13 de abril de 2026 - 04:00

Las Malvinas se pueden recuperar por la vía diplomática

Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo - Profesor

"El enemigo de mi enemigo es mi amigo". Esta frase puede ayudar a entender lo que está pasando en las relaciones entre Gran Bretaña y Estados Unidos, en el marco del conflicto con Irán, y abre la posibilidad de que Argentina pueda patear el tablero en la geopolítica mundial.

La Argentina mantiene un conflicto abierto con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Dado que esta potencia colonial ocupa militarmente las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur —lo que representa el 25% del territorio argentino—, constituye una amenaza consumada y potencial para el país. Es consumada porque dicho actor ya ocupa militarmente un cuarto del territorio argentino, y es potencial porque esa presencia militar desestabilizadora presenta serios riesgos para la seguridad en el mediano y largo plazo.

La frase que abrió la puerta

Uno de los primeros en decirlo en voz alta fue Marc Zell, dirigente republicano cercano al universo trumpista. Su planteo fue directo: mientras Argentina podría enviar unidades navales para asistir a Estados Unidos en la protección del comercio internacional en Ormuz, el Reino Unido se niega. Bajo esa lógica, Zell sostuvo que la administración Trump debería considerar revertir la política histórica estadounidense sobre las islas y apoyar el reclamo argentino sobre las Malvinas.

¿Cómo EEUU ayudó a la Argentina?

A mediados de abril de 1982, con las islas ya recuperadas, Argentina solicitó, a través de la NASA, la toma de imágenes satelitales del archipiélago. Finalmente, el gobierno norteamericano colaboró y ese material fue utilizado por las Fuerzas Armadas argentinas. El requerimiento se realizó por los canales habituales, y el satélite tomó imágenes de las Islas Malvinas.

Asimismo, Estados Unidos permitió a la Argentina seguir contando con información proveniente de sus satélites TRANSIT —de medición de coordenadas por efecto Doppler—, aunque el sistema fue parcialmente bloqueado para el extremo sur argentino, y de los meteorológicos GOES y NOAA, cuyos datos continuaron recibiéndose, aunque con cierta demora. Con estos elementos, puede decirse que Estados Unidos brindó algún nivel de apoyo a la Argentina durante el conflicto de 1982, aunque no de manera decidida.

Durante décadas, la posición de Estados Unidos sobre Malvinas pareció inalterable. En 1982, Ronald Reagan terminó respaldando a Margaret Thatcher en la guerra del Atlántico Sur, consolidando una tradición diplomática que inclinó a Washington del lado británico. Ese antecedente sigue pesando hasta hoy.

Sin embargo, la geopolítica de Donald Trump no se mueve por tradición, sino por conveniencia, recursos y lealtades del presente. Y ahí es donde el tablero empieza a cambiar.

Hoy, la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido atraviesa una tensión visible. Trump criticó a Keir Starmer por negarse a involucrarse de lleno en la crisis del estrecho de Ormuz, mientras Londres evitó comprometerse con una participación militar más dura y defendió una postura de desescalada.

En paralelo, la relación entre Washington y Buenos Aires atraviesa uno de sus mejores momentos en años. La Casa Blanca habló en noviembre de 2025 de una "alianza estratégica" con la Argentina basada en valores compartidos y una visión común de libre mercado. Además, hace pocos días, el Departamento de Justicia de Estados Unidos respaldó un planteo argentino en la causa YPF, gesto que en Buenos Aires fue interpretado como una nueva señal de cercanía política.

Hoy, Argentina aparece plenamente alineada con la estrategia de Estados Unidos frente a Irán. Incluso, algunas voces cercanas al oficialismo han llegado a afirmar que "Argentina está en guerra con Irán".

En ese contexto, comenzó a circular una hipótesis que hasta hace poco habría sonado descabellada: que Washington, o al menos sectores cercanos al poder republicano, empiecen a revisar su histórico respaldo al Reino Unido en la disputa por Malvinas.

La gran novedad no es que Estados Unidos vaya a anunciar un apoyo inmediato a la soberanía argentina. Hoy no existe ninguna señal oficial de la Casa Blanca, del Departamento de Estado ni del Congreso que indique un giro formal en esa dirección.

Sin embargo, con Trump enfrentado con Starmer por Ormuz, con el Reino Unido menos dispuesto a seguir automáticamente a Washington, con Milei alineado política e ideológicamente con la Casa Blanca y con voces del entorno republicano planteando una revisión del reflejo pro-británico, Malvinas volvió a entrar en el radar geopolítico.

No como decisión. No como política de Estado. Pero sí como una posibilidad que algunos ya se animan a mencionar.

La estrategia de recuperación de las islas del Atlántico Sur debe ser pacífica y basada en el respeto y la primacía del derecho internacional. En ese sentido, la Argentina debe fortalecer su posición geopolítica en el Atlántico Sur.

El presidente Javier Milei sorprendió al colocar en agenda otro tema clave: la soberanía sobre las Islas Malvinas, reclamada desde 1833 y motivo de la guerra de 1982. Milei ratificó que "las Islas Malvinas son argentinas" y que "la soberanía no se negocia", pero también propuso una alternativa: avanzar en un acuerdo con el Reino Unido similar al modelo aplicado entre China y Hong Kong.

En esa línea, planteó la necesidad de alcanzar un acuerdo que permita el reconocimiento de la soberanía argentina y la devolución de las islas, sin desconocer la posición de los habitantes del territorio.

En un escenario de tensiones entre potencias, la vía diplomática reaparece como la única estrategia viable para sostener el reclamo argentino por Malvinas. En un escenario de tensiones entre potencias, la vía diplomática reaparece como la única estrategia viable para sostener el reclamo argentino por Malvinas.

La Constitución argentina de 1994 establece que el reclamo de soberanía debe realizarse conforme al derecho internacional y respetando el modo de vida de los isleños. En ese marco, el llamado "modelo Hong Kong" —que implicó la devolución del territorio a China en 1997 tras 99 años de administración británica— podría encuadrarse dentro del texto constitucional, por lo que, desde el punto de vista jurídico, sería viable.

No sería, además, la primera vez que se analiza una alternativa de este tipo, ya que fue considerada en la década de 1970 e incluso en instancias previas al conflicto de 1982.

"No hay guerras permanentes ni enemigos permanentes". En este contexto, un buen vínculo con Estados Unidos podría fortalecer la posición argentina. La geopolítica sudamericana, al igual que la mundial, parece estar en transformación, con Trump como un factor determinante y sectores republicanos abiertos a revisar posiciones históricas.

La relación entre Donald Trump y la cuestión Malvinas está atravesada por su afinidad ideológica con Javier Milei, lo que genera expectativas sobre un posible cambio en la postura estadounidense, tradicionalmente cercana al Reino Unido. Sin embargo, más allá de las especulaciones, lo central es sostener el diálogo y la comunicación, elementos clave para el futuro del reclamo argentino.

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