Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista
Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista
En estos últimos tiempos, la Iglesia argentina viene criticando con suma dureza lo que está mal en el país, particularmente todo lo que está haciendo mal el gobierno. Los faltantes, los excesos, los errores, los insultos brutales en las redes, las divisiones inútiles, la intolerancia, fueron la sumatoria de los dichos del discurso del 25 de mayo del arzobispo Jorge García Cuerva. No se dirigió directamente a Milei, pero lo incluyó de modo esencial y principal en su implacable crítica. Marcelo Colombo, por su parte, desde la Conferencia Episcopal, hace mucho que viene criticando la insensibilidad social del poder frente a la pobreza y los pobres.
Sin embargo, esta semana, Javier Milei actuó con gran razonabilidad frente a la crítica de los religiosos. La aceptó y en cierto modo hasta la justificó y/o comprendió. En tal sentido, felicitaciones a Milei. Aguantarse las críticas como se las aguantó en lo que le dijo la Iglesia, es lo que debería haber hecho siempre con sus críticos no destituyentes. Políticamente le hubiera ido mucho mejor.
Pero no solo en el tema religioso esta semana el presidente actuó bien. También lo hizo en lo económico, cuando -aún sin reconocerlo explícitamente- admitió críticas en lo que hasta ahora venía diciendo que era el mejor plan de la historia al reconocer que "la baja inflación y la estabilidad macroeconómica por si solas no generan crecimiento ya que el verdadero motor del desarrollo será un cambio estructural en el modelo económico". El ministro Luis Caputo, por su parte, dijo que ya no se puede seguir manteniendo superávit con el ajuste, ahora se lo debe sostener con el crecimiento. Nuevamente felicitaciones a ambos.
En nuestra opinión, lo que el presidente hizo esta semana "políticamente" con la Iglesia, y "económicamente" con su plan de ajuste, son actitudes que van por el camino correcto. Además, no le vendría nada mal aplicarlas en el resto de sus estrategias y de ese modo, al dejarse de inventar enemigos inexistentes podría ocuparse de las cosas verdaderamente importantes
Milei tiene un relato donde explica que todas las cosas que no le salieron aún o le salieron mal, no son por culpa suya, sino producidas por una enorme conspiración de todos contra él donde incluye hasta a los gobernadores y al propio Macri, que le votaron casi todas las leyes excepto en 2025 cuando Karina Milei decidió invadirles todos sus territorios provinciales. Esos gobernadores en 2024 le votaron todo, y ahora lo están haciendo nuevamente. Pero él no pierde oportunidad de sumarlos al golpismo K cada vez que le conviene.
Además, hoy Milei no tiene una oposición golpista como la tuvo Macri con el kirchnerismo. No porque los K no quieran, sino porque no se pueden organizar para ello. Al estar tan debilitados por el fracaso de su último gobierno, la mirada peronista es sobre todo hacia adentro. Hoy el kirchnerismo, aunque siga manteniendo la pose de ave rapaz dispuesto a atacar y destruir, eso solo se trata de un gesto que no denota poder sino impotencia. En la actualidad su problema es la sobrevivencia y la probable reconstrucción casi a partir de cero. Ha perdido, por ahora, su potencialidad depredadora. Que la pueda volver a recuperar o no, depende de cómo le vaya al gobierno libertario.
Por lo tanto, al no haber surgido en 30 meses rivales políticos de envergadura, es posible que aún sin que le vaya muy bien en todo lo que está haciendo, Milei igual pueda reelegirse. Pero inventar una serie de oposiciones absolutamente innecesarias, la mayoría por su propia incapacidad para la construcción política permanente, es un riesgo que no le convendría correr. Porque en este mundo líquido, todo cambia ciento ochenta grados en un santiamén. Así como no critica al Papa, tampoco debería tentar al diablo.
Es cierto que, de instituciones no políticas como el periodismo o la universidad pública, no van a surgir las oposiciones políticas que le ganen en las urnas a Milei, pero sí les sigue haciendo la guerra, inevitablemente lo van a ir limando en su prestigio e incluso poder, hasta dejarlos hecho jirones. Sobre todo, porque en ambos casos, Milei decidió inventarse mortales enemigos en instituciones que no lo eran, ni querían serlo. Aunque fueran críticas, que es en gran medida su razón de ser. La misión de la universidad y el periodismo es ayudar a pensar, y no se ayuda a pensar siendo obsecuentes con el poder.
Además, mientras inventa enemigos externos que no lo son, el presidente se enreda cada vez más en problemas internos, que debería solucionarlos mirando más hacia afuera que hacia adentro. Macri se lo dijo el mismo día en que despidió a Francos y lo reemplazó con un petimetre. Debido a eso Milei ya lleva perdido tres meses con el caso Adorni, mirándose al ombligo y gestando una interna de proporciones insólitas del todo innecesaria políticamente hablando.
En la balanza de aciertos y errores de Milei al rozar sus 30 meses de gestión, podríamos decir que con la Iglesia que lo critica viene actuando con sensatez. Con el periodismo y la universidad, horrible. Con sus aliados políticos reales o potenciales, con miserabilismo y pequeñez. Internamente, al menos desde que se inició al affaire Adorni, viene haciendo todo mal.Y en la economía aparecen algunos esbozos de autocríticas que le podrían venir muy bien, sobre todo si los índices positivos, como los de esta semana, lo siguen acompañando.
Quizá haya llegado el momento para Javier Milei, al cumplir sus 30 meses, de un profundo replanteo en todo lo que está haciendo, cuando aún sigue teniendo todas las puertas abiertas.