Por Luis Eduardo Meglioli - Periodista
Por Luis Eduardo Meglioli - Periodista
La humanidad muestra a lo largo de los últimos años un rostro más que preocupante, que entre 2025 y 2026 multiplicó el orbe de escenas temerarias, violentas y sanguinarias. Pero al mismo tiempo hay investigadores que comenzaron a hablar de un "nuevo orden internacional post-pandemia", como también de un posible cambio de liderazgo mundial y en el marco de una "cuarta revolución industrial". Un joven investigador sanjuanino, destacado por sus estudios y trabajos universitarios en Córdoba y San Juan, el licenciado Luis Eduardo Giménez Agüero, ha venido explorando desde hace casi una década sobre los fenómenos tan particulares que vive el mundo, en este contexto "de permanente inestabilidad, con desafíos nunca antes vistos para la raza humana en materia social, económica y ambiental", según sus propias palabras. Precisamente como autor de este trabajo titulado "La década bisagra", comienza abordando lo que también llama "el nuevo desorden mundial", para poder introducirse en una transición, con "el ascenso, caída y la nueva irrupción del mundo multipolar". Esta década, según Giménez, representa un punto de inflexión histórico "en el que confluyen crisis sanitarias, ambientales, económicas, tecnológicas, geopolíticas y culturales". Pero también se atreve a visualizar "el día después" y la tarea de "reparar, regenerar, transformar". En ese marco, alerta que la crisis actual "nunca antes vista" se encuentra tocando las puertas de todos los gobiernos y habitantes del planeta "e implica la posibilidad de la evolución consciente de la humanidad o la caída en un nuevo orden internacional mucho más desnaturalizado de lo que podemos imaginarnos". Pero al mismo tiempo, Giménez Agüero parece detenerse un momento para decir también que "lejos de todo fatalismo, y tal como se expresa en el ideograma que representa la 'crisis' para la cosmovisión oriental, crisis, peligro y oportunidad representan las dos caras de la misma moneda". Es decir, un momento crucial de transformación donde confluyen el peligro y un punto de giro, de novedad, de cambio.
Cuando esta investigación comenzó a escribirse, "muchas de las ideas aquí expresadas podían parecer muy ambiciosas e incluso especulativas", reconoce el autor. E incluso cuando el trabajo aparecía ya muy avanzado "la 'Guerra Híbrida' entre Oriente y Occidente no había evolucionado al estado actual de 'Guerra de Proxy'", eso que, digamos aquí, también suele denominarse "guerra subsidiaria o por delegación", es decir, un conflicto armado en el que dos o más potencias se enfrentan de forma indirecta utilizando a terceros en lugar de combatir cara a cara con sus propios ejércitos; y estos "terceros" pueden ser gobiernos aliados, milicias o grupos armados. Así, Giménez Agüero señala que "la llamada anexión de Crimea estaba dada, pero fue recién tras la intención de Ucrania de unirse a la OTAN para desplegar armamento nuclear en su territorio, que Rusia decidió invadir a dicho Estado a inicios de 2022; esto derivó en que la guerra híbrida se convirtiera en una Guerra de Proxy, donde los Estados de la Alianza Militar de Occidente reactivaron sus industrias con las ventas de armamento liviano y pesado y capacitación de militares".
En otro momento de esta obra, se cita a la reconocida antropóloga y epistemóloga Ana María Llamazares quien sentencia que "todo, casi literalmente todo, está trastocado, desde la ecología planetaria hasta las profundidades del alma humana. Es una crisis longitudinal y transversal, que nos atraviesa como una espada desde el cenit del agujero de ozono hasta las sombras de nuestro inconsciente; y no discrimina ni hace preferencias". A su vez, el autor vuelve a nuestros días, concretamente a este 2026, para actualizar la mirada de Llamazares y observar que "hemos presenciado la consolidación de un verdadero cambio de época, donde la pandemia dio paso a una etapa marcada por conflictos geopolíticos de mayor intensidad, una aceleración tecnológica sin precedentes, crisis energéticas, tensiones económicas, eventos climáticos extremos y una creciente fragmentación del orden internacional".
En el capítulo 3, titulado "Un enemigo invisible", el autor se introduce en el complejo tema de las "Guerras de la Cuarta Generación", las "Armas hipersónicas en el patio trasero" y "Guerras de Quinta Generación", concepto este último acuñado, dice la obra, por Robert Steele en 2003, y que se refiere a acciones militares pero en el campo de "la ingeniería social, la desinformación, los ataques cibernéticos, la inteligencia artificial y los sistemas completamente autónomos". Pero se cita otra guerra que no debería sorprender en nuestros días, la "de las burbujas". Es la referida a la interacción que tiene lugar a través del navegador de Internet y de redes sociales, como Instagram o Facebook, mediante "algoritmos que aprenden estadísticamente nuestros gustos y preferencias personalizando nuestro hilo de contenido (…)". Y hay un tema fundamental que no queda afuera, naturalmente, en este trabajo de investigación y que se refiere al Medio Ambiente. Así, se explica entre otras cosas fundamentales que el Medio Ambiente puede usarse como arma, y hace un recorrido histórico del fenómeno desde los años '40 a la actualidad. Tampoco se omite de tan complejo análisis de cambios, la agricultura, la salud, las finanzas y la industria. Y en este capítulo el autor navega ampliamente en los modelos asiáticos como el "China 2025", partiendo de la sabia reflexión de Deng Xiaoping (líder supremo de la República Popular China, entre 1978 y 1989), cuando simbolizó su mirada universal expresando aquello de "no importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato". Sin dejar de introducirse en el poderoso cosmos japonés con sus reformas institucionales con vistas a los "Objetivos de Desarrollo Sostenible" de la Agenda 2030. A su vez, este trabajo del Lic. Luis Giménez Agüero incluye un apartado muy amplio, para describir y explicar el funcionamiento de cada uno de los componentes de la "Cuarta Revolución Industrial", para, finalmente, reconocer que Estados Unidos continúa siendo la principal potencia militar, pero el ascenso económico y tecnológico de China, la resiliencia estratégica de Rusia, el crecimiento de India y la expansión de agrupamientos como los BRICS evidencian una redistribución progresiva del poder global.