Por Rosendo Fraga - Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
El panorama político-electoral en la región se va definiendo a favor de la centroderecha. Ello confirman las elecciones de los últimos dos años en Paraguay, Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile y otros países centroamericanos. La elección presidencial colombiana tendrá lugar el 31 de mayo, mientras que las legislativas se realizaron el 8 de marzo. En ellas se impuso el frente de izquierda que responde al presidente Gustavo Petro por 22,7% de los votos, seguido del Centro Democrático (15,6%) y el Partido Liberal (11,2%), los que en conjunto superaron a la alianza de Petro. En las presidenciales, en una segunda vuelta ganaría el centroderecha, al sumarse todos los votos de esta orientación.
En cuanto a la elección peruana, continúa un panorama de atomización en el que ganaría la primera vuelta una fuerza de centroderecha, cuyos votos no llegarían al 20%. Pero el gran cambio se ha dado en Brasil, donde hoy varios sondeos dan a Lula empatando con Flavio Bolsonaro, que el año pasado estaba doce puntos atrás. Hace un mes, de acuerdo a un sondeo de la consultora Quaest, la diferencia entre ambos en una eventual segunda vuelta era de cinco puntos a favor de Lula. Sondeos más recientes, como los de Datafolha y Atlas Intel, ya han comenzado a plantear un escenario de empate técnico a siete meses de la elección presidencial. El resultado brasileño será crucial para América Latina.
Un cuarto triunfo de Lula neutralizará la influencia de Trump en América del Sur, pero su derrota dejará a la mayor parte de la región bajo la órbita del presidente estadounidense.
En paralelo, Trump busca alinear un frente anti-chino en la región. En una cumbre junto a los presidentes de América del Sur y Centroamérica afines políticamente con Washington, se firmó la "Carta de Doral", llamada así por el lugar en Miami donde tuvo lugar el encuentro. Durante el mismo, Donald Trump anunció la creación del "Escudo de las Américas", una alianza regional orientada a combatir el narcoterrorismo y contrarrestar la influencia de China en América Latina.
El foro fue presentado durante una cumbre realizada en el hotel Trump Doral, con la participación de doce mandatarios latinoamericanos, entre ellos Javier Milei. Durante el encuentro, Trump destacó su respaldo a varios de los líderes presentes y subrayó la importancia de coordinar políticas de seguridad regional.
También anunció la conformación de una Coalición Anticártel de las Américas, una iniciativa de cooperación militar destinada a combatir a los carteles de la droga, organizaciones terroristas y del crimen organizado. El mandatario estadounidense afirmó que la reducción del tráfico de drogas por vía marítima alcanzó el 96% y sostuvo que el uso de la fuerza es necesario para desmantelar redes criminales en la región.
La cumbre también abordó la influencia de Irán en América Latina y su relación con organizaciones como Hezbollah, señalando que estos vínculos representan una amenaza para la seguridad hemisférica. Además de Milei, participaron los presidentes de Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Honduras, Guyana, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago.
Ratificando esta línea, el gobierno de Daniel Noboa decidió expulsar al embajador de Cuba en Quito y a gran parte del personal diplomático de la isla, al tiempo que retiró a su propio embajador en La Habana. Se trata de una medida que profundiza el deterioro de las relaciones bilaterales y podría conducir a una ruptura formal entre ambos países. La decisión, comunicada mediante una nota diplomática que declara persona non grata a la misión cubana y fija un plazo de 48 horas para abandonar el país, se sustenta en el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y en las atribuciones constitucionales del Ejecutivo para designar o remover representantes diplomáticos.
Paralelamente, el gobierno ecuatoriano dio por terminadas las funciones de su embajador en Cuba mediante decreto presidencial, una señal diplomática que suele interpretarse como un fuerte enfriamiento de la relación bilateral. Las medidas se adoptaron pocos días antes del encuentro de Noboa con el presidente estadounidense Donald Trump en Miami, en el marco de una creciente alineación de Quito con Washington en materia de política exterior y seguridad regional, que incluyó el despliegue de tropas estadounidenses en el país.
Este giro también se produce en un contexto de mayor tensión geopolítica en el hemisferio, en el que la situación de Cuba volvió a ocupar un lugar central en el debate regional. Durante la cumbre en Miami, Trump afirmó que la isla atraviesa "sus últimos momentos" en su forma política actual y anticipó que podría experimentar próximamente un cambio profundo, al tiempo que aseguró que Estados Unidos mantiene negociaciones con La Habana sobre su futuro político y económico.
Respecto a la guerra en Medio Oriente, si bien esta no tiene un efecto directo sobre América Latina, sí lo tiene en términos económicos: lo sucedido con los mercados el 9 de marzo mostró la fuerte inestabilidad que pueden sufrir si la guerra continúa sin resolución a la vista.