13 de abril de 2026 - 04:00

Persiste la desidia en el control de la pesca ilegal en el área del Mar Argentino

La imagen se repite año tras año y, pese a los anuncios oficiales, poco cambia en esencia. En el denominado Agujero Azul, al límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, una verdadera ciudad flotante de barcos pesqueros extranjeros opera de manera constante sobre uno de los ecosistemas más ricos del Atlántico Sur. Cientos de embarcaciones, principalmente provenientes de China, España y Corea, se concentran en esa franja marítima donde la legalidad internacional convive peligrosamente con prácticas que rozan -y muchas veces cruzan- la ilegalidad.

El Gobierno argentino endureció controles y sanciones a comienzos de 2026, una decisión necesaria pero claramente insuficiente frente a la magnitud del problema. La realidad demuestra que la vigilancia actual no alcanza para proteger plenamente los recursos del Mar Argentino ni para impedir incursiones ilegales dentro de la ZEE. Mientras tanto, la pesca indiscriminada continúa causando un daño ambiental profundo y, en muchos casos, irreversible.

Desde al menos 2019 existen evidencias de un descontrol sistemático en esta zona. Ecosistemas degradados, contaminación creciente y una virtual ausencia de regulación efectiva en aguas internacionales contiguas al territorio nacional. Allí operan auténticas fábricas flotantes capaces de capturar y procesar toneladas de especies en pocas horas, alterando el equilibrio natural y poniendo en riesgo poblaciones marinas esenciales para la biodiversidad y la economía pesquera argentina.

El impacto no se limita a la sobreexplotación de especies comerciales. Animales en estado vulnerable o en peligro de extinción encuentran en el Agujero Azul un área clave de alimentación y migración, pero deben convivir con una presión extractiva constante. A esto se suma el deterioro del suelo marino, devastado por técnicas agresivas y contaminado por residuos arrojados al océano sin control suficiente.

La situación exige algo más que controles ocasionales. Resulta imprescindible aplicar plenamente toda la legislación disponible y fortalecer la protección del Área Marina Protegida Bentónica del Agujero Azul. Asimismo, Argentina debe asumir un rol más activo en los acuerdos internacionales vinculados al Tratado Global por los Océanos impulsado en el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas, que busca consolidar una red de santuarios oceánicos en aguas internacionales.

Sin embargo, el desafío también es interno. La debilidad de la flota nacional frente al poderío tecnológico y económico de las flotas extranjeras evidencia una falta de estrategia marítima sostenida en el tiempo. La tensión entre el aprovechamiento económico de los recursos y la necesidad de una pesca sostenible sigue sin resolverse.

Si no se adoptan medidas urgentes y coordinadas, el país continuará observando cómo su riqueza marítima se agota desde la distancia. Defender el Mar Argentino no es solo una cuestión ambiental: es una decisión estratégica ligada a la soberanía, al desarrollo productivo y al futuro de las próximas generaciones.

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