Por Miriam Fonseca - Escritora
Por Miriam Fonseca - Escritora
Nadie puede negar que los refranes son el gran invento de la humanidad para tener razón en cualquier discusión. Viajaron por el mundo, cruzaron océanos y pasaron de generación en generación hasta instalarse en nuestro día a día. Nos los encajaron los viejos con el mate, los repetimos de memoria y los usamos como el remate ideal para creernos sabios. Pero seamos honestos: la realidad de hoy les pegó una paliza bárbara. Muchas de esas frases que cruzaron siglos siendo palabra santa, hoy tienen menos vigencia que un billete de dos pesos. Si los miramos de cerca, más que enseñanzas, parecen un chiste.
El primero en la lista de las estafas morales es, sin dudas, "Al que madruga, Dios lo ayuda". A ver, no nos confundamos: la gente sigue madrugando porque la necesidad y las obligaciones no saben de horarios. El engaño del dicho no está en el esfuerzo, sino en la promesa de que el éxito va atado al despertador. Hoy la realidad nos demuestra que Dios sigue ayudando al que madruga, pero también ayuda —y a veces el doble— al que no lo hace. El mapa laboral cambió por completo: hay empleos nocturnos donde se gana muchísimo más que en una jornada diurna tradicional, y está lleno de gente haciendo teletrabajo desde su casa en los horarios más insólitos. El dinero y el progreso ya no se miden por cuántas horas de sol le ganás al día.
Otro clásico universal que chocó de frente contra la realidad es "Agua pasada no mueve molinos". Nos lo decían para convencernos de que el pasado ya fue y no molesta más. En la era de las redes sociales, el agua pasada te arma un tsunami en cinco minutos. Un comentario equivocado de hace un montón de años o una foto vieja te pueden arruinar la vida hoy mismo. El pasado ya no se olvida; está guardado en un servidor listo para saltarte a la cara cuando menos lo esperas.
¿Y qué me dicen de "¿A falta de pan, buenas son tortas"? El refrán del conformismo por excelencia, que nació en las crisis europeas de hace siglos. El problema es que hoy vas a la panadería y las tortas fritas o las facturas están más caras que el pan común. Si te falta para el pan, las tortas están directamente en otra galaxia. La economía nos devaluó hasta las metáforas.
Para cerrar, el tierno "El que busca, encuentra". Qué frase tan ingenua. Hoy te pones a buscar laburo, un trámite que salga rápido o un alquiler que se pueda pagar, y lo único que encuentras es dolor de cabeza, páginas web que se caen y el cartelito de "no soy un robot". Buscar ya no es sinónimo de encontrar; hoy buscar es un deporte de riesgo para la salud mental.
Desarmar estos dichos no es faltarle el respeto a los abuelos ni a la historia de la sabiduría popular. Los refranes son hermosos recuerdos, fotos fijas de un mundo que ya se fue. Pero pretender usarlos como un manual de instrucciones para el día a día es como querer manejar un auto moderno con un plano de carretas. La cultura viva es la que sabe reírse de sus viejas recetas para poder entender el presente.