Con el arribo a Madrid de otro grupo de 37 disidentes cubanos, junto a más de 200 familiares, ayer se puso fin al proceso de liberación de presos políticos iniciado el 13 de julio de 2010, como resultado del diálogo entre el gobierno de Cuba, la Iglesia católica y la intervención de España, que facilitó la reubicación a través de numerosas ONGs peninsulares.
Esta liberación fue anunciada por el Arzobispado de La Habana el 22 de marzo último, después de que los presos aceptaran el exilio como condición para salir de prisión. En todos los casos se trata de presos políticos por disentir con el régimen de Raúl Castro -en particular los periodistas críticos-, que los considera mercenarios al servicio de Estados Unidos.
Se ha dado un paso importante al excarcelar a periodistas que purgaban condenas por haber expresado opiniones sobre la realidad de la dictadura castrista, donde no existe el derecho a manifestarse con pensamientos diferentes a la del poder hegemónico ni tampoco disponer de elementales derechos civiles. En el caso de la prensa independiente, la organización Reporteros sin Fronteras se hizo eco ayer de estas excarcelaciones trascendentes, de lo que calificó de una de las principales prisiones para periodistas en el mundo, junto a las de China, Irán y Eritrea, que mantienen recluidos a centenares de reporteros y columnistas que no han sido sometidos por la severa censura mediática.
Claro que las excarcelaciones en Cuba, con exilios forzados, no han terminado con las persecuciones, que incluyen a la prensa extranjera, porque nada ha cambiado en la política de opresión ni se han flexibilizado las anheladas libertades supremas.
