Sanjuaninas anónimas

Por Prof. Edmundo Jorge Delgado - Magíster en Historia

El historial femenino siempre fue omitido parcial o totalmente de los manuales, crónicas y demás manifestaciones escritas por diversas razones, que ya han explicado los especialistas. Afortunadamente esta tendencia historiográfica que tiñó el pasado ha cambiado, emergiendo lentamente el protagonismo femenino en la historia.

A esta consideración hay que añadir el accionar de las mujeres sumergidas en el anonimato, mujeres comunes y corrientes. En su vida cotidiana, ellas se esforzaron por hacer del mundo un lugar más agradable para sus pares, marcaron hitos o iniciaron roles que hasta entonces eran patrimonio del mundo masculino.

La historia o el accionar de estas mujeres son significativos para la sociedad, sus actos conforman un eslabón en la cadena de los diferentes hechos del ayer. En San Juan, en lo que a mujeres comunes atañe, hay infinidad de ejemplos, casos y en definitiva historias, aún polvorientas, que al interiorizarnos nos sorprenden, y nos demuestran su templanza y coraje.

Presento tres "microhistorias" de ellas. La primera es Lilia Riveros de Fa, a quien tuve la suerte de conocer. Perteneció a esa categoría de mujeres que daba o regalaba todo a los necesitados y no necesitados, hizo de la generosidad un estilo de vida. Siendo joven abrazó la causa del cantonismo, llegando a ser cercana a don Federico Cantoni. En Pocito tuvo una farmacia que hizo historia, fue maestra de maestras. Allá en Tudcum fue dueña de "Las Allpa Shulca", sitio bellísimo, testigo de fiestas criollas y todo tipo de evento social. En esta localidad obsequió varias parcelas de tierra a sus queridos amigos o vecinos, gente pobre que guardó su recuerdo y agradecimiento a perpetuidad.

En San Juan, en lo que a mujeres comunes atañe, hay infinidad de ejemplos, casos y en definitiva historias, aún polvorientas, que al interiorizarnos nos sorprenden, y nos demuestran su templanza y coraje. En San Juan, en lo que a mujeres comunes atañe, hay infinidad de ejemplos, casos y en definitiva historias, aún polvorientas, que al interiorizarnos nos sorprenden, y nos demuestran su templanza y coraje.

Otra mujer, también maestra, fue la jachallera doña Lastenia Quiroga. Solía recordar con orgullo, que por sus venas corría sangre de Facundo Quiroga, y que además su abuelo, don Manuel Quiroga y Garramuño, había participado en la Guerra con el Paraguay. Volviendo al relato, su vivienda se encontraba en las proximidades de un humilde asentamiento poblacional, cuyos habitantes eran llamados peyorativamente con el mote de "chimberos", por vivir diseminados sobre las playas del río. La maestra era conocida por esta gente como "la niña Lastenia", y era dueña de un Ford "A", vehículo que diariamente la llevaba a la Pampa, donde ejercía su función docente. Fue de esas maestras que enseñó a más no poder, hasta sus últimos días.

Por último, evoco a la primera aviadora mujer sanjuanina. En un tiempo en que el mundo estaba monopolizado en todos los órdenes por la supremacía masculina, ella descolló nada menos que en la práctica de la aviación. Se trata de doña Rosalba Maratta, una mujer que tiene el lauro de haber sido la precursora cuyana en el arte de volar. Su memoria nítida atesora aquellas iniciales vivencias aéreas. Su primer vuelo lo realizó siendo una adolescente, con sólo 15 o 16 años. Fue un instructor de vuelo llamado Alberto Mascarel, quien la invitó y la llevó a aquel recién nacido aeródromo de Pocito. Voló en un tradicional avión Piper, y hasta experimentó peligrosas piruetas, como un "tirabuzón" o un "looping" que estimularon aún más su deseo de volar por los cielos. Poco tiempo después obtuvo por fin su anhelado brevet, que guarda como un tesoro entre otros papeles, documentos, medallas y trofeos, que atestiguan su accionar como piloto.

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