Por Claudio Fantini - Periodista y Politólogo
Por Claudio Fantini - Periodista y Politólogo
El escritor Amos Oz, un pacifista que luchó por Israel en las guerras de 1967 y de 1973, dijo que hay dos tipos de líderes, "los que aspiran a estadistas y los que aspiran a héroes mitológicos". Los primeros son dialoguistas y partidarios de poner fin a la guerra en una mesa de negociación, lo que implica estar dispuesto a hacer concesiones en pos de la paz. En cambio los aspirantes a héroes mitológicos rechazan conceder algo en una mesa de negociación porque, como las figuras heroicas de la mitología, prefieren la victoria total en el campo de batalla.
En la guerra que oscurece Medio Oriente y atemoriza al mundo hay unos y otros en las dos veredas enfrentadas. Pero no siempre, como sugería el lúcido pacifista que también se jugó el pellejo en los campos de batalla, las "palomas" (líderes dialoguistas) son más eficaces negociando la paz que los "halcones" (intransigentes y guerreros).
Para que un régimen como el iraní pueda cambiar el rumbo que le marcó Alí Jamenei, el ayatola muerto en el primer bombardeo, difícilmente al timón pueda sujetarlo alguien moderado y negociador, porque los sectores radicalizados del chiismo duodecimano conspirarían para derrocarlo o matarlo.
En cambio un líder que tenga el respeto de los sectores duros y belicosos puede tener más músculo para hacer girar ese timón y virar la proa en una dirección diferente. Los halcones tienen lo que, para una negociación que implique duras concesiones, le suele faltar a las palomas.
Sonó ridículo Trump reclamando al régimen elegir él al nuevo líder supremo. Que en medio de una guerra, una de las potencias beligerantes reclame a sus enemigos poder elegir a quien los gobernará, resulta descabellado.
Sin embargo, lo descabellado que hizo Trump es pretender hacerlo de manera pública cuando la guerra sigue y el régimen iraní aún no se ha rendido ni derrumbado.
Que lo plantee por canales secretos por los que las partes enfrentadas siempre están sondeando posibles ceses del fuego, tiene lógica. Lo absurdo es pretender que, públicamente, el régimen acepte que él elija al sucesor del Jamenei.
Además, si alguien ungido públicamente por Trump se convierte en el nuevo dueño del poder en Irán, sin estar derrotado completamente el régimen, es probable que alguno de los cientos de miles de sus fanáticos seguidores lo asesine ni bien asuma el poder.
En el mismo pronunciamiento, el presidente norteamericano advirtió a la teocracia persa que no aceptará a Muqtad Jamenei como nuevo líder supremo. Trump no quiere que el "halcón" caído sea sucedido por otro halcón.
Por cierto, sería alentador para la parte racional del mundo que un régimen fanático como el iraní encumbre un moderado como, por ejemplo, el ex presidente Mohamed Jatami, u otro ex presidente, Hassan Rohani, quien acordó con Obama en el 2015 el acuerdo nuclear. No son los únicos. También hay figuras, como el quinto y último primer ministro de la República Islámica, Mir-Hosein Mousaví, quien enfrentó en las urnas del 2009 al ultraislamista Mahmud Ahmadinejad y fue derrotado por un fraude.
Pero eso que a simple vista parece lo más útil para moderar un régimen extremista, podría ser lo menos indicado para alcanzar ese fin.
Salvo que todas las facciones del régimen acepten que la guerra se perderá y que el régimen sólo sobrevivirá si cambia de rumbo su política regional y global, un líder dialoguista, moderado y reformista difícilmente lograría imponer su liderazgo y guiar el país en otra dirección. Lo sabotearían como ya le hicieron a Mousavi, Jatami y Rohani cuando encabezaron gobiernos.
Es más fácil girar el timón para un halcón. Un socialdemócrata como Mitterrand o un liberal como Giscard D'Estein no habría podido negociar la paz con el FLN en Argelia y conceder la independencia a ese país magrebí. Pudo hacerlo el general De Gaulle, prócer del nacionalismo francés desde su liderazgo de la resistencia contra Vichy y el ocupante nazi.
Yitzak Rabin, el general que junto a Moshé Dayan condujo Israel a la victoria en la guerra de 1967, pudo hacer las negociaciones secretas en Oslo y coronarla con el histórico acuerdo de paz con Yasser Arafat. Acuerdo que pagaría con su vida y sería posteriormente desvencijado por Hamas y Netanyahu.
No fue una paloma dialoguista como Napoleón Duarte, sino Alfredo Cristiani, presidente de El Salvador por el partido ultraderechista que lideraba Roberto Daubisson, impulsor de los escuadrones de la muerte que asesinaron civiles y al cardenal Arnulfo Romero, quien negoció con el FMLN alcanzando otro de los grandes acuerdos de paz del siglo 20.
La historia sugiere que los halcones tienen más chances de cambiar el rumbo de un régimen, porque no serán sospechados de entreguismo ni traición. Ellos tienen el aval de su nombre o su historia personal a favor del régimen que se pretende re-direccionar.
De tal modo, es probable que alguien como Muqtad Jamenei, hijo de Alí Jamenei y su discípulo ideológico, aún con su conocido fanatismo y con el rencor de haber perdido a su padre, su madre, su esposa y su hijo en el bombardeo que inició esta guerra, estaría en mejores condiciones que un líder moderado y reformista para virar el timón poniendo la proa hacia un acuerdo de coexistencia con Israel que pacifique la región. Su apellido y su procedencia religiosa y política lo blindan contra la desobediencia y las conspiraciones internas.
Quizá, de ser finalmente el elegido como sucesor de su criminal padre, Muqtad continúe la política de intolerancia, criminal represión interna y procurar destruir a Israel. Pero si el régimen entiende que moderarse será su única posibilidad de sobrevivir y acepta cambiar de rumbo, un halcón podrá hacerlo con más menos riesgo que una paloma.
Es lo que entendió el mismo Trump cuando sacó al dictador de Venezuela pero dejó su dictadura de facinerosos halcones. Así la hizo cargo de virar, de la noche a la mañana, la proa del chavismo desde el antinorteamericanismo visceral a ser un régimen "pitiyanqui", como llamaba Hugo Chávez a quienes proponían fidelidad y sumisión a Washington.