9 de marzo de 2026 - 06:30

La necesidad de llegar a un acuerdo entre la disponibilidad y el uso del agua para riego

La relación entre el agua y la producción agrícola en San Juan siempre ha sido estrecha y, al mismo tiempo, frágil. En una provincia donde el riego artificial es la base de toda la actividad agroproductiva, cualquier modificación en la disponibilidad del recurso impacta de manera directa en la economía rural. Por eso no resulta extraño que la reciente decisión del Departamento de Hidráulica de reducir el volumen de riego de 700 a 630 hectómetros cúbicos haya generado preocupación y malestar entre los regantes.

El problema no radica solamente en la reducción en sí, sino en el momento en que fue comunicada. Desde las juntas de riego y asociaciones de productores se ha señalado que el anuncio llegó cuando la campaña agrícola ya está en marcha y con gran parte de la planificación productiva definida. En el campo, las decisiones se toman con meses de anticipación y dependen de variables tan determinantes como el agua disponible.

Mientras los viñateros transitan la etapa final de la cosecha, otros sectores productivos comienzan a preparar la siembra de cultivos de invierno. Chacareros, semilleros y productores de ajo y tomate dependen del riego para sostener sus actividades, por lo que cualquier cambio en el volumen de agua disponible altera la organización de los turnos de riego y genera incertidumbre en un momento particularmente sensible.

Desde el punto de vista de los productores, la reducción de 70 hectómetros cúbicos podría traducirse en pérdidas económicas y en dificultades para cumplir con los cronogramas productivos previstos. Argumentan que, de mantenerse el volumen originalmente anunciado, la temporada podría completarse con mayor previsibilidad y menor riesgo para los cultivos.

Sin embargo, las autoridades hídricas sostienen que la medida responde a una realidad que no puede ignorarse. Actualmente los embalses provinciales almacenan alrededor de 628 hectómetros cúbicos, pero cerca de 580 corresponden a la denominada reserva técnica o 'agua muerta", un volumen que no puede utilizarse sin comprometer la seguridad estructural de los diques y el funcionamiento del sistema hídrico.

A este panorama se suma un dato preocupante: los caudales actuales del río San Juan se ubican entre 25 y 26 metros cúbicos por segundo, muy por debajo de los 60 registrados el año pasado y lejos de los picos de 80 m³/s que se observaron en temporadas más favorables. La escasez de nieve en la cordillera redujo significativamente el aporte de los deshielos, confirmando que la sequía continúa siendo una amenaza persistente.

Frente a esta realidad, el desafío consiste en encontrar un equilibrio razonable. Preservar las reservas es indispensable para garantizar el abastecimiento futuro, pero también lo es sostener la actividad productiva que depende del riego. El diálogo y la planificación conjunta entre el Estado y los regantes serán claves para evitar que la escasez de agua se convierta también en un factor de conflicto social y económico.

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