26 de marzo de 2026 - 06:00

Sin agua no hay futuro: la trampa invisible de la movilidad social en San Juan

Por Claudio Larrea -Director del Observatorio de Inteligencia Artificial – UCCuyo

En San Juan, hablar de desarrollo, educación o incluso inteligencia artificial sin hablar de agua es, en el fondo, evitar el problema de base. Porque antes de cualquier oportunidad, está la condición mínima: poder vivir con dignidad.

Un análisis del Observatorio de Inteligencia Artificial de la Universidad Católica de Cuyo, basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) 2017–2024, revela una verdad incómoda: el acceso al agua potable dentro del hogar no es solo un servicio básico, sino un determinante directo de la movilidad social.

Los hogares sin acceso a agua por red presentan mayores niveles de vulnerabilidad social, menor nivel educativo y menor acceso a tecnologías. Es decir, están más lejos de todo lo que hoy define las oportunidades.

En una provincia como San Juan, donde el agua no es solo un recurso sino una condición estructural del territorio, este dato adquiere un peso aún mayor. Aquí, el agua no solo riega la producción: define trayectorias de vida.

La evidencia muestra que cuando falta el acceso regular al agua, se multiplican las dificultades: estudiar se vuelve más complejo, la salud se resiente, el tiempo cotidiano se reorganiza en torno a la escasez y las posibilidades de inserción laboral se reducen. Lo que parece un problema doméstico termina siendo una barrera social.

Desde el punto de vista analítico, el acceso al agua funciona como un "umbral de inclusión". Quienes no lo alcanzan quedan atrapados en una acumulación de desventajas que condiciona su presente y, muchas veces, también su futuro.

Los modelos de inteligencia artificial aplicados en este estudio muestran algo aún más desafiante: el acceso a servicios básicos, como el agua, tiene un peso explicativo igual o incluso mayor que variables clásicas como la educación o el empleo. Dicho de otra manera, no alcanza con estudiar más si las condiciones básicas no están garantizadas.

El acceso a servicios básicos, como el agua, tiene un peso explicativo igual o incluso mayor que variables clásicas como la educación o el empleo. No alcanza con estudiar más si las condiciones básicas no están garantizadas. El acceso a servicios básicos, como el agua, tiene un peso explicativo igual o incluso mayor que variables clásicas como la educación o el empleo. No alcanza con estudiar más si las condiciones básicas no están garantizadas.

Esto interpela directamente a la agenda pública local. En San Juan, donde la discusión sobre el uso, distribución y sostenibilidad del agua es permanente, la pregunta ya no es solo productiva o ambiental. Es también social.

¿Quién accede al agua? ¿En qué condiciones? ¿Con qué regularidad?

Porque ahí empieza —o se frena— la movilidad social.

Pensar el desarrollo sin incorporar esta dimensión es construir políticas incompletas. La educación, la conectividad o la innovación tecnológica son fundamentales, pero se sostienen sobre una base que muchas veces se da por sentada.

Y no siempre está.

En este contexto, invertir en infraestructura de agua potable no es solo mejorar la calidad de vida. Es ampliar el horizonte de oportunidades. Es reducir desigualdades desde su raíz.

San Juan tiene una larga historia de lucha y organización en torno al agua. Tal vez sea momento de dar un paso más: dejar de verla solo como recurso productivo y empezar a entenderla también como una variable central de justicia social.

Porque en el siglo XXI, la movilidad social no empieza en la universidad ni en el primer empleo.

Empieza, mucho antes, en el lugar más cotidiano de todos: el hogar.

Y si ahí falta agua, falta futuro.

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