente, la falta de variedades con demanda internacional fueron reduciendo aquella presencia hasta convertir a la Argentina en un mercado que consume más uva de la que produce para el mundo.

Por eso resulta alentadora la iniciativa impulsada por productores, cámaras empresarias y el Gobierno provincial para incorporar nuevas variedades licenciadas de uva de mesa. Las gestiones con compañías internacionales y el trabajo conjunto con la Secretaría de Agricultura de la Nación y el SENASA apuntan a resolver un problema que no admite demasiadas demoras: disponer del material vegetal necesario para comenzar una reconversión productiva.

El antecedente reciente de la incorporación de variedades destinadas a la producción de uva de pasa demuestra que existe un camino posible. Pero la uva de exportación presenta un desafío todavía mayor, porque no alcanza con producir más. Hay que producir aquello que los mercados quieren comprar, con calidad, presentación, rendimiento y oportunidad comercial.

La situación actual es elocuente. La uva sanjuanina destinada a exportación tiene un techo comercial muy bajo y, en el Mercado Central de Buenos Aires, llega a valer aproximadamente la mitad de la que ingresa desde Brasil o Chile. Esa diferencia no puede atribuirse solamente a los precios. Detrás existe una pérdida de competitividad que compromete toda la cadena.

La reconversión, por lo tanto, debe ser entendida como una política de Estado y no como un esfuerzo aislado de los productores. Se necesita seguridad jurídica para el ingreso de las plantas, asistencia técnica, financiamiento, previsibilidad y una estrategia comercial que acompañe la transformación desde el viñedo hasta el mercado internacional.

El calendario también obliga a actuar con rapidez. Si el material vegetal pudiera estar disponible hacia fines de 2027, todavía deberán transcurrir alrededor de dos años y medio para que las nuevas plantas comiencen a producir. Cada temporada que se pierde hoy significa postergar todavía más la posibilidad de recuperar mercados.

San Juan tiene experiencia, conocimiento y condiciones naturales para volver a ser protagonista. Lo que falta es adecuar su oferta a las exigencias actuales. La reconversión no será inmediata ni sencilla, pero continuar produciendo variedades que el mercado dejó de demandar sería una forma segura de profundizar el retroceso.

La uva de exportación no se recuperará mirando al pasado. Se recuperará plantando desde ahora el futuro.

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