Por Orlando Navarro - Periodista
Por Orlando Navarro - Periodista
La crisis migratoria que se produjo tras la invasión de entre 50 y 80 mil marroquíes hacia el enclave español de Ceuta, ha puesto otra vez sobre la mesa el drama de los migrantes en Europa. Crisis humanitaria, de seres que juegan su vida cruzando el mar, provenientes mayormente de África y Medio Oriente. Con predominio de musulmanes, procurando ser incluidos en sociedades más avanzadas y así huir de las hambrunas, enfermedades y las condiciones brutales a que se ven sometidos por sus gobernantes. Siendo las mujeres las principales víctimas de regímenes teocráticos, predominantemente machistas y fanatizados.
Antes de seguir, y como voy a avanzar sobre temas vinculados a políticas sociales, aclaro que no soy un experto. Pero he consultado fuentes que me merecen respeto, de donde extraje conceptos, relativamente nuevos para el gran público, que trataré echen luz sobre estas cuestiones.
El mundial de fútbol actualizó el tema de los migrantes y del denominado multiculturalismo y su conexión con el wokismo. Término éste que sobrevuela la política internacional, y que divide a quienes adhieren a sus postulados, y quienes no. Entre los primeros, prevalecen movimientos de izquierda, también llamados "progresistas", y entre los segundos, a la derecha, obviamente. Incluido el gobierno que encabeza Javier Milei.
Ambos, wokismo y multictulturalismo, buscan proteger el derecho de las minorías, pero con diferencias en sus métodos y objetivos finales. Por ejemplo, el multiculturalismo procura la inserción de los migrantes en forma armónica con la cultura de la comunidad receptora. Promueve la tolerancia a la diversidad, en todos los sentidos que caben dentro de este término: cultura, religión, costumbres y elección sexual, entre otros. Trata, entonces, de integrarse, sin avanzar sobre la identidad de origen del país receptor.
El wokismo, en cambio, es más radical en sus métodos, pues procura desplazar, no ya integrar, estructuras políticas que considera opresivas hacia las minorías. Se opone así, a los regímenes liberales, pues considera que sus políticas tienden a perpetuar el racismo y el colonialismo bajo sus diversas formas.
Deriva de un término anglosajón que significa "despierto", orientados principalmente a la protección de los derechos civiles de comunidades de origen afroamericano, basándose en los principios de justicia social y contra todo acto discriminatorio.
Una especie de "neomarxismo", que clásicamente divide los pueblos entre "oprimidos" y "opresores". Lente bajo el cual se juzga las conductas de ciertos gobiernos, por ejemplo el nuestro, llegándoselas a identificar con el pueblo mismo. Por carácter transitivo, se extendió a nuestra selección.
Como expresé al principio de esta nota, el Mundial de Fútbol 2026 actualizó estos temas. Ya en el 2022, alguien olfateó cierto racismo en la conformación de nuestro equipo, ya que no se observaban futbolistas de origen "afro", por no decir "negros", y así no se me tilde de xenófobo. Porque hasta con el uso del idioma hay que cuidarse en el enfoque de estos temas, para no herir susceptibilidades.
Y luego de perder la final, como se sabe, hubo expresiones desde ciertos sectores, que nos pusieron el sello de ser "el país más racista del mundo". Principalmente del mundo artístico, como el actor norteamericano Samuel Jakcson, la cantante española Rosalía, y el actor español Javier Bardem. Hubo disculpas posteriores y aclaraciones por parte de éstos, llamando la atención la de Bardem, quien aclaró que su visión sobre los argentinos se focalizaba en la figura del presidente Milei, cuyas posturas "anti-wokismo" son repetidas y contundentes. Por lo que la oposición local, rápidamente se las apropió para decir que el culpable de esa ola de odio contra nuestro país provenía de las posturas de su presidente.
Obviamente, una deliberada exageración.
El caso es que ahora, es el presidente español Pedro Sánchez, hombre de izquierda, adherente a las prácticas wokistas, y por lo tanto al tema de los migrantes, se las vio "negras" (perdón) cuando tuvo que ir a Ceuta para hacerse cargo de la irrupción de los marroquíes. Fue recibido con insultos por parte de los provincianos españoles, que probaron en carne propia lo que significa el avasallamiento de esos inmigrantes, en sus calles, negocios, plazas y hasta en viviendas. Éstos, por su parte, esperaban la protección de un gobierno que había apoyado esas acciones.
Por supuesto que Sánchez tuvo que abdicar de sus ideas, ante la reacción de sus conciudadanos, y convocó a las fuerzas armadas a que, en los modos más pacíficos posibles, "invitaran" a los invasores a volver sobre sus pasos. Se vieron por televisión imágenes difíciles de digerir, cuando se observó que esas fuerzas tenían procedimientos más violentos contra los compatriotas, que se oponían a viva voz y acción a la permanencia de los marroquíes, que contra los extranjeros.
Vale decir, que hasta ahora, ese retorno a su propio país fue pacífico, salvo algunas escaramuzas, según los reportes que vienen del lugar.
Agustin Laje, presidente de la Fundación Faro, y adherente a Javier Milei en su postura "anti-woke", había advertido de los peligros del multiculturalismo, haciendo referencia a los destrozos provocados en las calles por migrantes africanos y musulmanes, ante la derrota de los franceses a mano de los ingleses, en las semifinales.
Estos comentarios recibieron el rechazo de varios sectores, que señalaron la raíz profundamente multicultural y multirracial de nuestro país, en contra también de quienes afirmaron que éramos el país más antirracista del mundo. ¿Qué argentino no lleva sangre española, italiana, árabe o de otras etnias en sus venas?
Pero el decreto de Milei, amenazando con la expulsión de ciudadanos extranjeros que tengan expresiones de odio hacia nuestro país, acaba de poner un nuevo condimento a esto que algunos llaman "batalla cultural".
El tema está vivo, ya está despertando adhesiones y rechazos por doquier, y el tiempo dirá si estamos a la altura de celebrar el preámbulo de nuestra Constitución, sobre "asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, nuestra posteridad y todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino". Me hubiese gustado el término "y de buena voluntad" en esa proclama, como lo han sido indudablemente nuestros queridos antepasados y que hicieron grande nuestra Patria.