La tragedia que terminó con la vida de Brisa Gallardo, una joven motociclista de apenas 20 años, dejó además al descubierto una controversia que excede largamente las responsabilidades que deberán determinarse en los Tribunales. El choque ocurrido en la esquina de avenida Ignacio de la Roza y calle Catamarca ha puesto en discusión algo tan básico para la seguridad vial como determinar quién tiene la prioridad de paso en una intersección.
Que después de una tragedia de estas características especialistas, abogados y representantes del Ministerio Público Fiscal sostengan interpretaciones diferentes sobre una misma norma debería encender una señal de alarma. No se trata solamente de establecer responsabilidades en un expediente judicial. Se trata de saber qué debe hacer cualquier conductor sanjuanino cuando llega a una esquina en la que confluyen una avenida y una calle.
El técnico en Seguridad Vial Jorge Ibáñez sostiene que debe prevalecer la regla establecida por el artículo 41 de la Ley Nacional de Tránsito 24.449: la prioridad corresponde, como principio general, a quien circula por la derecha. Desde esa interpretación, el Peugeot que avanzaba por Catamarca habría tenido preferencia sobre la motocicleta que transitaba por Ignacio de la Roza. El exjuez de Cámara Pascual Alferillo comparte cuestionamientos similares y advierte sobre la confusión que genera la normativa provincial al otorgar una consideración especial a las avenidas.
Pero la Fiscalía sostiene exactamente lo contrario. Para el fiscal Iván Grassi, la prioridad correspondía a Brisa Gallardo por circular por una avenida, en virtud de la reglamentación provincial vigente. La defensa, en tanto, ha cuestionado la constitucionalidad y aplicabilidad de esa disposición. Y así, una cuestión que debería ser elemental para cualquier conductor terminó convertida en materia de debate judicial.
La jueza de Garantías Gloria Verónica Chicón permitió que la investigación continúe bajo esa interpretación normativa, sin advertir una inconstitucionalidad manifiesta. Ahora será la Justicia la que deberá avanzar hacia una definición que, por su trascendencia, puede convertirse en un verdadero caso testigo.
Pero cualquiera sea el desenlace judicial, la discusión deja una conclusión imposible de ignorar: las reglas de tránsito no pueden depender de interpretaciones contrapuestas. Un conductor debe saber con absoluta claridad cuándo tiene que detenerse, cuándo debe ceder el paso y cuándo puede avanzar.
Si existen dos normas que pueden llevar a conclusiones diferentes, corresponde armonizarlas, aclararlas y, si fuera necesario, modificarlas. Y esa tarea no debería esperar a que otra tragedia vuelva a ponerla en evidencia.
La seguridad vial comienza mucho antes de una esquina. También comienza con reglas claras, conocidas y enseñadas a todos por igual. Es inconcebible que en San Juan todavía exista una duda de semejante magnitud sobre quién tiene prioridad de paso.