8 de noviembre de 2026 - 04:00

Olas que vienen, olas que van

Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista

Néstor y Javier, almas gemelas y vidas paralelas

Nadie les puede negar a Néstor Kirchner ni a Javier Milei que frente a las debacles económicas que recibieron, se hayan preocupado desde el primer día por reconstruir la autoridad política perdida en una Argentina sumida en la anarquía por las implosiones acontecidas. Tanto en 2001/2 cuando estalló el modelo de la convertibilidad menemista como en 2023 cuando estalló el modelo kirchnerista.

Néstor Kirchner y Javier Milei recibieron, entonces, dos países estallados. Sin embargo, sus ajustes en ambos casos tuvieron importantes logros iniciales. Los dos se manejaron con superávits gemelos y mostraron una propensión a no gastar por encima de sus posibilidades, pese a que sus ideologías difieren sustancialmente.

Néstor y su amigo venezolano

Néstor Kirchner vivió el boom mundial de la soja y el resto de los commodities alimenticios, que transformó al campo en el poseedor del nuevo maná argentino y arregló exitosamente el problema de la impagable deuda externa.

Con esas y otras buenas medidas, tuvo la posibilidad de convertir a la Argentina en una república con continuidad institucional y económica. Sin embargo, nada ocurrió así. Su proyecto no era institucional, era puramente ideológico: convertir, junto a Hugo Chávez, a América Latina en el continente fundador del socialismo del siglo XXI. Su obsesión se centró, entonces, en la guerra contra el campo, luego contra la prensa y la transformación de lo que hasta entonces parecía una izquierda socialdemócrata moderada en un extremismo que ya fallecido Néstor, llevaría a Cristina a intentar un ignominioso pacto con Irán, con esa convicción idiota que tiene el izquierdismo "wokista" de que el enemigo del imperio yanqui, por más reaccionario que sea, es su amigo.

En suma, por querer convertirse los Kirchner en los líderes latinoamericanos junto a Chávez y sus aliados, del utópico, imposible e inútil socialismo del siglo XXI, dejaron pasar una oportunidad histórica extraordinaria de transformar a la Argentina en un país exitoso y normal y previsible.

Javier y su amigo norteamericano

Javier Milei asumió también en condiciones catastróficas, pero en poco tiempo recuperó el superávit fiscal perdido, acabó en gran medida con la emisión monetaria y comenzó una baja importante de la tremenda inflación heredada de los últimos meses del gobierno anterior. También, como los Kirchner, o incluso aún mejor, se encontró con un nuevo boom internacional de los recursos naturales argentinos: a los del campo se les agregó todo lo que las nuevas tecnologías mundiales requieren, como el petróleo, la energía y la minería, que nosotros poseemos en abundancia.

Otra vez la posibilidad de convertirnos en un país normal estuvo en nuestras manos. Pero también otra vez la ideología empezó a tallar. En las antípodas de los Kirchner, Milei se dedicó a apoyar la nueva moda, que ahora corría por derecha, o más bien por ultraderecha, lo que se confirmó poco después con el retorno a la presidencia de EEUU de Donald Trump, quien construyó con Milei una alianza tan sólida como Kirchner construyó con Chávez.

Los ultras

Felizmente, están apareciendo indicios de que la ultraderecha que soñó hegemonizar América entera con el emperador Trump y su profeta Milei, empieza a decaer, como cayó el progre wokismo socialistoide kirchnerista chavista, víctimas ambos de sus propios excesos, cuyo pecado capital básico consistió en diferir o minimizar o mal gestionar la modernización estructural de sus países en lo económico para embarcarse en delirantes proyectos ideológicos por izquierda o por derecha. Proyectos que cuando surgen, precisamente por sus desmesuras, parece que iniciarán una nueva y larga era, pero que, sin embargo, ante el menor de los tropiezos comienzan a desnudarse todas sus locuras y lo que debió ser un cambio de fondo se transforma en una mera ola fugaz que de inmediato pasa a ser reemplazada por otra ola, pero que marcha en dirección contraria.

La tarea política del momento por parte de los políticos moderados y sensatos debería ser alejarse de la ultraderecha fascistoide que considera que hasta la madre Teresa de Calcuta es comunista, sin por ello volver al wokismo izquierdoso que defiende el femenismo hasta la cancelación de quien no se ajusta a sus cánones mientras reivindica al Irán teocrático que pone velos a sus mujeres, las considera inferiores y por las dudas, cuelga a los homosexuales.

Es de desear que después de la derrota de Trump, las ideas racionales y moderadas sean las que comiencen a predominar en Argentina y en nuestro continente en vez de seguir con esa política de olas que vienen, olas que van. Sean wokistas o ultraderechistas. Olas que de tan extremas y furiosas no nos conducen a ninguna parte. Es de desear que después de la derrota de Trump, las ideas racionales y moderadas sean las que comiencen a predominar en Argentina y en nuestro continente en vez de seguir con esa política de olas que vienen, olas que van. Sean wokistas o ultraderechistas. Olas que de tan extremas y furiosas no nos conducen a ninguna parte.

Es hora de que esas oleadas extremas de insensatez manifiesta comiencen a dar paso a políticos que se atengan a gestionar políticas razonables y cuerdas.

Epílogo moderado

Dejamos para el final, unas sensatas declaraciones de Issa Kort, embajador chileno del presidente Kast en Brasil, luego de la derrota de Bolsonaro: Dijo Kort: "Los gobiernos de Chile y Brasil entienden muy bien que la relación es importante y no tienen espacio para darse gustitos ideológicos… El presidente Kast, como presidente en ejercicio, se relaciona con presidentes, no se relaciona con candidatos».

Dos ideas esenciales, la primera que las relaciones internacionales no deben basarse en ideologías sino en intereses nacionales, y la segunda que las mismas deben ser entre naciones y no entre personas. Los dos grandes errores que cometió el presidente argentino en su relación con Brasil, y no sólo con Brasil. Y se lo está diciendo alguien que proviene de la tradición pinochetista, no del mefistofélico socialismo.

Es de desear que estas ideas sean las que comiencen a predominar en Argentina y en nuestro continente en vez de seguir con esa política de olas que vienen, olas que van. Olas que de tan extremas y furiosas no nos conducen a ninguna parte.

¿Será tan difícil tener un país normal conducido por gente normal?

LAS MAS LEIDAS