Entre diferentes indicadores para evaluar la calidad educativa, a partir de datos oficiales, se ha comprobado que el 56% de los adolescentes argentinos no termina adecuadamente y en los plazos establecidos, el ciclo de enseñanza secundaria, precisamente la exigencia indispensable para quien busca ingresar al mercado laboral.
La baja calidad del sistema educativo plantea un serio problema en la macroeconomía, ya que existirá un déficit generacional de mano de obra calificada para asumir los retos de la tecnología que se va incorporando a todos los ámbitos del desarrollo productivo y de la innovación para optimizar la eficiencia competitiva. Basta señalar que en las últimas evaluaciones del índice internacional PISA, la prueba que se hace cada tres años a los alumnos de 15 años en más de un centenar de países, la Argentina tiene bajísimas puntuaciones porque el 52% de los alumnos del país no comprende lo que lee ni alcanza las habilidades mínimas en ciencias ni en matemáticas.
Esta grave falla estructural de la política educativa se debatió días atrás en el Coloquio de la Unión Industrial de Córdoba, con la presencia de destacados economistas y catedráticos universitarios, donde se expusieron los últimos datos de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. En el debate sobre ”El rol empresario en la generación de riqueza y creación de empleo”, el punto de inflexión fue la educación, tanto en planificación como en gestión. Allí radica el problema y no en la política económica o laboral.
Para los expertos pedagógicos, los resultados de la gestión educativa no son auspiciosos a pesar del aumento presupuestario en los últimos años, en particular para acercar la informática a las aulas, ya que los altos niveles de deserción escolar revelan que no se marcha por el camino adecuado. Que los chicos usen una computadora y tengan conectividad no significa que sean más inteligentes respecto a las generaciones anteriores, porque es una herramienta que ayuda en el aprendizaje, pero de ninguna manera corrige los desaciertos del sistema educativo.
Estamos en vísperas de un nuevo Congreso de Educación que busca generar un espacio de actualización, formación e intercambio que posibilite nuevas propuestas y proyectos, aportando nuevas miradas a la sociedad del conocimiento, a las corrientes del pensamiento pedagógico y las políticas educativas. Los participantes tienen un marco ideal para corregir el rumbo.
