8 de marzo de 2026 - 04:00

Boxeando contra nadie

Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista

El discurso de Milei en el Congreso, en realidad, fueron dos en uno: el escrito, donde habló de balances y propuestas, y el espontáneo, donde solo gritó desaforadamente contra el "enemigo kuka", que seguramente insultaba igual o peor que él (porque es lo que viene haciendo, cavernícolamente, en todas las Asambleas legislativas de los gobiernos no peronistas) pero que no se veía ni escuchaba porque la trasmisión televisiva no lo mostraba y porque le apagaron los micrófonos. O sea que el presidente parecía gritar e insultar contra nadie. Lo cual en el fondo es la verdad, porque Milei se desgastaba en ese show de agresividad colosal contra cierto tipo de oposición tan o más insultadora que él, pero que hoy ya no es nadie, como lo admitió con absoluta claridad el ministro de Economía, Luis Caputo, en un Foro realizado esta semana en Mendoza al decir: "El 'riesgo kuka' no existe. Hay cero probabilidad de que el kirchnerismo vuelva.".

De ser real lo que dice Caputo, Milei salió a pelear como un boxeador en estado de furia total contra un enemigo que políticamente está dejando de existir. Por lo cual, o gastó pólvora en chimangos o, más probablemente usó a los kukas para evadir cualquier sesgo de autocrítica.

Pero fuera por una cosa o por la otra, lo de la Asamblea Legislativa fue la radiografía televisiva más precisa de la política actual, o en lo que se ha convertido esa profesión (o vocación) antes tan importante, y que hoy casi toda la gente común repudia: Un presidente desbocado gritando groserías contra nadie (porque no se ve ni escucha a nadie) frente a un grupo de desaforados que gritan vulgaridades contra el presidente sin que nadie los vea ni escuche.

Y Milei, en vez de expresar lo nuevo que debería hacer existir, prefiere confrontar contra lo viejo que ya no existe. Aunque él sea nuevo, lo que hace es viejo. Y mientras continúe con esa actitud, seguirá sin ser la causa de nada nuevo que se vislumbre en el horizonte, sino el efecto de todo lo viejo que se va cayendo por sí solo.

Es tanta la decadencia, que los que deberían servir de equilibrio (o de futura alternativa) contra los delirios kirchneristas y los excesos mileistas, rendidos ante su propia impotencia, se pasan a un extremo u otro, no por convicción alguna, sino por desesperación, oportunismo o ambas cosas juntas.

Por lo que a Milei hoy le basta con ver como todos sus enemigos o adversarios van cayendo o rindiéndose sin que deba hacer mucho más que seguir gritando, boxeando contra nada y contra nadie. Le están dejando el escenario a él solo.

A Milei hoy le basta con ver como todos sus enemigos o adversarios van cayendo o rindiéndose sin que deba hacer mucho más que seguir gritando, boxeando contra nada y contra nadie. Le están dejando el escenario a él solo. A Milei hoy le basta con ver como todos sus enemigos o adversarios van cayendo o rindiéndose sin que deba hacer mucho más que seguir gritando, boxeando contra nada y contra nadie. Le están dejando el escenario a él solo.

De los eternos borocotós que pegan el salto hacia los ganadores del momento ya se ha hablado demasiado. Pero mucho más doloroso es cuando los que se presentaron como mejores, claudican como los peores. Tal cual ese Miguel Ángel Pichetto que le ofreció a Macri trabajar para derrotar a Cristina Kirchner a fin de construir un peronismo liberal que se renovara profundamente. O como Héctor "Toty" Flores, el "hermano del alma" de Lilita Carrió, el cooperativista pobre que ayudaba a los pobres combatiendo a la vez contra la utilización política que de ellos hacía el kirchnerismo. Hoy, sin embargo, haciendo tierra arrasada con todo lo que intentaron construir y representar, Pichetto va a proponerle a Cristina Fernández el perdón entre todos los peronistas y el Toty acepta ser subsecretario de aquel a quien siempre combatió: Fernando Espinoza, el capomafia peronista de La Matanza.

Clink caja para Milei, tanto por los que se le someten a él como con los que claudican pasándose a los kukas. Y en ese ambiente de miserabilismo político expandido, tanto para un lado como para el otro, Milei sigue peleando en abstracto contra todos, pero en concreto contra nadie, porque sus oponentes caen solitos, sin que nadie les dé una trompada, basta con el amago. Ni siquiera es el demoledor, es el que camina sobre los restos de lo que le van demoliendo sus supuestos adversarios. Cubierto con los felpudos en los que se van transformando los que todos los días se pasan a sus filas solo porque va ganando.

Milei fue y sigue siendo una criatura gestada en el vientre de la claudicación de los políticos en lo que respecta a su responsabilidad frente al bien común. A él, por ahora, le alcanza con simular que todos están cayendo porque con sus puños los está noqueando, cuando en realidad se están cayendo solos. No obstante, la verdadera utilidad de Milei para los argentinos se verá cuando de una vez por todas se decida a construir el país del futuro en vez de seguir desmantelando un pasado que se desmantela solo, que para eso no necesita de él.

Quizá al presidente, para que le vaya bien, le bastaría con cumplir la que fue la mejor frase de su discurso en la Asamblea Legislativa: "Nuestra política no es ni nunca será un vamos por todo. Debemos reducir el poder del político, sea cual fuera el político. No le pedimos el voto a la gente para que nos dé el poder a nosotros, sino para devolverle el poder a la gente". Sin embargo, para que esa promesa se transforme en realidad, lo primero que debería hacer es avisarle a su hermana Karina, cuyo único objetivo político (y esta semana se ha verificado con creces, como se verificó durante casi todo el año 2025) parece ser el de, precisamente, querer ir por todo.

LAS MAS LEIDAS